Pluma Patriótica

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La extrema complejidad ambiental de la Ciudad de México: parte 1

Los próximos días, el gobierno de la Ciudad de México abrirá los foros para discutir y profundizar en el programa general de ordenamiento territorial de la ciudad. Esta tarea es en sí misma de extrema complejidad, ya que no solo se trata de cruzar mapas con información ambiental con la inclusión de los aspectos ecológicos, sino también de tener una perspectiva amplia sobre los retos de la ciudad —finalmente la más grande del mundo, si consideramos su zona metropolitana por sus interacciones dinámicas—que, sin embargo, se mueve. En efecto, todos los días millones de metropolitanos despertamos por ella, vamos a la escuela, al trabajo, a las compras, a visitar parientes y divertirnos, a caminar, a recorrerla en automóvil o en autobús, a resolver problemas administrativos y muchos etcéteras. Hay agua, hay luz, hay movilidad, hay una dinámica profunda que advierte un mejor orden, pero —sobre todo— una mejor distribución equitativa y con ejes transformadores.

El plan general desarrollo de la Ciudad de México y su ley de planeación establecen realizar un programa general territorial. Este programa está concebido desde una perspectiva absolutamente innovadora y llena de retos: por un lado, planear una ciudad transformadora en igualdad de derechos, próspera, dinámica, sustentable, con cuidado en el uso del agua, cercana a los habitantes y basada en conocimientos técnicos y científicos. Esto debe ir conjuntado en estrategias que impulsen la revisión de los usos de suelo y fomenten la agroecología y la conectividad de los ecosistemas fragmentados de la ciudad. Se trata de una redistribución estratégica de los polos de desarrollo en toda la urbe para dar vida a espacios abandonados y recuperar la vida de barrio, la cultura del patrimonio natural y artístico.

En un primer mapa podemos observar algunos casos importantes de la separación rural-urbana. Esta ya se reconoce como una perspectiva transicional dinámica de la línea sutil entre urbano y rural en una ciudad que puede tener un trabajador que vive en Xochimilco pero trabaja en el centro de la ciudad; una persona que vive de la actividad primaria rural y pocas veces se traslada fuera de su alcaldía, o donde existen espacios que pueden combinar una trajinera con alguien que unas horas después espera un avión para volar a Londres. Una ciudad profundamente dinámica: en la mañana caminas por el centro y es menos de 20 minutos podrías estar un edificio de más de 40 pisos en una reunión de negocios o terminar en alguna calle de la colonia Roma.

Esta visión innovadora de la ciudad supone muchos retos, por ejemplo: ¿cómo combinar la conservación del bosque Chapultepec con la necesidad de nuevos espacios culturales, sin que eso implique afectar la formación y conectividad dinámica de los espacios urbanos y rurales? ¿Cómo rehabilitar y dinamizar el parque ecológico Xochimilco, fundamental como patrimonio UNESCO, que ha estado muchas veces en riesgo —subrayo, porque lo he visto, que finalmente se está restaurando con la necesidad apremiante— y que es un puente para conectar el oriente de la ciudad? ¿Cómo conjuntarlo para asegurar la rehabilitación y de conectividad de los humedales y el Canal Nacional? Esto debe hacerse para facilitar la vialidad con justicia democrática para todos, sin que eso impida o inhiba el uso de la bicicleta como transporte alternativo. Creo honestamente que ambas posibilidades son plausibles y, a pesar de la polarización y opiniones contrastantes, he participado en discusiones sobre necesidad de ese puente en Canal Nacional.

Igualmente, y en el mismo sentido, se debate con el consejo rector de Chapultepec, privilegiar espacios verdes sobre el crecimiento de infraestructura cultural, pero también reconozco que los esfuerzos que hace la Sedema para combinar espacios modernos, abiertos e innovadores de nuevo esparcimiento en las cuatro secciones Bosque de Chapultepec a través del gran proyecto Naturaleza y Cultura y que en esta parte de la ciudad es un reto mayúsculo si queremos privilegiar la naturaleza.

La complejidad de esta difícil situación en la Ciudad de México, desde la forma, obliga a todos a tener la mente abierta y reconocer que no son los planos mapas, normas, reglas o leyes; aquí se va a marcar finalmente el futuro en la ciudad México: los consensos, la apertura a la comunicación, la inclusión, la innovación, la diversidad y la prioridad son los que marcan la pauta. Creo que es exactamente es la nueva perspectiva que propone el Plan General de Ordenamiento Territorial, ya que afortunadamente no solo novedoso sino que ahora tiene una nueva perspectiva integral y, por tanto, implica un mayor esfuerzo.

En consecuencia, no hay mejor esfuerzo para construir experiencias que merezcan nuestra justa reflexión de la teoría de la complejidad desarrollada por Rolando García, y en la práctica con maestros maravillosos como Fernando Tudela y que alguna vez impulsamos en el Plan General de Ordenamiento Ecológico General del Territorio para este país y justamente en este nuevo esfuerzo. Es más que un asunto de mapas, es de voluntad política que ahora sí veo, afortunadamente.

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