Estimada persona lectora, la invito a escuchar el discurso del Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz, pronunciado la noche del 1 de septiembre de 2025. Se trata de un mensaje valioso, lleno de frases poderosas y profundas. Esta columna busca reflexionar sobre sus palabras, pero insisto: no se pierda el discurso completo.
La toma de protesta de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación no fue un trámite más, sino un acto de profunda resonancia política y social. Por primera vez, los ministros y ministras llegaron al cargo mediante el voto popular, lo que le otorga a la institución una legitimidad inédita y la obliga a responder no sólo a las leyes, sino al mandato ciudadano. Ahora bien, el ministro presidente dejó muy claro que la Constitución Política es a lo que la Corte se debe, y esta premisa no está reñida con responder a la población, pues la misma Constitución entraña que el poder emana del pueblo y se debe a su prosperidad.
En un país con un largo historial de privilegios judiciales, el hecho de que un indígena presida el máximo tribunal simboliza un giro histórico hacia la inclusión y la ruptura con la tradición elitista. Que una persona indígena presida la Corte solo había ocurrido en otro momento de nuestra historia: cuando Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, ocupó dicha posición en 1857. Han tenido que pasar 168 años para que otra persona indígena, pese a ser cerca del 20 % de la población mexicana, vuelva a encabezar el tribunal.
El discurso de instalación subrayó la refundación del poder judicial y su compromiso con la división de poderes, la paridad de género y la apertura a los pueblos indígenas y afromexicanos. El ministro presidente evocó a Morelos, Juárez y la Constitución de Apatzingán para anclar esta nueva era en la historia de las luchas por la justicia social. La frase que parafraseó de Juárez, “la Constitución será nuestra espada y nuestro escudo”, resume el desafío que es proteger los derechos de todas y todos mientras se combaten la corrupción y los excesos de poder.
Este cambio no será creíble sin vigilancia ciudadana. La Nueva Corte promete puertas abiertas y diálogo con la academia, la sociedad civil y los medios de comunicación, pero esa promesa debe materializarse en sentencias claras, accesibles y transparentes. Que la justicia sea un “hogar de confianza” implica renunciar a los acuerdos en lo oscuro y asumir que cada decisión estará bajo escrutinio público.
Se inaugura, así, una Nueva Corte que será la más vigilada, seguida y demandada. La legitimidad que otorga la elección popular trae consigo la responsabilidad de honrar la confianza del pueblo. Es hora de exigir que la esperanza democrática de hoy se traduzca en una justicia real y equitativa para todas y todos.
Las primeras pruebas de fuego no tardarán en llegar. Entre los casos más llamativos se encuentran la revisión de las pensiones exorbitantes que reciben algunos ex trabajadores del Estado, quienes cobran cientos de miles de pesos mensuales, y la tan ansiada recaudación de impuestos a los grandes evasores fiscales, esos multimillonarios de nuestro país que al amparo de la vieja Corte han evadido impuestos por décadas. Estas resoluciones, que inevitablemente acapararán la atención mediática, pondrán a prueba la determinación de la nueva Corte para acabar con privilegios injustificados y fortalecer la justicia tributaria. Estaremos vigilantes, al igual que la opinión pública, observando cómo se desarrollan estos procesos y exigiendo que reflejen la nueva era de equidad y responsabilidad a la que aspira la justicia mexicana.



