Pluma Patriótica

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La designación de Rosario Pied

La designación de Rosario Piedra

En junio de 2013 en Coahuila se realizó el Foro Internacional sobre Desapariciones Forzadas e Involuntarias en México, un foro en el que denunciamos la alarmarte situación que vivía el país respecto a las desapariciones forzadas. En ese foro solicitamos a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (Comisión Nacional o CNDH) que emitiera una Recomendación General sobre desapariciones, por la crisis que estábamos viviendo en el país, y particularmente en Coahuila. Lejos de ocurrir eso, seis años después, la Recomendación General nunca llegó.

En términos generales, la CNDH, históricamente se ha caracterizado por su falta de autonomía respecto del poder político en turno y por su silencio o complacencia con el mismo. De ello, quizás, la recomendación en el caso de Ayotzinapa es uno de los más claros ejemplos. Una recomendación que da por válida la llamada “verdad histórica”, y en la que se pasa por alto el uso de la tortura para sostener el caso. Podríamos decir que han existido casos de “éxito”, como las acciones de inconstitucionalidad (no todas) como la de la Ley de Seguridad Interior, sin embargo, para la realidad que vive el país, aun con ello, su desempeño deja mucho que desear.

En ese contexto se inscribe el proceso de designación de la persona titular de la Comisión Nacional, un proceso en el que el sector de la defensa de los derechos humanos puso particular atención y altas expectativas, así mismo los grupos políticos en el Senado de la República, ambos con intereses diferentes. Este proceso ha resultado particularmente desaseado desde su inicio, y marcado por la conducta poco ética de senadoras y senadores de todos los colores. Las comisiones de Derechos Humanos y la de Justicia que debían proponer la terna aceptó públicamente usar indicadores para medir la idoneidad de los perfiles para después ignorarlos y acordar en lo obscurito la terma a votar.

Aunque en esta ocasión el proceso de designación haya sido más mediático, en el fondo no ha sido diferente a los anteriores, para la CNDH y otros puestos de relevancia nacional. Procesos en los que la titularidad se acordaba con el Ejecutivo federal y se ratificaba con el acuerdo político entre los grupos parlamentarios del Senado, para finalmente simular un ejercicio parlamentario y tomarle la protesta de ley. Resalta en este proceso que los grupos en el Senado de la República generaron todas las condiciones para que el desaseo fuera visible. Quizás vale la pena recordar el proceso de selección de Medina Mora como Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero ¿vimos las mismas reacciones que vemos ahora? Esto sin duda evidencia los verdaderos intereses de los grupos, y el cinismo que los caracteriza.

En medio de ese proceso, digno del Senado de la República, de sus Senadoras y Senadores, fue designada como titular de la Comisión Nacional la compañera Rosario Piedra Ibarra. Sí, compañera, hermana también de un desaparecido, desaparición ocurrida 34 años antes de la desaparición de mi hermano y mi sobrino. Designación que se dio en ese desaseo al que en el Senado están acostumbrados y que incluso llegó, en la toma de protesta, al conato de violencia.
La compañera Rosario, llega a una CNDH que poco tiene de autonomía, pero mucho menos de dignidad, legitimidad y representatividad con las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Una Comisión Nacional en la que solo aquellas ingenuas personas que desconocen la realidad pueden hablar de su autonomía y de ser una magistratura moral. Aquella de la que los políticos se acuerdan cuando tienen que renovar a su titular. A esa CNDH llega Rosario Piedra Ibarra, y se enfrenta a un país en el que todos los días se cometen graves violaciones a los derechos humanos, y que lleva años sumido en la impunidad.

El contexto en el que Rosario llega a la Comisión Nacional es particularmente relevante. Es un contexto en el que las expectativas de un cambio de régimen aún están presentes. Un México con una oposición que es penosa por el nivel de cinismo y desmemoria. Basta ver a las senadoras y senadores del PAN como defensoras y defensores de los derechos humanos y su abnegada preocupación por las víctimas ¿se les olvidó lo que provocó el gobierno de Felipe Calderón? Incluso podemos ver al PRI que se autonombra defensor de la Constitución. Por otro lado, vemos a un gobierno que cada día parece verse rebasado por la realidad. Mientras las víctimas, contadas por miles, se siguen acumulando.

Sin duda, ser víctima, particularmente familiar de una persona desaparecida de manera forzada, no hace experta a ninguna persona, sino que es por sus acciones y su activismo que adquiere esas habilidades. Pero sin duda, serlo, representa una visión diferente de las cosas. Por ello, su perfil destaca de aquellos que la han precedido. Seguramente, también sabe que ante la crisis que se vive en el país, la buena voluntad no es suficiente por mucha que sea, y para ello requerirá del mayor apoyo técnico posible. Negarse a ello representaría una falla en la atención a las víctimas de violaciones a derechos humanos.

Sin dudarlo, este momento puede ser la refundación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos: el antes y el después en el cómo se atienden las violaciones a los derechos humanos. En eso están puestas las esperanzas de miles de personas. No obstante, se corre el riesgo de representar la continuidad de un modelo funcional al poder político en turno. En ese caso no habríamos perdido nada con el proceso de elección tan desaseado más que la ilusión de un cambio.

Rosario puede sentar las bases para implementar un modelo de prevención de las violaciones y promoción de los derechos humanos, podría ser la oportunidad para que los derechos humanos no sean el discurso de un puñado de personas que nos hablamos a nosotras mismas, sino un ideal social en el que se destierre la idea de que los derechos humanos solo «defienden delincuentes». Por ello es fundamental implementar investigaciones reales desde una óptica diferente que concluyan en recomendaciones potentes, incuestionables por los gobiernos, pero sobre todo reparadoras para las víctimas. Que, en el ideal, el proceso mismo, debería ser reparador, situación que se podría haber generado en este proceso en el que por primera ocasión una víctima llega a la titularidad de la CNDH, pero que los intereses partidistas no permitieron.

El reto va más allá de la atención de las víctimas de violaciones a derechos humanos, las presiones de los gobiernos e incluso de las fuerzas armadas, o de un sistema de justicia que tiene la tortura como método de investigación y la impunidad como la máxima de su ley, se concentra, creo, en hacer de la CNDH una institución al servicio de las víctimas de violaciones a los derechos humanos y transitar de la irrelevancia y servilismo al poder en turno. Una situación a la que se le sumará la desmesura de una oposición partidista irresponsable. No hace falta tener memoria de largo plazo para recordar que fueron los responsables de la situación en la que nos encontramos y que no tiene interés de construir porque nunca le ha interesado el bien común o el país. Solo el poder.

No confiemos ni le demos el beneficio de la duda como se ha hecho con los anteriores titulares, exijamos que la nueva presidenta haga un trabajo profesional. Seamos críticos cuando sea necesario, valoremos su trabajo cuando este lo amerite. Y desde la sociedad civil organizada ofrezcamos los conocimientos técnicos necesarios no para que su gestión sea la mejor sino para que el imaginario de la CNDH sea una realidad.

Jorge Verástegui.Defensor de derechos humanos que trabaja en el tema de las desapariciones forzadas en México. Fundador de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (FUUNDEC) y miembro y asesor de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (FUNDENL).

@JorgeVerastegui

 

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