El pasado 5 de abril se llevó a cabo una protesta masiva en Roma contra el plan de rearme de la Unión Europea.[1] Esta manifestación refleja el creciente descontento ciudadano hacia la militarización del continente y la priorización del gasto militar que promueve la Comisión Europea sobre necesidades sociales, como mitigar el costo de vida, que es la mayor preocupación popular y el primer reclamo de la población hacia el Parlamento Europeo.
Europa está obligada a replantear sus relaciones con el resto del mundo por la invasión rusa a Ucrania, la destrucción del gasoducto Nord Stream 2, un golpe directo a la soberanía energética europea; el auge de los BRICS; el genocidio en Gaza; el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, que exige compartir el gasto militar de la OTAN, con ambiciones expansionistas que tienen a Groenlandia en la mira, y la imposición de tarifas arancelarias a productos europeos, que tienen la intención de subordinar aún más a Europa a los intereses de Washington. La Unión ahora se encuentra ante la disyuntiva de continuar sujeta al modelo imperialista norteamericano o abrazar la esperanza de una visión pacifista para humanizar el orden internacional.
Ante esta situación, la Comisión Europea anunció el 4 de marzo el plan ReArm Europe para movilizar en los próximos cuatro años 800,000 millones de euros en gasto militar. Asimismo, para obtener el respaldo del Parlamento Europeo y facilitar su aprobación en los países, que deberán asumir un incremento en su presupuesto de 650,000 millones de euros, la Comisión promueve mayor flexibilidad fiscal para aumentar el déficit presupuestal y abre la posibilidad de asumir préstamos por otros 150.000 millones con el apoyo del Banco Europeo de Inversiones.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, buscando justificar este plan bélico, insiste que Europa debe ser capaz de defenderse por si misma y Kaja Kallas, su Alta Representante para Asuntos Exteriores, intenta aislar diplomáticamente a Rusia boicoteando la conmemoración del 80 aniversario del Día de la Victoria sobre la Alemania Nazi.[2] Y, aunque renombraron Preparación 2030 al plan de rearme por ser demasiado belicista, recurren en su propaganda al miedo lanzando una recomendación a la población civil para equiparse con un “Kit de Supervivencia”, que les permita enfrentar durante 72 horas y en solitario, desde desastres naturales hasta ataques militares, fomentando un sentimiento de desamparo generalizado.
El rechazo popular no se hizo esperar y la manifestación del 5 de abril en Roma, con más de 100.000 personas, fue el punto de inflexión. La consigna “No a la militarización, sí a la inversión social y la paz” tuvo eco en otras capitales, como Madrid y Berlín desde donde exigían, no solamente el fin del rearme, sino una política exterior coherente que no tolere más el genocidio en Gaza, que no convierta a Rusia en enemigo perpetuo y que recupere la soberanía energética, económica y ética de Europa, lo que implica forzosamente separarse de los Estados Unidos, un socio errático y poco confiable, con una sed insaciable de tributos.
En este marco, intelectuales como Jeffrey Sachs han ganado protagonismo. Sachs propone un rediseño total de la política exterior occidental estableciendo el diálogo directo con Rusia para alcanzar el alto al fuego en Ucrania, el fin del suministro de armas a Israel y una apuesta por el humanismo como el auténtico motor para el desarrollo. Para Sachs, y muchos ciudadanos, la paz no es ingenuidad, es una visión estratégica de futuro. Argumentan que el rearme perpetúa el ciclo de violencia y alimenta a las industrias que lucran con la guerra, mientras millones de europeos siguen enfrentando pobreza energética, falta de vivienda y precariedad laboral.
El verdadero debate no es militar, sino filosófico. Lo que está en juego es qué tipo de sociedad quiere ser Europa en las próximas décadas. ¿Un continente que invierte en armamento para prevenir la guerra?, ¿o una comunidad política que apuesta por la diplomacia, la equidad y los derechos humanos? Porque cada euro en misiles es un euro menos en hospitales y escuelas, y cada silencio ante Gaza erosiona la legitimidad de Europa para hablar en nombre de la paz.
El rearme es evitable, es una decisión política que puede ser revertida confrontando a la Comisión Europea, que está a favor de la guerra, con las mayorías europeas que desean que el Parlamento Europeo se enfoque en luchar contra la inflación, el aumento de precios y combatir la pobreza y la exclusión social.
[1] Protestas masivas en Roma contra el plan de rearmamento de la UE de 800.000 millones de euros
[2] Kaja Kallas advierte a los países candidatos a la UE que no asistan al 9 de mayo en Moscú | News | ERR




