La lista de los listos

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La lista de los listos

Por Mercurio Cadena | jueves, 16 de julio del 2020.

No hay ánimo solitario, o al menos no el mío, que pueda sobreponerse a las desavenencias cotidianas que impone la práctica política. El nivelador, lo que cultiva viabilidad para una faena imposible, son las letras, ánimos y afectos de quienes creen contigo y están dispuestos y dispuestas a compartir lo que saben y lo que han vivido para que un proyecto justo crezca y se consolide. Sin compañerismo, sin proyecto y vida orgánica, sin la capacidad de cuidar y cuidarse frente a la vorágine de un régimen injusto pero bien acorazado, la capacidad de transformación, de crear un nuevo régimen, tiende a esfumarse. El sustento de la comunidad es fundamental, pues sin él se agotan las fuerzas necesarias para encarar a la incredulidad; ese mordaz sustento de quienes justifican lo que existe por el mero hecho de existir. 

Uno de los espacios que más requieren de estos esfuerzos comunitarios es el de la racionalidad que, como dice Julio Aibar, no es sino la labor de “conceptualizar la práctica política pensando más allá de la inmediatez”.  Esta es la labor que promueve la trascendencia de los proyectos políticos que, de otra manera, se quedan absortos ya sea en las particularidades de lo que sucede hoy, o en las refinadísimas utopías de quienes, desde la soberbia del “medio saber pensar”, se asumen vanguardias de todos los destinos y condenan, desde sus palacios de bien nacidos, a la realidad cuando osa no obedecerles. 

Esta labor, sin embargo, no ha logrado realizarse con suficiente éxito al interior de los movimientos populares. Una posible explicación es que aún no logramos deshacernos del tufo elitista con el que el academicismo de izquierdas y derechas ha impregnado a la racionalidad. Construyeron una idea del pensar basada en el monopolio de los pretendidamente listos, y luego controlaron los medios que definen la lista de los listos; todo esto para garantizar un coto de imprescindibles que, se comprometan o no a vivir sus ideas, serán siempre necesarios como fuentes de conocimiento, de corrección… de racionalidad. 

Julio también es muy claro al decir que no basta en pensar más allá de la inmediatez. Esto debe hacerse al interior de la sociedad, desde la praxis y como un servicio al proyecto político. Es decir: la labor debe ser orgánica en el mejor sentido de la palabra, y ya no elitista como la construyeron los intelectuales del régimen anterior. Parafraseo a Fernando Chacón cuando sugiero que no saber renunciar a las farolas de la vanguardia, no saber encontrar dignidad en la retaguardia que ordena la práctica política popular es, quizá, parte del problema al interior de los movimientos políticos que no creemos en iluminados, sino en la sistematización del conocimiento colectivo. Como dice Paola Villarreal: es urgente cultivar el concepto del sabio y la sabia del pueblo. 

El otro frente de este tema es la construcción de espacios mediáticos y de conocimiento que recuperen la racionalidad popular, no sólo para que esta deje de ser monopolio simbólico de la intelectualidad elitista (que, dicho sea de paso, no tiene empacho en cercar los espacios existentes sólo a los suyos; tienen una conciencia de clase digna del más fino de los marxismos), sino también para que nuestro movimiento sepa ver y construir más allá de lo inmediato. 

Por Mercurio Cadena | jueves, 16 de julio del 2020.

Mercurio Cadena

Mercurio Cadena. Abogado que codea. Socialista obradorista especializado en gestión pública y ética de la tecnología.

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