Pluma Patriótica

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Toni_Correcto

La experiencia latinoamericana y la formación política en México

En la primera década de siglo XXI, América Latina se volcó hacia la izquierda con gobiernos de dimensión progresista y corte popular, cada uno con su condiciones políticas y económicas distintas. Los dos casos más sobresalientes de aquella experiencia fueron Brasil, con el gobierno de Lula Da Silva y el partido de los trabadores (PT) y Bolivia, bajo la administración de Evo Morales con el movimiento hacia el socialismo MAS.

El Brasil de Lula y del PT era sobresaliente por cómo se vinculó con los sectores más pobres del país su ambiciosa política social, a pesar de tener complicaciones en la Cámaras de Representes y el Senado, que controlaba el partido históricamente de derecha en Brasil. La habilidad de Lula para poder transitar su gobierno popular y progresista, pese al control legislativo de la derecha fue brillante: logroço mantener un crecimiento y desarrollo económico sostenible en un lapso de 10 años en promedio. Es impresionante que en una década hayan superado la línea de la pobreza a 30 millones de brasileños y brasileñas, algo que no pudieron hacer en 50 años en Brasil los gobiernos de derecha. Sin embargo, tanto se enfocó su gobierno en aniquilar la pobreza que la plataforma política e ideológica del PT se olvidó del trabajo político territorial y la formación práctica y teórica del quehacer político para explicar a la sociedad por qué finalmente existían las condiciones que permitieron mejorar su situación social y romper la línea de pobreza en la que históricamente vivían. El vacío del trabajo político en los sectores populares del Partido de los Trabajadores (propaganda, información y organización fue ocupado por las organizaciones internacionales religiosas de extrema derecha para sembrar la idea, el discurso y la narrativa de que la mejora de sus condiciones y acceso a derechos sociales fue gracias a la existencia de un ser supremo: Dios. Este tipo de organizaciones (conocidas como “pare de sufrir”) ya se albergan en las televisoras nacionales y locales de nuestro país. El fenómeno de las organizaciones religiosas fue un factor importante en el golpe de Estado en contra de Dilma Rousseff y la llegada del neofascista Jair Bolsonaro.

La Bolivia de Evo Morales y el MAS es un ejemplo para el mundo en desarrollo social y económico; contaba con políticas públicas de dimisión social para los sectores históricamente desfavorecidos, con un gran impulso al bienestar social de los estratos pobres y un crecimiento económico de más del 5% anual con superávit fiscal. La intervención de Evo en la mejora de la situación de las condiciones sociales de las clases bajas en Bolivia logró que más de la mitad de su población en esa situación rebasara la línea de la pobreza, además de superar el alfabetismo en 98% (al grado de ser reconocido por el Banco Mundial) y contar con un esperanza de vida de 72 años (que en 1995 era de 59) . Los maravillosos logros descritos anteriormente no lo pudieron realizar las dictaduras militares que ocuparon Bolivia en el siglo XX.

Bolivia era un país fracturado por la miseria, el racismo, el clasismo, la esclavización del indio, el despojo y la explotación a manos de la clase privilegiada que imperaba en el país, que actuó en conjunto con las dictaduras militares impulsadas por el imperialismo internacionales. No obstante, a partir de la llegada del gobierno revolucionario de Evo Morales y el MAS, el rostro de Bolivia ha cambiado.

Sin embargo, en 2019 se vivió un episodio desagradable (como un golpe de Estado) impulsado por el imperio, a pesar de que Evo Morales y el MAS contaban con un gran respaldo y fuerza, organización y coordinación con las organizaciones sociales y políticas (a diferencia de Lula y el PT en Brasil). No obstante, en 2020 la resistencia de las organizaciones políticas en Bolivia pudo recuperar el gobierno para continuar con la construcción hacia el socialismo.

La experiencia de Brasil y de Bolivia son un balde de agua helada para Morena, porque carece de organización y de coordinación con movimientos sociales y sectores populares, a pesar del alta aprobación del Presidente. Por lo tanto, me parece que es de suma importancia el esfuerzo de los núcleos que pretenden crear la red de círculos de estudio del Instituto Nacional de Formación Política de Morena como semilleros en la formación de cuadros políticos para la acción y la teorización del quehacer político. Es urgente que el partido rompa el burocratismo en el que lleva sumergido más de dos años, que empiece a conformar organización territorial en los sectores populares sin la parafernalia de los partidos convencionales, que asuma que el trabajo político y las tareas se hacen en el territorio, con la gente (actor principal en la lucha por el cambio de régimen). En cambio, si no regresamos a la calle, si no organizamos los núcleos de círculos de estudio y de acción, se replicará lo sucedido en el Brasil de Lula… Aunque, si nos organizamos, ni mil golpes de Estado detendrán la transformación como sucedió en la República Plurinacional de Bolivia.

La calle es nuestra, ahora, ¡a organizarla!

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