viernes, 17 abril 2026
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La izquierda posibilista

Al movimiento político de izquierda en México, cuando menos en los últimos 30 años, lo unió la posibilidad democrática. La izquierda mexicana es tiene una historia de frustraciones políticas plasmadas a lo largo de su existencia, algunas veces actuaba en la clandestinidad, otras participaban activamente dentro del régimen, no obstante, su postura revolucionaria.

La izquierda es una definición y autodefinición de los actores políticos; y se puede ubicar en movimientos, partidos, personajes, guerrillas, sindicatos, incluso gobiernos que ha tenido México a lo largo de su historia; pero han sido destellos en la búsqueda de libertad e igualdad sin la posibilidad de mantener gobierno nacional constante.

Si pensamos en los primeros 200 años de vida independiente de México, pocos son los años en los que el poder se transfería de manera pacífica. Incluso tuvimos dos regímenes mutuamente excluyentes conviviendo en el territorio nacional al mismo tiempo: la república de Juárez y el segundo imperio de Maximiliano. Existió una “estabilidad” temporal brindada por la dictadura porfirista, la cual decantaría en una revolución social sin precedentes internacionales, una anterior a la famosa revolución de octubre en Rusia.

Cuando se instauró el régimen de la revolución, las aguas se calmaron, pero no fue sino hasta la época del General Cárdenas que la nueva Constitución con acentos sociales seria plausible y palpable. Sin embargo, para pacificar el país fue necesaria la estructuración del régimen del Partido hegemónico y el PRI sería quien se encargaría de dibujar ese régimen.

El régimen requería estabilidad ideológica para no regresar a tiempos violentos, y el “péndulo político” se convirtió en una regla no escrita para tener un balance entre la idea social de la revolución y la burocratización de esta. Sin embargo, también se vivieron los peores momentos del autoritarismo, pues la sociedad cambiaba y las estructuras no lo hacían al mismo tiempo.

Fue la coyuntura de 1988 la que logró aglutinar a la izquierda socialista partidaria, a los movimientos sociales de la época (principalmente urbanos), a la disidencia sindical y al nacionalismo revolucionario priista que giraba en torno al Cardenismo en una gran coalición que permitió una verdadera democratización del régimen, cuyos costos parten desde las vidas humanas.

Los vientos internacionales demandaban la “modernización democrática”, pues ipso facto, llegó la instrumentación del neoliberalismo en un mundo globalizado. A pesar de ello, la alternancia mexicana fue conducida hacia la derecha, de la mano de un partido conservador que históricamente funcionó como “oposición leal” durante el régimen de partido hegemónico, salvo honrosas excepciones provenientes del pensamiento democristiano.

Para ese entonces la gran coalición de izquierda tenía un objetivo político: la lucha contra la implementación del neoliberalismo brindado por la posibilidad democrática.

Pasaron los años, la democracia como sistema ya no tenía marcha atrás y se ganó el entonces Distrito Federal, ahora Ciudad de México, en 1997. La suma política que había nacido 9 años antes ya gobernaba la capital del país. Hasta la fecha, no la ha dejado de gobernar, salvo un periodo gris, y a pesar de un cambio de siglas partidarias.

Con el avanzar del neoliberalismo y una cultura impregnada por el consumo y la posibilidad de generar riqueza que había envuelto a la clase política nacional, de súbito apareció el Movimiento de Regeneración Nacional, que se convertiría en partido entre 2014 y 2015, el cual se fortaleció, también, por la figura carismática de Andrés Manuel López Obrador. Para la izquierda la democracia seguía siendo la posibilidad.

Llegó el 2018 y después de tanto golpear la pared esta cedió. Para el movimiento de izquierda que habían iniciado con la lucha de cientos de miles de mexicanos la victoria de ese año no tuvo precedentes. Generaciones iban y venían, y la espera se convirtió en costumbre, la vida opositora en el plano nacional creo una cultura contestaria, y posibilista.

Pero la democracia ya no era una posibilidad, era una realidad. La lucha ya no era por el poder, porque se obtuvo con creces, reafirmado en el 2024. Pero pareciera que la posibilidad se quedó en la cultura política de la izquierda. La frase: no mentir, no robar y no traicionar tiene pasar del mundo de las ideas a las acciones palpables para la población, allí hay aun trabajo que hacer.

La lucha por la igualdad y la libertad que ha enarbolado históricamente la izquierda tienen que estar más presentes que nunca ahora que existe la posibilidad. Es allí donde las diferencias se verán plausibles y palpables. El cambio de régimen sigue en germinación. No es un tema menor, ni mucho menos acabado. Está comenzando y se lo debemos a un pueblo que ha sufrido la marginación, la explotación, la pobreza y la desigualdad por muchos años.

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