La mentira, más que un error o una falta ética, se ha convertido en una herramienta de poder.
En una frase atribuida a Hannah Arendt, se advertía que el propósito de la mentira constante no es tanto convencer de una falsedad, sino envenenar la confianza pública al grado de que ya no se crea en nada. Es el terreno fértil para que el debate deje de ser sobre la verdad y la justicia, y se convierta en una competencia de descréditos.
En México, esta lógica ha sido asumida y defendida abiertamente por algunos de los voceros de la oposición.
En 2021, el publicista Carlos Alazraki fue captado en entrevista con Roberto Madrazo afirmando sin tapujos: “Esta campaña no se gana con publicidad, se gana con propaganda, y mientras más mentiras des contra Morena, mejor te va.”
Lejos de ser un exabrupto, esta frase sintetiza la estrategia que el propio presidente López Obrador denunció después como la “doctrina Alazraki”: mentir, mentir y volver a mentir como método de campaña.
Unos años antes, durante el proceso electoral de 2018, se reveló la llamada Operación Berlín, una red de páginas, cuentas y contenidos digitales organizada para atacar a López Obrador. Según reportes periodísticos, en esta operación estuvieron implicados empresarios de peso y figuras cercanas al círculo del historiador y ensayista Enrique Krauze, cuyo nombre quedó asociado a una estrategia de propaganda negativa.
Aunque Krauze negó participación directa, el caso evidenció que se trataba de un esfuerzo planificado y financiado para inundar la conversación pública con desinformación y ataques personalizados.
En distintas ocasiones, el ex canciller Jorge Castañeda ha sostenido que en política “todo se vale”.
Desde 2004, al hablar de AMLO, insinuaba que había que ganarle “por la buena o por la mala”, y en 2024 volvió a sugerir que la campaña opositora debía sustentarse en campañas sucias, chismes y ataques personales. El mensaje es claro: la verdad no importa, lo que importa es desgastar.
Castañeda se ganó el mote de “Go negative”, al clamar por una “guerra sucia, pero sucia en serio” contra Claudia Sheinbaum.
Por su parte, Raymundo “Rivapagliaccio” llegó al extremo de manifestar que “la verdad es irrelevante” y que lo que importa es la percepción que se siembra en la sociedad sobre la base de las mentiras.
Bots contra la familia de López Obrador.
La lógica se extendió al terreno digital con la operación de redes de cuentas automatizadas.
El analista Carlos Augusto Jiménez reveló que, en una campaña contra el hijo menor de López Obrador y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, se emitieron más de 61 mil tuits coordinados. Algunas cuentas llegaron a retuitear a un ritmo de 4.5 publicaciones por minuto.
No se trató de debate, sino de hostigamiento masivo y manipulación de tendencias. Ensuciar para que el otro pierda
Estos ejemplos muestran una constante: la oposición mexicana no busca ganar por la fuerza de sus ideas, sino provocar que el otro pierda por el desgaste de su imagen. No hay interés en construir una alternativa real, sino en desacreditar, intoxicar el debate y sembrar cinismo.
La mentira deja de ser un accidente para convertirse en estrategia. No se busca convencer ni dialogar, sino romper la posibilidad de distinguir entre verdad y mentira, y con ello, entre justicia e injusticia. Es la política reducida a propaganda sucia.
La oposición mexicana apuesta no por ganar votos o adeptos, sino por hacer que el Movimiento que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum los pierda. Apostar por el fracaso del otro, en lugar de trabajar por el triunfo propio, sólo profundizará las diferencias y el encono.
Alimentar las noticias falsas, clamando por una intervención extranjera, pretendiendo ganar por las armas lo que no ganaron en las urnas, los desnuda de cuerpo entero. La democracia en nuestro país no avanzara con sus intentonas golpistas y como dijo la presidenta hace unos días, “…en México manda el Pueblo de México…” y ese pueblo consciente y organizado fue quien los mandó al lugar que hoy ocupan, y será quien defenderá a nuestro país de los traidores y los entreguistas.
Hace falta una oposición seria en nuestro país, ocupen su lugar y desde su trinchera trabajen por el bien del país.





