Uno de los pecados políticos que puede tener la izquierda, o los gobiernos virados hacia la izquierda es subestimar el discurso de las derechas o minimizar su impacto cuando estás son opositoras. En una sociedad endeble a causa de los valores hegemónicos de consumo e individualismo se torna sencillo que el votante cambie de parecer o que las propuestas populares que alguna vez apoyó cambien de sentido por una narrativa que de pronto se les presenta atractiva.
¿Por qué sucede esto? Los movimientos políticos de izquierda, digamos tradicionales, buscaban no solamente el poder, sino la construcción de una mayoría social; es decir, promover en la sociedad valores e ideas que brindaran a su plataforma política sostén en caso de que los adversarios políticos buscaran dinamitar las modificaciones institucionales.
En otras palabras, se busca la concientización de la población para soportar las modificaciones estructurales que emprendían de manera ambiciosa muchos gobiernos revolucionarios o emanados del movimiento popular. Cuando la izquierda renuncia o deja atrás la tarea de crear conciencia, da paso a que otros llenen esos vacíos.
Los partidos políticos modernos han tendido a ver en el electorado un mercado; es decir, a sujetos con volatilidad de voto, sin causa aparente y con condicionantes para emitir su opinión electoral. Así nos los presentan los analistas e incluso las teorías de democracia procedimental o normativa. En cierta forma, así ha funcionado la democracia. Los núcleos duros de los partidos son porcentualmente reducidos frente a una sociedad indecisa por la oferta política.
Este paradigma de democracia liberal-procedimental ha producido una despolitización del conflicto político, limitando a las personas a solamente observar las opciones electorales como un producto más que consumir; no se busca la socialización de las causas de los conflictos políticos o cuestionar los modelos económicos que perpetúan las condiciones de vida generalizadas de la población.
Cuando la izquierda renuncia a construir conciencia, deja de ser crítica del sistema, deja un vació narrativo para que otras posturas aprovechen la oportunidad y retomen esa crítica antisismtémica. véase el ejemplo de Trump, Milei, Bolsonaro, Marine Le Pen, Giorgia Meloni, etc., el resultado es evidente.
Estas posturas reaccionarias se han caracterizado generalmente por sacar a flote sentimientos con carga negativa en la población: xenofobia, clasismo, racismo, por mencionar algunos; incluso han invadido el espectro de la lucha de clases.
En México, la llamada renovación del PAN va en ese sentido, no simplemente en una suerte de re-branding. El nuevo slogan: “Libertad, Patria y Familia” podría advertir una radicalización de sus posturas políticas conservadoras. A lo cual es pertinente preguntarse, Libertad; ¿de qué tipo?,¿religiosa, sexual, sobre el desarrollo de la persona? o, ¿económica?; Patria, ¿nacionalismo, soberanismo, reivindicación de la identidad cultural o espacio vital?, Familia ¿tradicional o la diversidad que existe en la sociedad?
La visión totalitaria comienza por allí, creando conceptos únicos de sociedades ideales: una sola familia, un solo sentido de patria, un solo margen de libertad.
A veces los señalamientos o referencias que realizan los personajes del PAN sobre los gobiernos de Morena, tildándolos de socialistas, comunistas, etc., son con toda la intención de generar miedo en la población, dibujando en el imaginario colectivo una suerte de tragedia setentera, como si pensar desde la izquierda fuera criminal. No obstante, en ciertos sectores de la población esas referencias tienen efecto.
En el entendido que hoy Morena es gobierno y se encuentra virado al progresismo, la oposición busca una narrativa, un discurso para afianzar viabilidad electoral, y en México han escogido la que ha llevado a las derechas más peligrosas a gobernar diversos países. Más que realizar memes sobre el nuevo logo del PAN, la postura política tendría que robustecerse y la actuación debe enmarcarse dentro de la congruencia para que la mayoría social sostenga un proyecto que vaya en su propio beneficio.




