Pluma Patriótica

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La inminente reconciliación con la militancia

El otro día, mientras recorría el robusto catálogo de entretenimiento de Netflix, descubrí un documental llamado “Al filo de la democracia”, de Petra Costa. Cuenta la historia del triunfo político de la izquierda brasileña dirigida por Lula da Silva y Dilma Rousseff, miembros del Partido del Trabajo y las consecuencias motivaron el golpe de Estado judicial perpetuado en contra de Rousseff en 2017, junto con el encarcelamiento ilegal de Lula Da Silva en 2018 por aparente enriquecimiento ilícito (posesión de un departamento, algo que la fiscalía brasileña jamás ha podido comprobar). Además, el giro de timón del grueso del electorado brasileño que años anteriores votaba por la izquierda y optó por  el fascista de ultraderecha radical Jair Bolsonaro.

En una escena que me causó asombro y con la que me sentí identificado (por el proceso político que hoy vive nuestro país con la 4T y Morena), la directora del documental entrevista a un miembro del Partido del Trabajo y del sindicato metalúrgico de Brasil, quien declara que el partido olvidó el activismo social y político en la calle y prefirió la burocracia institucional creada en los años que gobernó.

Los hechos expuestos en el documental incitan a la reflexión de la importancia y el rumbo de la Cuarta Trasformación y del partido-movimiento que lo representa: Morena, sin antes descuidar las proporciones entre el proceso político que vivió Brasil con Lula y Dilma y el que actualmente vive México —comprendiendo que las condiciones temporales, sociales, políticas, económicas e históricas de los dos países latinoamericanos son distintas—.

 

Morena es un partido joven cuyo rumbo por tomar es de suma importancia, sobre todo en cómo asume los principios de la 4T que representa, al tratarse de un proceso de cambio profundo del régimen neoliberal dominante. Esta metamorfosis conforma los intereses de todas y todos, no solo de un gobierno, un grupo o un partido afines al Presidente; es un régimen que representa al Pueblo. Un partido que no ayude a coordinar, organizar, formar, convencer, difundir y persuadir que el cambio encabezado por López Obrador es vital para el porvenir del país, o a desmentir las centenas de ‘fake news’ que recorren los medios de información y las redes sociales, poco servirá para consolidar la trasformación que requiere el país. De un día a otro los procesos de cambio se pueden revertir y conducirse a un oscurantismo moderno, como actualmente sucede en Brasil.

En consecuencia, es relevante que en reiteradas ocasiones Mario Delgado —presidente nacional de Morena— haya declarado que se deben cumplir los compromisos del último congreso nacional, en el que Andrés Manuel López Obrador participó en el otoño de 2018. El más importante era la conformación del Instituto Nacional de Formación Política de Morena -INFP- bajo la responsabilidad nacional de Rafael Barajas “el Fisgón”.

El anhelo de contar con todo un aparato orgánico sólido, profesionalizado y estructurado para la formación política de las bases del partido-movimiento Morena, reconocido como el partido de izquierda más grande de Latinoamérica, es algo que por fin está sucediendo.

El INFP le debe dar toda la confianza de los militantes, simpatizantes y representantes institucionales del partido para lograr la consolidación cuadros políticos que vengan de la militancia y que cuenten claridad, capacidad de organización y formación política para que llevar el rumbo del partido tanto en el territorio como en el mundo de las ideas. Además, el INFP debe ser el ente que propicie la organización y coordinación de las tareas políticas del movimiento-partido que surjan en la marcha por lograr los cambios requeridos, como la difusión, organización y promoción de la ratificación del mandato de AMLO. Asimismo, debe crear las condiciones para tener encuentros y espacios para la reconciliación y diálogo entre las bases de manera permanente, presencial o virtual, y que sea una estructura orgánica que nazca del seno de la base de Morena en los estados, municipios colonias, barrios, comunidades. Nunca debe olvidar ni perder el contacto con el activismo social y político en la calle, porque nuestro movimiento nació de la organización popular en el territorio, el único ámbito donde se hace política.

Es gratificante que el compañero Mario Delgado proponga la reactivación de manera seria del Instituto Nacional de Formación Política. Es el momento, “Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda nuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda nuestra fuerza”. La tarea será difícil, pero si luchamos con convicción y principios nunca será irrealizable, porque un revolucionario jamás abandona el campo de batalla: la calle.

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