La oportunidad histórica para regenerar el cine mexicano

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La oportunidad histórica para regenerar el cine mexicano

Por Sergio Olhovich | martes, 04 de mayo del 2021.

En el marco de las elecciones presidenciales de 2018, se dio a conocer un documento titulado “Proyecto de Nación 2018- 2024” en una plataforma de apoyo a la campaña del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador. En este texto, para sorpresa de muchas y muchos, se propusieron una serie de medidas muy positivas para el cine mexicano que hoy han sido olvidadas por quienes buscan reformar la industria cinematográfica nacional. 

Hacia al final del documento, justo antes de las conclusiones, hay una sección que llama a “fortalecer la industria cinematográfica mexicana y proteger el cine mexicano como bien cultural y expresión de la identidad nacional”. En ese sentido, se hace un diagnóstico en el que —entre otras cosas— se advierte que las compañías exhibidoras conciben el cine solo como una actividad lucrativa basada en la oferta y la demanda y que se guían “por la falacia de que el cine mexicano no genera audiencia”. Así, “al cine ya no se le trata como un elemento de la canasta básica sino más bien, como un lujo, lo cual hace menos accesible su alcance al sector mayoritario de la población”. 

Frente a esta coyuntura, en el texto se propone: 1) modificar la ley para que los exhibidores estén obligados a proyectar películas nacionales en un porcentaje de sus funciones, por pantalla, no menor a 30%; 2) regular que las producciones nacionales no se exhiban en los horarios de las funciones con menor afluencia, y 3) aumentar el tiempo de exhibición mínimo obligatorio de una a dos semanas en cartelera. Asimismo, se establece la necesidad de sacar el cine nacional del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá para poder poner aranceles a la importación de películas estadounidenses y mejorar las condiciones de competencia de la industria fílmica mexicana. 

Estas propuestas, al estar incluidas en un documento oficial de campaña, fueron tomadas por muchas personas cineastas como una muestra directa del apoyo de López Obrador a exigencias hechas por cerca de 30 años. No obstante, la esperanza disminuyó con el inicio del nuevo sexenio. Al entrar en funciones, AMLO depositó su confianza en nuevas autoridades de la Secretaría de Cultura que, lejos de recuperar y ampliar lo esbozado en el proyecto electoral, han seguido —por acción u omisión— las mismas pautas neoliberales de sexenios anteriores. 

Afortunadamente, hace unos días, gracias a la intervención de trabajadores cineastas y senadoras y senadores comprometidos, se pudo poner pausa a la aprobación de una nueva Ley de Cinematografía —que era la misma vaca revolcada, un cambio cosmético a la actual ley salinista de 1992— y se abrió una gran oportunidad de cambio.

El coordinador de la bancada de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, anunció que se organizará pronto un parlamento abierto para discutir y formular una nueva iniciativa. Así pues, hoy señalo la necesidad de dar vuelta a la tortilla y asegurar que la nueva ley que surja de ese encuentro corresponda a las actuales condiciones políticas del nuevo gobierno de la 4T y rescate lo propuesto hace dos años en campaña. Sumado a lo ya expuesto arriba, sugiero incluir lo siguiente:

●    Declarar al cine mexicano como una actividad cultural de primera necesidad para el Pueblo de México.
●    Situar al cine mexicano como una labor urgente de regeneración nacional, con base en la absoluta libertad de expresión.
●    Privilegiar a la clase trabajadora y a los sindicatos que la representan:

  • Dotar de poder en la toma de decisiones a todas las y los trabajadores que hacemos el cine: directores, guionistas, actores, gerentes, fotógrafos, sonidistas, directores de arte, vestuaristas, editores, asistentes, músicos, scripts, post-productores, técnicos y manuales, etc.
  •  Asegurar que toda persona trabajadora sindicalizada goce de las prestaciones sociales indicadas en la Constitución, además de las regalías que obtenga de por vida por películas donde labore vía alguna sociedad de gestión.
  • Formalizar que la Secretaría de Hacienda otorgue recursos de forma directa a las y los trabajadores organizados en cooperativas y en diversas formas de producción laboral horizontal  originadas en los sindicatos.

●    Crear un banco cinematográfico que responda a las necesidades de la industria y otorgue créditos blandos con intereses bajos a largo plazo.
●    Formar una compañía estatal de producción cinematográfica que coproduzca con las y los trabajadores sindicalizados.
●    Apoyar al distribuidor independiente mexicano que favorezca la difusión de películas nacionales e internacionales de calidad, distintas a la oferta estadounidense. 
●    Subsidiar el costo del boleto en taquilla para películas mexicanas e incluir descuentos para niños, niñas, personas adultas mayores y persona con discapacidades
●    Establecer una opción para que cualquier persona pueda donar cinco pesos en apoyo al cine mexicano por cada boleto comprado para cualquier película. 
●    Crear una empresa estatal de exhibición con salas cinematográficas en toda la República para la exhibición de cine mexicano e internacional de calidad.

Si las y los senadores afines a la 4T hacen un esfuerzo por discutir e incluir estas demandas, se hará justicia al momento histórico del país y se logrará regenerar la industria cinematográfica.
 

Por Sergio Olhovich | martes, 04 de mayo del 2021.

Sergio Olhovich

Sergio Olhovich Greene nació en Soeban Djirigi, en las Indias Holandesas, hijo de madre tabasqueña y de un emigrante ruso llegado a México tras la revolución de su país en 1917. Se forma en México para dirección teatral con el actor y coreógrafo Seki Sano hasta 1961. Posteriormente, obtiene una beca en el Instituto Estatal de Cinematografía de Moscú, donde residió por ocho años. Entre sus largometrajes se encuentran: Muñeca reina (1971), poética adaptación del cuento de Carlos Fuentes, con Enrique Rocha y Ofelia Medina; sigue Evasión (1972), y La casa del sur (1974), sobre la permanente marginación y sometimiento de los indígenas mexicanos. Destacan también: Coronación (1975), protagonizada por Ernesto Alonso y Carmen Montejo, basada en la novela del chileno José Donoso; Angel River (México-Estados Unidos, 1984); Esperanza (México-URSS, 1988), un homenaje biográfico a su padre ubicado en el marco histórico de las revoluciones mexicana y rusa, y En un claroscuro de la luna (México-Rusia, 1999). El director también ha incursionado en el terreno del musical y en el cine de vocación histórica. Además, ha desempeñado por muchos años diversos cargos en la Sección de Directores del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC). Se ha desempeñado como director del Centro Bicultural Ruso Mexicano de Cine y Actuación.

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