junio 14, 2021

Pluma Patriótica

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jueves, 25 febrero, 2021
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La gran mentira de los Constitucionales Autónomos

Hace poco, me tocó dar una plática sobre Constitucionales Autónomos en el Círculo de Reflexiones Colectivo Buzón Ciudadano. Es un tema que ha despertado mucha polémica. Es bien sabido que a nuestro Presidente no le encantan (por decir lo menos) estas entidades de la Administración Pública Federal, y creo que tiene buenas razones.

La primera (y quizá de las más mediáticas) es que estas entidades no necesariamente tienen muchos logros qué cacarear, pero sí muchos gastos. Por supuesto que tienen indicadores de gestión a su favor; la cosa es que la discriminación en el país no necesariamente es sensible a 400 foros y 500 publicaciones hechas por el CONAPRED, por poner un ejemplo. 

Pero hay otra razón que me parece más interesante: los Constitucionales Autónomos son una configuración posible de Estado que responde a un proyecto de Nación muy distinto al de la Cuarta Transformación. Ese proyecto, al que podríamos llamar Transicionismo Fallido o Neoliberal, intentó establecer una sociedad en la que el interés general estuviera determinado principalmente por dos impulsos: el impulso estatal, construido mediante una democracia sin demos o democracia meramente procedimental ‒que fijaba prioridades deliberadamente dislocadas entre la lógica pública y privada.‒ y,  por el otro lado, un impulso corporativo-ciudadanista que, camuflajeado tras varias máscaras ‒activismo, la mal llamada “sociedad civil”, e incluso la etiqueta de “ciudadanos apolíticos o apartidistas”‒ empujaba la misma agenda deslavada que, en el fondo, no era más que corporativismo global. Esto está descrito en los cuadros azules:

Para resolver el problema de la dislocación del Estado ‒al que pretendían poner al servicio de intereses privados‒ la solución fue relativamente sencilla (aunque requirió el esfuerzo intelectual y comunicacional de muchísima gente talentosa, por muchos años): sustituir el concepto de intereses corporativos por una noción tramposa de “técnica” que permitía hacer pasar sus pulsiones, deseos e intereses por parámetros “objetivos” de un gobierno “técnico y capaz”. 

Ése es el mito en el que están montados los Constitucionales Autónomos. No se trata de construir entidades imparciales que decidan en función de criterios aceptables por todos y todas bajo un discurso “racional”, sino de esconder las pulsiones corporativas neoliberales en la toma de decisiones públicas. Esto queda claro cuando se entiende, de una vez por todas, que no existe tal cosa como conceptos ajenos a la ideología. No hay ciencia jurídica; el derecho es un discurso de poder. En pocas palabras: las posturas a favor del economicismo mienten, y con ellas mienten todos sus agentes, por más refinados que quieran parecer. Sólo se refinan para no mostrar burdamente sus posiciones neoliberales. 

En la configuración del Estado nos jugamos la existencia de una herramienta que puede ser muy importante para la consolidación de un proyecto de nación más democrático. Ésa es la tirada orgánica de la Cuarta Transformación. Para entenderlo (e impulsarlo), ayuda mucho leer a Adrián Velázquez Ramírez en Intervención y Coyuntura. En específico, tiene un texto muy iluminador llamado “El pueblo instituyente. El partido-movimiento como forma política”. Si seguimos el esquema anteriormente elaborado, podríamos decir que los recuadros marrones de la derecha representan su idea: se trata de crear un Estado que cultive interés general con dos pulsiones muy distintas. Por un lado, hay una pulsión estatal determinada por una democracia popular que erradique la simulación procedimentalista del Transicionismo fallido; por otro lado, voluntades de organizaciones comunitarias que se vuelvan canales de decisión popular que trasciendan las elecciones y permitan darle vida a un sueño bellísimo: el de un Pueblo no solo constituyente sino también ‒y sobre todo‒ instituyente. Un Estado que promueva el poder popular y no intereses neoliberales velados, como en el caso (en general) de los Constitucionales Autónomos.

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