La intensidad del crecimiento de la población extranjera en la Ciudad de México se ha acentuado en los últimos años. La gentrificación es todo un tema ahora que el flujo de habitantes, mayoritariamente de origen estadounidense, ha aumentado en colonias de la Ciudad de México derivado de la pandemia de covid-19.
Grupos de jóvenes extranjeros se han asentado a vivir en la Ciudad de México, pues lo han visto como una alternativa a los costos de vida que sufren en sus propios países y, de manera importante, han escogido las colonias Roma y Condesa para hacer sus vidas.
En día recientes se apareció una marcha de mexicanos rechazando la gentrificación que ha aparecido en la Ciudad; pero ¿qué es la gentrificación? ¿Cómo afecta nuestras vidas?
Para empezar, la gentrificación a grandes rasgos se presenta como el fenómeno de desplazamiento de la población originaria de su territorio derivada del arribo de otra con mayor poder adquisitivo, modificando así los patrones económicos y sociales de la zona.
Es decir, los modos de vida de la gente originalmente asentada se vuelven poco costeables cuando llega un grupo de mayor ingreso y comienza a modificar el entorno; por ejemplo: el costo de la renta aumenta, la demanda de servicios de otro “nivel” provoca cambios en la infraestructura urbana, las personas que no pueden mantener esos niveles económicos de vida tienden a abandonar sus hogares y se crean nuevas condiciones de pauperización. Incluso aquellos negocios locales que no se logren adaptar a las nuevas exigencias también tiene que migrar de su lugar de origen, sino es que desaparecen.
Para el caso que nos ocupa, debo decir que las colonias Roma y Condesa ya mantenían un estatus de ingresos “altos” antes del arribo masivo de extranjeros a dichas colonias. Ello no significa que este fenómeno evidencie un problema preexistente, ósea que ya se conociera antes de que fuera “colonizado” por el mundo anglosajón y ese es el costo de la vivienda en la Ciudad de México.
La marcha contra la gentrificación que tuvo lugar en días pasados, no obstante, tuvo un acento xenofóbico al rechazar al extranjero por el siempre hecho de serlo, y eso no abona a la Ciudad, la cual ha demostrado ser solidaria. No hay que olvidar que desde 1997 la Ciudad de México se ha mantenido como la “Ciudad de la Esperanza”, donde todos caben y nadie sobra.
Sin embargo, el problema es evidente (e insisto), pues es el costo del suelo en la Ciudad de México. El encarecimiento del suelo se manifiesta en el desplazamiento de los habitantes de la ciudad hacia las áreas limítrofes y los municipios conurbados del Estado de México, Morelos, Puebla e incluso Hidalgo, afectando principalmente a los trabajadores.
Debemos entender, y hay quienes lo tienen muy presente desde el Gobierno de la Ciudad de México, que este ya es un problema metropolitano, o sea, que compete no a un estado o unos cuantos gobiernos locales, sino a toda la zona centro del país.
Por ejemplo, Azcapotzalco (donde resido) es un ejemplo también de la gentrificación, pero no necesariamente por causa del arribo de extranjeros, sino por los desarrollos inmobiliarios de carácter privado que han aumentado en los años recientes.
Zonas como Av. De las Granjas (centro), Av. San Isidro (poniente) y el Arenal (sureste) de Azcapotzalco presentan aumento de desarrollos inmobiliarios de carácter privado y han modificado o están modificando la morfología social de la alcaldía.
Esto no significa que estemos en contra del desarrollo de vivienda, todo lo contrario, pero la misma debe procurar condiciones de mejora para el entorno urbano, donde quepan también las personas que residen en la alcaldía y en dichas zonas; evitando afectaciones que provoquen un desplazamiento forzado para la población solamente por el hecho de no tener condiciones económicas suficientes para sostener el modo de vida modificado por el entorno.
Las leyes del mercado por sí solas acabarán vaciando la Ciudad de México y afectado la economía de esta magnífica urbe, culturalmente enriquecida por todos los barrios, colonias y pueblos que la habitan. La intervención estatal es necesaria para frenar este problema y creo hay conciencia de ello desde el gobierno capitalino.
Una Ciudad democrática, inclusiva, solidaria, social, culturalmente enriquecida, incluso cosmopolita no es utópica, es posible si sabemos y planeamos a dónde queremos llevarla. El ordenamiento territorial es clave y la coordinación metropolitana más que necesaria.
P.D. Felicidades a El Soberano por 6 años de construcción de un nuevo modelo de periodismo, donde, debo decir, me han permitido escribir sin condicionante alguno. Que sigan los éxitos.



