Pluma Patriótica

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La farsa de las asociaciones de jóvenes políticos

Ni una menos por decidir.

En la política existen prácticas y tendencias marcadas en la forma de cómo realizarla y ejecutarla, con concepciones totalmente diferentes en el sentido intelectual y práctico del deber ser del político, que navega en polos opuestos: lo profesional y lo vocacional.

Las dos concepciones de la práctica del quehacer político se sumergen con distinción de identidad e ideología; las y los políticos profesionales quienes luchan por mantener un estatus social en el entorno de la clase política, así como toda la parafernalia de apariencias formales que de ellas emanan; buscan —sin escrúpulos morales ni éticos— mantener su condición laboral en el ámbito público para continuar la reproducción del status quo del sistema dominante (del que ellos se autoproclaman aliados), y reaccionan desde su posición ante el cambio social y político. Sin embargo, se alinean con sus adversarios para mantener su posición de clase. Las y Los políticos por vocación son todas y todos quienes luchan con ideales y principios morales, éticos y políticos de dimensión colectiva sin buscar un cargo público y lo hacen desde cualquier espacio; anhelan la trasformación y el cambio social y político para instaurar un mundo justo, equitativo hacia las clase bajas, y ven la lucha sin distinción de país, etnia o raza… su quehacer político es permanente y resiste ante la explotación, depredación, la humillación y manipulación; se ejerce desde la base social. La lucha de las y los políticos de vocación es constante, por que cada día hay algo qué defender.

No obstante, las dos concepciones de la práctica política se confunden en el quehacer diario de la militancia, y particularmente entre las juventudes de los partidos y organizaciones que se asumen de izquierda. Estas reproducen las formas y tendencias de la política de profesión (y no vocación) por falta de formación.

En redes sociales existe una campaña propagandística de una «organización mundial» de jóvenes políticos conocida como la “red mundial de jóvenes políticos”, que busca la participación de la juventud sin importancia su procedencia partidista e ideológica. Se describe como un espacio de diálogo entre las juventudes para impulsar que se involucren en la vida pública de su entorno y de su país, describiendo a la política como un pasatiempo o un “hobby” que muy pocos seres humanos pueden realizar. Es como un club de socialité:  exclusivo y prestigioso, de la clase alta, al que uno obtiene su membresía solo por ser “político” y “joven”, lo que denigra  el deber ser de la vocación de la política y su identidad de conciencia de clase con la responsabilidad y seriedad que se debe hacer. Todo es a cambio del glamur y presunción de un estatus social por pertenecer a la élite de clase política con espacios de reflexión, con códigos de vestimenta, con extravagantes cenas de reconocidos chefs internacionales, para que sea un aglomerado de personajes políticos que hacen relaciones públicas con rimbombantes e intelectuales discursos (en una diplomacia excesiva) para combatir la pobreza, la desigualdad y el hambre. Sin embargo, solo se queda en el palabrerío y nunca llegan a la acción —menos al quehacer—, solo a la foto para tener su conciencia tranquila. Son prácticas totalmente alejadas de la realidad, de lo ético y de lo moral que nunca debe hacer un joven político que milite en un partido y organización de izquierda como Morena.

Debemos asumir que las juventudes son el relevo generacional en todo los ámbitos —público y privado—. Por lo tanto, las juventudes militantes de Morena no deben participar en espacio donde se reproduzcan los valores del sistema dominante y su régimen político neoliberal con visiones nefastas, elitistas y antipopulares, como la “red de mundial de jóvenes políticos” —y su variantes regionales, nacionales u organizaciones similares— porque la lucha política que encabezamos es contra el régimen neoliberal. En consecuencia, eso conlleva desmembrar sus valores, principios y lógicas que siguen imperando en el país y en el mundo. Además, esos espacios dejan de manifiesto que los partidos y movimientos políticos de izquierda son iguales que los de derecha, que no existe una distinción ideológica —menos de principios— o de programa político. Es inaceptable hacer el juego al sistema desde esas organizaciones; terrible sería que las juventudes de Morena participaran en esas asociaciones con miembros jóvenes del Partido Acción Nacional, quienes en los hechos han asumido su identidad partidaria: el fascismo. Sería inaceptable con las juventudes morenistas convivieran con este tipo de visiones deshumanas y perversas.

Tenemos que dar las herramientas formativas para que las juventudes de Morena —a las que pertenezco— no confundan la lucha con glamur y estatus. Además, es necesario crear espacios de diálogo permanente con la bases del partido para que se asuman parte de él como su herramienta de lucha, para que no busquen espacios que reproduzcan los valores y principios del sistema al que combatimos (como son esas asociaciones), pues son redes y organizaciones que en vez de contribuir a la trasformación, reacciona contra ella.

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