Ciudad de México a 5 diciembre, 2025, 14: 43 hora del centro.
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La raíz política nace en lo local

postal PP horizontal Alexandra Huerta

Los gobiernos locales no sólo son el primer contacto de la ciudadanía con las instituciones gubernamentales, sino que también son los primeros en dar una percepción de la eficiencia de estas. Si una persona que simpatiza con un partido político tiene una mala experiencia desde lo local, esto puede representar un punto de inflexión en su simpatía, en su aprobación y hasta en su ideología política. Es por eso que un gobierno progresista, siempre debe apuntar a un modelo de bienestar social para todas y todos.

Los gobiernos locales son el reflejo de la ideología política que predomina en los territorios, del cómo las personas, como una comunidad mayoritaria, perciben su entorno político, social y cultural; y esto, para los partidos políticos, es funcionalidad y vitalidad en sí mismos: su representatividad.

Cuando hay elecciones, los partidos políticos no dirigen su estrategia de movilización desde los gobiernos federales a los locales con la ciudadanía, sino que, primordialmente, se suele poner en primera instancia, más énfasis desde los gobiernos locales a los estatales, y de los estatales al federal. Es como un sistema que inicia desde abajo, con la concientización en las calles, y luego, con la participación ciudadana.

La ciudadanía por sí misma se organiza, Aristóteles concebía al ser humano como un zoon politikón; esto es, que por sí mismo, cada individuo es un ser social que crea comunidad en donde incluso, en ocasiones no la hay o no está organizada, y este a su vez en un país democrático, se involucra libremente en los asuntos públicos.

La ideología política tiene un rol que va más allá de la percepción, simpatía o aprobación. La ideología política genera un sentido de pertenecía en las personas, y este sentido de pertenencia genera arraigo, el cuál remite al sentir de la patria en aquella delimitación territorial, derivando en una fijación local en el espacio que lo conforma. Incluso si la persona se va del lugar, este arraigo sigue vigente. Es decir, el ser humano genera arraigo cuando hay sentido de pertenencia política, social o cultural que lo involucra directa o indirectamente. En el servicio público, es aquí en donde juegan un papel fundamental los partidos políticos.

La ideología política que tiene un individuo, tiene un efecto directo en la visión del mundo, que da a cada uno respuestas a las interrogantes que se pueden llegar a plantear sobre los asuntos que ocurren a su alrededor, teniendo como resultado fuerzas e ideas que se proyectan en la participación activa, la cual se organiza y capacita a modo de coadyuvar tanto en los individuos como en los grupos que participan activamente. En lo político, todo esto deviene en acción social que puede verse reflejada en las elecciones, y estas, en las acciones de política pública de un gobierno, que bien, son la proyección de todo esto.

El papel del político tiene relevancia cuando este se vuelve actor de la acción social (política); es decir, Cicerón sostenía que no hay nada que acerque más al ser humano a lo divino que el arte de fundar ciudades y de cuidar las ya fundadas. Esto es debido a que una ciudad, no son solo casas, calles y edificios, sino un conjunto de voluntades, deseos y expectativas, y el actor social genera vínculos de compromiso con las y los ciudadanos que, a su vez, participan activamente por medio de la democracia, iniciativas, propuestas, etc.

El ser humano al ser un zoon politikón como sostenía Aristóteles, tiene una necesidad inherente de crear estructuras comunitarias y espacios de arraigo, y el valor intrínseco recae en que es en estos espacios en donde busca su desarrollo pleno a través de estas estructuras.

La raíz política nace en lo local, porque es aquí en donde convergen todas las creencias, simpatías y percepciones de lo que las y los individuos esperan de sus gobiernos en el sentido social más estricto, en donde la identidad política se transforma y adapta continuamente por el bien de una comunidad. En este sentido, los gobiernos progresistas y de izquierda tienen una responsabilidad histórica, pues deben sobreponer sus compromisos, valores y principios siempre por delante de cualquier agente externo que debilite sus propósitos, accionando siempre por y para el bienestar común de la ciudadanía arraigada.

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