Pluma Patriótica

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La historia de Ricardito, el chico que soñaba con ser el principal adversario del Presidente de México

Ricardito tuvo la infancia de un chico de clase media que crece en uno de los dos paraísos del panismo: Querétaro —siendo Guanajuato el segundo, claro está—. Ahí tuvo la fortuna de formarse en el conservadurismo a finales de los noventa e inicios de los dosmiles, los años dorados del PAN en su estado y a nivel federal. De hecho, desde muy joven comenzó a ocupar cargos públicos, incluso compitió para una diputación local a los 21 años que, aunque perdió, aún le aguardaba un futuro muy prometedor en las filas de su partido y del gobierno emanado de este. Fue secretario particular del gobernador, consiguió ser diputado de su estado y coordinador de su bancada, subsecretario de planeación turística en el gobierno de Calderón, diputado federal por Querétaro, presidente de la Cámara de Diputados y presidente nacional del PAN.

Habiendo vivido todo lo anterior y después de haber recibido todo de gente que confió en él, pero a la que después no dudó en traicionar —figuras del PAN que le ayudaron abrirse camino como el exgobernador de Querétaro, Fernando Garrido o el senador, Gustavo Madero—, claro que Ricardito consideraba que tenía el mundo a sus pies. Así pues, con toda la inocencia del mundo, Ricardito consideró erróneamente que tenía lo necesario para enfrentarse a una de las figuras políticas más emblemáticas, queridas y conocidas en la historia contemporánea de México: Andrés Manuel López Obrador. 

Nuestro personaje se armó de valor, dividió a su partido e hizo hasta lo imposible por cumplir su sueño de derrotar al ahora Presidente. Prometió tabletas, coches eléctricos e incluso, a pesar de haber sido uno de los principales cabilderos de la Reforma Energética en el Congreso de la Unión, traicionó a su aliado Enrique Peña Nieto al amenazar con meterlo a la cárcel. Ricardito estaba desesperado, porque además todas las encuestas retrataban lo que parecía ser el presagio del fin. Y, en efecto, lo fue. Llegó el 6 de junio, la victoria del candidato de Morena fue abrumadora y el joven que pecó de ambicioso —además de corrupto y traidor—, tuvo que irse a hacer política al lugar donde más lo necesitaba el Pueblo al que aspiraba representar: Atlanta City. 

¿Fue así como Ricardito aprendió que a la gente no se le convence con mentiras? ¿Qué una vida construida desde la deshonestidad eventualmente tiene consecuencias? ¿O tan solo aprendió la verdad universal de que uno tiene que ponerse con alguien de su tamaño? No. Nuestro joven con una ya casi sepultada carrera política, regresó a la escena pública después de casi dos años de no haber figurado, con la intención de hacer realidad su sueño de convertirse en el principal adversario político de López Obrador. Esto debido a que veía con envidia cómo empezaban a surgir nuevas figuras que, aunque ninguna estaba a la altura del Titular del Ejecutivo, llamaban más su atención, tales como Loret de Mola, Gustavo Hoyos, o hasta Diego Fernández de Ceballos, un personaje que aún vive, pero que ya está enterrado en la historia política del país. 

Para su dichoso regreso, comenzó a hacer un supuesto recorrido por el país documentándolo con videos sin gracia que subía a sus redes. En estos se mostraba en metro para simular que sabía cómo vivían los más pobres del país y hacía rabietas sobre cualquiera de las decisiones de quien ya sabemos anhelaba su atención. Como por magia y tras esas decisiones, Ricardo se fue haciendo más chiquito, hasta llegar a donde se encuentra el día de hoy: en un bucle sin salida en el que intenta demostrar su inocencia por algunas de las fechorías que cometió cuando sentía que tenía el mundo a sus pies, y acusando a Andrés Manuel de ser quien mueve los hilos. Una especie de intento por emular la persecución política que el Presidente sí vivió por décadas al ser espiado él, su familia y amigos con Pegasus, y tras haber enfrentado sucesos tales como el desafuero. Así Ricardito pasó a convertirse en Ricardititito.

La realidad, y lo que podría ser la moraleja de este cuento, es que en el fondo nuestro personaje principal no quería convertirse en el principal opositor de quien consideraba su enemigo. No. La mera verdad, es que en lo más profundo de su corazón, lo que verdaderamente anhelaba, era ser él.

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