Ciudad de México a 11 diciembre, 2025, 14: 47 hora del centro.
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La política espectáculo

Iván Juárez-Horizontal

«Y es verdad soy un payaso
Pero, ¿qué le voy a hacer?
Uno no es lo que quiere
Sino lo que puede ser».
Rafael Pérez Botija

En la era de la hiperexposición mediática, el poder ya no se ejerce solo desde el Estado o el capital, sino también desde el espectáculo. Donald Trump, Javier Milei y Ricardo Salinas Pliego encarnan tres formas de liderazgo que, aunque distintas en origen y función, convergen en su capacidad de polarizar, provocar y construir una narrativa de “anti-sistema” desde posiciones privilegiadas. Este ensayo compara sus características ideológicas, políticas y de personalidad, revelando cómo se entrelazan el populismo, el libertarismo y el empresariado mediático en una danza de poder y espectáculo.

Donald Trump se presenta como un nacionalista conservador, defensor de políticas proteccionistas, migratorias restrictivas y una retórica anti-globalista. Aunque ha coqueteado con el libertarismo para atraer votantes, su visión del Estado es más autoritaria que liberal.

Javier Milei, por el contrario, se autodefine como un “libertario puro”, con una cruzada contra el Estado, los impuestos y la “casta política”. Su ideología se basa en la Escuela Austríaca de economía y en una defensa radical del libre mercado.

Ricardo Salinas Pliego, aunque no es político, ha adoptado posturas libertarias en redes sociales, criticando el Estado, defendiendo la libertad individual y atacando lo que llama “socialismo disfrazado”. Asimismo, recurre reúne rasgos de la ultraderecha como lo es el racismo, el clasismo, la discriminación y el culto a la religiosidad; esto último apenas exhibido en su intento de grito de “independencia”, el cual fue producido y transmitido por su televisor.

El magnate ha gobernado como presidente de Estados Unidos, usando el aparato estatal para imponer su visión. Su estilo político se basa en la confrontación, el uso de redes sociales como arma, y la deslegitimación de sus opositores.

El libertario, como presidente de Argentina, ha intentado aplicar su ideología libertaria en un contexto institucional que lo limita. Su política se caracteriza por decretos, choques con el Congreso y una narrativa de “guerra cultural” contra el progresismo.

El evasor de impuestos, sin cargo público, ejerce poder desde el capital y los medios. Su influencia política es indirecta pero efectiva: financia campañas, opina en redes, y usa su conglomerado mediático para moldear la opinión pública. Es un actor político sin partido, pero con agenda.

“El Taco” es un showman: altivo, provocador, narcisista. Su estilo mezcla el reality show con la política, apelando a emociones más que a argumentos. Se presenta como víctima del “sistema corrupto” aunque lo ha explotado como empresario.

“El Loco” es un outsider académico convertido en rockstar político. Grita, insulta, se rodea de símbolos como la motosierra, los leones y los billetes. Su personalidad es performativa, diseñada para romper con la solemnidad institucional.

“El Tío” es un empresario irreverente: tuitero compulsivo, sarcástico, provocador. Se burla de políticos, periodistas y ciudadanos, construyendo una imagen de “millonario rebelde” que se ríe del sistema desde dentro.

Es decir: Trump, Milei y Salinas Pliego representan tres formas de ejercer poder en el siglo XXI: desde el Estado, desde la ideología y desde el capital. Aunque sus contextos son distintos, comparten una estrategia común: construir una narrativa de antagonismo, presentarse como “anti-sistema” y usar el espectáculo como herramienta de dominación. En un mundo donde la política se ha vuelto entretenimiento, ellos son los protagonistas de una tragicomedia que mezcla neoliberalismo, populismo e ironía empresarial.

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