Ciudad de México a 11 diciembre, 2025, 6: 11 hora del centro.
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La lectura como revolución

Fernando Rosique-H

Recientemente platiqué con un muy estimado amigo, con el cual comparto la idea de que la lectura es una herramienta para la libertad, y la aparición de nuevas tecnologías no necesariamente nos lleva por ese camino. ¿Cómo podemos crecer intelectualmente, alimentar nuestro pensamiento, nuestras ideas o juicios sino es por medio de la lectura?

Pareciera que hoy la realidad ha alcanzado la ficción y el uso predominante de inteligencia artificial ha alejado a las nuevas generaciones de la lectura como herramienta de creación, de construcción, de obtención de información y de aumento del conocimiento.

Es más fácil preguntarle a la IA situaciones con las que nos topamos en la vida cotidiana que leer algún texto sobre diversas cosas. ¿Para qué leer ahora, si toda la información necesaria se encuentra al instante con preguntarle a un ordenador?, el cual cargamos en la mano día y noche.

Tal vez, para efectos prácticos esta es una solución innovadora para “sacarnos de la duda” o de la ignorancia, pero no nos percatamos que en ese mismo instante logramos perpetuarnos en esa misma ignorancia.

No estoy en contra del beneficio brindado por la tecnología hacia el ser humano para facilitarle la existencia, pues la medicina, es un claro ejemplo de dicho beneficio; pero si la misma no permite llevar a cabo nuestra función orgánica más esencial que es el pensar, pues el futuro igualmente puede no ser muy halagador.

Es fundamental, desde mi perspectiva, que la innovación tecnológica no entre en conflicto con el ejercicio del pensamiento, pues no es el mismo resultado resolver un problema por nosotros mismos a preguntarle a una computadora. Y no me refiero a situaciones complejas como operaciones matemáticas o realización de estadísticas diferenciales, sino a cuestionarnos sobre dilemas morales, tomar decisiones con respecto a lo bueno o malo, analizar nuestro entorno, etc.

El ritmo de vida moderno, por así decirle a lo cotidiano puede llevarnos a estilos más pragmáticos y a la inmediatez, pero ello no exime nuestra responsabilidad de cultivarnos y mejorar nuestra persona. ¿de qué sirve entregar una tarea o trabajo rápido o mostrar una versión de anime de nuestro rostro sino podemos desarrollar empatía con el prójimo?

La lectura si nos brinda la capacidad de imaginar, de crear y pensar nuestra realidad. El ejercicio de cuestionar nuestro entorno o a nosotros mismos pasa por comprender como nos conformamos. Y no es necesario leer libros de psicología, sino entender nuestra construcción social, nuestro sentido, nuestro lugar en la historia.

Si el mundo nos ofrece inmediatez y eficiencia, aprenderemos a usar la tecnología para salir del apuro y vivir nuestra vida de manera rápida; pero si logramos tomarnos un momento para reflexionar nuestras acciones, decidir con base a criterios formados por la experiencia, tal vez el resultado sea una vida más feliz, satisfactoria o plena con uno mismo, y desde luego con los demás.

Las sociedades cambian, y la tecnología favorece a que esos cambios sean más acelerados. La comunicación digital ha sido clave para enterarnos de lo que sucede al otro lado del mundo en tiempo récord, además de ser un elemento clave para movilizar a la población cuando suceden injusticias. Por ejemplo, ¿quién sabe cual habría sido el destino de la Flotilla Sumund hacia Gaza sino hubiera sido monitoreada en tiempo real por la misma gente desde sus celulares o computadoras?, pero lo brindado por la lectura nos daría un entendimiento más claro sobre lo que está sucediendo en Gaza y el por qué era importante que esa flotilla llegara a salvo, ya de paso enterarnos si ese conflicto armado es legítimo o no.

Pudiera ser que acercarnos a un libro y gastar tiempo en pensar, entender y comprender lo que adquirimos por medio de la lectura sea un acto revolucionario en medio de la propia revolución tecnológica de la IA.

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