Pluma Patriótica

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Lizbeth Gutiérrez Obeso

La forma correcta de protestar

“¿Qué hacemos con las personas que disienten? ¿Las aniquilamos o las dejamos sobrevivir? Y si las dejamos sobrevivir, ¿las detenemos o las dejamos circular, las amordazamos o las dejamos hablar, las rechazamos como desaprobadas o las dejamos entre nosotros como ciudadanos libres? No se puede negar que la prueba de fuego de un régimen democrático está en el tipo de respuesta que dé a tales preguntas. Con ello no quiero decir que la democracia sea un régimen basado en el disenso y no en el consenso; quiero decir que en un régimen que reposa en el consenso no impuesto desde arriba, alguna forma de disenso es inevitable, y que solamente allí donde el disenso es libre de manifestarse, el consenso es real y que, solamente allí donde el consenso es real, el sistema puede llamarse justamente democrático”.

Norberto Bobbio

En un contexto democrático de transformación y cambio de régimen puede resultar más tentador mantener hábitos “malos por conocidos”, que encontrar formas de actuar. Esto aplica para todas las personas en todos los roles que desempeñan; es decir, para quienes gobiernan, legislan, imparten justicia, emprenden negocios, practican el arte, la ciencia y la cultura en la sociedad o para quienes consideran que sus acciones pueden pasar desapercibidas por dedicarse a las labores del hogar (aunque de hecho, no sea así).

Sin embargo, lo cierto es que cada una de estas personas le dan forma a la nación con su participación, pero también con su manera de juzgar la actuación de los demás. La Ciencia política, a este respecto, clasifica la participación en formas convencionales y no convencionales. Las primeras consisten en actividades aceptadas o normalizadas, mientras que las otras generan encono, división y antipatía. Por ejemplo: las personas pueden estar de acuerdo en los presupuestos participativos, pero estar en desacuerdo con la pinta de consignas en paredes o la toma de vialidades.

En un régimen democrático ambas formas, convencionales y no convencionales, reivindican las causas que defienden. Por lo tanto, “la forma correcta de protestar” no existe. Mientras las sociedades sean imperfectas existirán problemas públicos susceptibles de manifestarse y a mayor atención de las causas justas, menor será la intensidad de la violencia. 

Todo lo anterior es relevante para sanar el dolor de las víctimas de feminicidio, homicidio, violación, acoso, lesiones y de corrupción que actores públicos y privados han cometido acogidos por la impunidad material en el marco de las instituciones que el antiguo régimen había edificado para castigarlas. Únicamente cambiando los hábitos en todos los roles que las mexicanas y los mexicanos desempeñan, será posible sanar el dolor para una transformación profunda en la sociedad.

 

Lizbeth Gutiérrez Obeso. Es maestra en Derecho Constitucional y Gobernabilidad por la UANL y secretaria de la Mujer en el Partido Verde Sonora donde construye una 4T sustantiva.

Twitter: @lapoliverde

 

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