Pluma Patriótica

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La muy pobre oposición millonaria

Su agenda no es su agenda, sino la del Presidente; son siempre reactivos. Estridentes inconformes del tema en turno, carentes de ideología, de un sólido proyecto o visión de país, agotan tinta, dinero, recursos y militantes para gritar con todas sus fuerzas sobre todo lo que está mal, y debería estar bien. No dicen cómo debería estar bien, solo aseguran que está mal.

Sus fuentes pocas veces están informadas, generalizan la inconformidad del Pueblo a partir de argumentos emocionales y dramatizados, de personas privilegiadas que rara vez se quejan de cosas que verdaderamente preocupan a la base social, popular y mayoritaria en número.

Aseguran, con mucha convicción, que las elecciones de 2021les devolvieron el poder y la confianza de la población, auguran más victorias y ven con optimismo la posibilidad de recuperar Los Pinos y con ello todos los privilegios.

Tampoco están en la lona y lo saben, el dinero siempre funciona y el dinero invertido en medios funciona más. Los millonarios de la comunicación y los medios privilegiados del pasado aún son sus aliados, enojados y molestos por medio sexenio con recursos nulos o limitados, ven escapar los negocios multimillonarios, los convenios de dinero y poder con la oficina de la presidencia.

Con las benditas redes sociales han encontrado un nuevo instrumental de manipulación, saben que siguiendo el método correcto se puede sembrar un ruido digital incontrolable, plagado de noticias falsas, descalificaciones, miedo y confusión.

El terreno digital es el territorio que aún les mantiene en la pelea, el que les ha significado victorias al reencarrilar a una clase media asustadiza y muy influenciable. Sin embargo, los otros territorios, el social, el político, el legislativo, incluso el legal lo están perdiendo.

Sus alianzas sostenidas con los endebles hilos de la conveniencia flaquean ante las prebendas no logradas, los privilegios no conseguidos y la protección e impunidad desvanecidas.

Sus más notables personajes aparecen públicamente derrotados. Condenados al ridículo, como Ricardo Anaya, quien un día anuncia su regreso triunfal y en pocos meses un ficticio autoexilio que puede interpretarse justo como el síntoma de esa oposición moralmente derrotada.

Aunque a billetazos y periodicazos la oposición interpretó como un fracaso la consulta popular, esta reunió mucho más firmas que el intento de Margarita Zavala por lograr una candidatura presidencial.

En casi todas las plazas, los partidos opositores tienen crisis en sus dirigencias, se culpan mutuamente de la pobreza de sus resultados. No han tenido tiempo siquiera de lamer sus heridas por mantenerse ocupados gritando.

En tanto, el país camina, como puede en medio de una crisis mundial, pero firme, ignorando los gritos desesperados de quienes a sombrerazos quieren arrebatar el poder.

La oposición tiene los medios, los recursos y el dinero. Y todavía así es la más pobre que ha tenido nuestro país.

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