La productividad laboral en la pandemia

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La productividad laboral en la pandemia

Por Luis Felipe Munguía | miércoles, 16 de septiembre del 2020.

La semana pasada INEGI dio a conocer el Índice Global de Productividad Laboral de la Economía, que es una aproximación trimestral del comportamiento de la productividad en México. Resulta de calcular el valor producido (PIB) entre el número de trabajadores o el número de horas trabajadas. 

La sorpresa es que, a diferencia de lo que había sucedido en otras crisis, en el segundo trimestre del año la productividad (medida con horas) creció de forma muy acelerada; es decir, creció en 9.81% con cifras desestacionalizadas. La explicación aritmética es que el PIB cayó 17.1% en el segundo trimestre del año, mientras que el número de horas se desplomó en 43.8%. Sin embargo, la explicación más profunda puede tener muchas aristas que tendrán un efecto más duradero en el mercado laboral.

La primera explicación más evidente es que los empleos -y por tanto el número horas- que se perdieron, se concentraron en los sectores menos productivos de la economía. La evidencia de los mismos datos del INEGI muestra que la mayor pérdida en empleos se concentró en el informal. Mientras tanto, los datos del IMSS (que muestran a aquellos trabajadores que cuentan con un empleo formal) indican que quienes ganan menos son los que perdieron sus empleos. Usualmente, los empleos con salarios más bajos y los del sector informal son menos productivos, por lo que esto es una muy posible explicación de este incremento en la productividad, ya que ésta se mide sólo con los trabajadores que están empleados.

Una segunda alternativa para este crecimiento en la productividad puede ser que los datos generados por INEGI no sean 100% compatibles con los que se usaban en el trimestre anterior. Hay que recordar que el instituto desarrolló una nueva encuesta telefónica que tiene un error relativo mucho más alto comparada con la encuesta tradicional que se hacía por medio de entrevistas en persona. Por tanto, es plausible que la medición del número de horas sea más inexacta y que el incremento en la productividad se deba a un error de medición.

Finalmente, una tercera explicación es que realmente se haya incrementado la productividad. Muchos trabajadores y trabajadoras tienen que ir a su oficina o puesto de trabajo, donde no necesariamente son eficientes y productivos. Esto aplica principalmente al sector servicios, donde es práctica común permanecer en el puesto de trabajo durante más de diez horas diarias. Sin embargo, a lo largo de la jornada, sólo se trabajan alrededor de cuatro horas efectivas. Es común que se pierda tiempo en reuniones innecesarias, distracciones, o simplemente en esperar para cumplir con el horario de salida. En este nuevo esquema de trabajo remoto, los trabajadores terminan su trabajo y cumplen con todos sus objetivos en un menor número de horas, para así gozar del resto del día realizando otras actividades, lo que potencialmente incrementa la productividad laboral.

Posiblemente, el mundo laboral cambie después de que terminen las medidas de confinamiento y se decida continuar trabajando remotamente. Varias empresas optarán por este tipo de esquemas, sobre todo si les representa un menor gasto en las oficinas. También muchos trabajadores preferirán este tipo de esquema, porque la flexibilidad laboral es un bien muy apreciado, que les permite desarrollar otras habilidades, capacitarse, o simplemente, pasar más tiempo con su familia.

El incremento de la productividad puede ser una combinación de las tres explicaciones que expuse, por lo que hay que esperar un poco más para poder determinar qué es lo que realmente ocurre. Es muy complicado poder entender que ha sucedido con la productividad, el mercado laboral y la economía en general, en un contexto que no tiene precedente. Pero, sin duda, esta crisis precipitó muchos cambios tecnológicos y de relaciones laborales, que no hubieran ocurrido en otras circunstancias. 
 

Por Luis Felipe Munguía | miércoles, 16 de septiembre del 2020.

Luis Felipe Munguía

Luis Felipe Munguía Corella.Es economista por la Unison, Maestro en Economía por el COLMEX y Doctor en Economía por la Universidad de California. Está especializado en salarios mínimos, política laboral y desigualdad. Ha escrito varias publicaciones sobre el análisis económico en políticas públicas, con énfasis en salario mínimo y discriminación laboral. Actualmente, es Secretario del Consejo de Representantes y Director Técnico de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI).

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