Ciudad de México a 8 marzo, 2026, 11: 18 hora del centro.
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La disputa del litio en México: del Pueblo o de las corporaciones económicas

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Está emergiendo desde diferentes sectores sociales la discusión sobre lo que implica la reforma eléctrica-energética del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Uno de los puntos medulares de la propuesta del Presidente es considerar el litio como un recurso estratégico para el país, como el petróleo, con la finalidad de que sea propiedad de la nación y que el Estado mexicano sea el único capaz de su extracción.

Pero, ¿por qué es ahora el litio un mineral de tanto interés para las cúpulas económicas y políticas en este siglo? Primero, debemos tener presente que las revoluciones industriales que ha vivido la humanidad están determinadas por la capacidad de crear nuevas formas de generar y almacenar energía. Hoy, el litio —denominado el oro blanco del siglo XXI— tiene una gran utilidad en la industria de la electromovilidad en baterías para automóviles eléctricos y diversos sistemas de almacenamiento de energía —desde equipos electrónicos hasta la farmacéutica o la industria nuclear—. En diciembre de 2020 la tonelada de litio estaba cotizada en 6,124 dólares y hoy tiene un valor de 25,924 dólares, lo que evidencia un interés creciente sobre dicho mineral.

Aunque no se tiene certeza sobre los posibles yacimientos de litio en México, se estima que está dentro de los 9 países con mayores reservas en el mundo. Solo el yacimiento descubierto en Bacadéhuachi, Sonora, se estima que tiene alrededor de 243 millones de toneladas de minerales en rocas y arcillas. Actualmente se han otorgado 31 concesiones para la explotación del litio, “pero se ha estado solamente especulando porque no habido ni exploración y explotación” y de ser así no se podrán operar dichas concesiones. Solo hay en efecto 8 que han manifestado tener exploración y querer invertir para extraer litio, pero tienen que probar […] trabajos de exploración y (si) tienen capacidad para invertir y extraer el litio”. Solo bajo estas condiciones se respetará la concesión asignada pero no se otorgará ninguna más, como lo reiteró el Presidente López Obrador en conferencia matutina del 2 de octubre.

El sector energético es para todo país una palanca de desarrollo ya que potencia la capacidad de transformar su industria; por lo tanto, la no dependencia de la generación de energías implica el robustecimiento de la soberanía nacional. Esta postura sobre el litio es muy similar a la del Presidente Lázaro Cárdenas con la expropiación petrolera. En ambos momentos, la oposición apelaba a no tener la capacidad como país de invertir para desarrollar industria en la materia. La visión de ambos presidentes esta fincada a largo plazo, pensando en las futuras generaciones y la prosperidad de la nación, en lugar de en la rentabilidad electoral o las alianzas con la hegemonía económica para enquistarse en el poder. Hoy, el fallo de la historia es a favor de la visión de futuro del Presidente Cárdenas al ser Pemex una de las empresas más rentables del mundo. De igual forma sucederá con el Presidente Obrador y el proyecto de la Cuarta Transformación, debido a que la industria venidera no podrá desarrollarse sin el litio.

Ya hemos visto cómo termina el extractivismo trasnacional en América Latina. Por eso, la disputa sobre el litio está entre un proyecto de la derecha —que pugna por la acumulación por desposesión de los bienes naturales, la destrucción total y el desplazamiento forzoso de poblaciones enteras, como lo vimos en gobiernos neoliberales y sus reformas energéticas— o  la propuesta nacionalista de la transformación. Esta última implica, primero, reafirmar nuestra soberanía al no enajenar suelo patrio o hacernos dependientes energéticos de corporaciones y, segundo, plantear una explotación que obedezca los intereses del país —ordenada y responsable con las futuras generaciones al igual que con el medio ambiente—.

José Martí bien decía “lo que un grupo ambiciona, cae; perdura lo que un Pueblo quiere”. Lo inevitable sucederá referente al litio: la propuesta está hecha por el ejecutivo, y ahora los y las legisladoras deben definir si son traidores a la patria o si están a la altura de un Pueblo como el nuestro.

¡Por la soberanía nacional y la dignidad de nuestro Pueblo, la reforma energética va!

 

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