América Latina vive una coyuntura esperanzadora, producto de la reciente victoria de Xiomara Castro en Honduras. Como dice el politólogo español Juan Carlos Monedero, mientras que la derecha busca imponerse mediante el uso del miedo, la izquierda lo hace por medio de la esperanza.
La más reciente elección en la nación hondureña confirma lo antes mencionado y desnuda la estrategia de las derechas latinoamericanas para conservar el poder. Carentes de ideas y en total desconexión con la ciudadanía a la que pretenden gobernar, la derecha en nuestra región intenta sembrar en el imaginario colectivo una errada dicotomía entre el continuismo y el acabose.
Mal asumen que el continuismo es bueno y deseado por las mayorías. Para la derecha, la continuidad representa preservar el estatus quo del que tanto se benefician. Poco les importa la creciente desigualdad, la falta de justicia social, la carencia de oportunidades ni el incremento en la violencia a la que son sometidas nuestras sociedades.
La derecha latinoamericana solo tiene un objetivo: servir a los postulados del gran capital para conservar sus prebendas y los beneficios político-económicos a los que están acostumbrados. Para la derecha basta con atemorizar al electorado pintando al contrincante como la causa de todos los males. Elección tras elección cometen el error de pensar que la mayoría de los ciudadanos son apolíticos y no tiene interés alguno respecto al rumbo de su país o el desempeño de su gobierno.
Asimismo, mientras que los dirigentes y estrategas de los partidos de derecha no logren comprender que el ciudadano común y corriente ya cambió, los nuevos liderazgos de izquierda seguirán capitalizando el descontento y el hartazgo del electorado. La crisis por la que atraviesa la derecha resulta preocupante y peligrosa, pues pudiera desembocar en el ascenso de más personajes como Bolsonaro de Brasil, Kast de Chile o Duque de Colombia.
Por otro lado, la falta de resultados y los excesos de las élites políticas de derecha abren el camino a proyectos progresistas transformadores como el que vivimos en México. La izquierda latinoamericana deberá seguir alimentando la esperanza de cambio para eventualmente conseguir una región más justa, próspera e igualitaria.
Los hondureños confirmaron que mientras exista la esperanza de cambio, la ciudadanía se volcará a las urnas para cambiar el estado de las cosas.



