Pluma Patriótica

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La violencia disfrazada de amo

La violencia disfrazada de amor romántico

En el marco del inicio del mes del amor y la amistad, es pertinente hablar del amor romántico y su intersección con la violencia de género. Las relaciones de pareja suelen estar fundamentalmente desbalanceadas por cuestiones estructurales de poder, por lo que vale la pena politizarlas para poder vigilarlas. Según el INEGI, en 2016, en México, el 68% de las mujeres reportó haber sufrido algún tipo de violencia en alguna de sus relaciones de pareja. Probablemente este número sería aún más alto si la violencia emocional no estuviera socialmente normalizada, pero, aunque no fuera así, el dato sigue siendo perturbador.

Antes de adentrar en lo que constituye la violencia de pareja, vale la pena recordar que, si bien durante siglos el matrimonio tenía mucho que ver con una inversión económica por parte de las familias y poco con el amor, también es cierto que, como decía la feminista rusa, Aleksandra Kollontai, la socialización de las mujeres siempre ha estado orientada hacia el amor romántico y sus implicaciones sociales. Desde niñas, a la mayoría nos enseñan que el matrimonio y la maternidad son el gran proyecto de vida asignado a nosotras. Por el contrario, para los hombres, es una porción de un proyecto de vida mucho más amplio. Y si bien hoy los proyectos de vida de las mujeres son más diversos que los de nuestras abuelas, las niñas siguen siendo educadas para la vida en la esfera privada, lo cual nos pone en una desventaja automática.

Mucha de la teoría feminista argumenta que la capacidad de gestación es la raíz de la opresión patriarcal. La concepción social de la maternidad, además, fortalece el confinamiento de las mujeres a la esfera privada. Esto, a su vez, permite que los hombres dominen la esfera pública, lo que les permite ser proveedores de recursos económicos y, por lo tanto, tener también el poder en el espacio privado, pues como dice el sabio dicho «el que paga manda». No por nada la consigna más famosa del feminismo probablemente es «lo personal es político», pues es indispensable tratar los asuntos del espacio privado como problemas públicos para poder resolverlos.

Parte de empezar a politizar los problemas usualmente considerados como privados, consiste en identificar dinámicas violentas. Aunque generalmente las únicas formas de violencia que se articulan como tales son la física y la sexual, la violencia tiene muchas formas. Las relaciones violentas suelen también estar plagadas de abuso emocional. Los celos, el atosigamiento, el control, el espionaje —incluyendo el físico y el virtual—, la humillación y la manipulación son sólo algunos ejemplos de violencia de pareja. La mayoría de estos comportamientos han logrado ser normalizados y erróneamente catalogados como actos de amor.

Por otro lado, se ha encontrado un patrón muy claro en las relaciones violentas que consiste en el uso del amor romántico como ancla emocional que sirve para posteriormente poder seguir ejerciendo violencia sin que la pareja huya de la relación. Por ejemplo, una serenata después de una golpiza. Con esto no busco satanizar los actos de amor romántico, pero, dada la grave situación en la que nos encontramos, es un llamado a vigilar que el amor romántico no esté siendo en realidad un mecanismo de control violento.

La gran mayoría de las expertas coinciden en que es indispensable tratar el problema de la violencia de pareja desde lo público, pues si apelamos al proceso individual y privado, tardaremos generaciones en avanzar. Para atacar la violencia de pareja desde este ámbito, es indispensable que existan dos estrategias conjuntas: 1) un cambio en la narrativa pública, donde se deje de romantizar la violencia y se definan correctamente todas sus formas; y 2) que existan mecanismos de escape —que van desde las denuncias con perspectiva de género hasta albergues públicos—. De no ser así, seguiremos permitiendo que las flores y los chocolates tan comunes en febrero, sigan tapando la oscura realidad de la violencia de pareja.

Renata Turrent. Maestra en políticas públicas por UCLA con especialidad en trabajo social y licenciada en economía por el Tecnológico de Monterrey. Profesora de desarrollo económico y género en la UNAM y experta en políticas públicas con enfoque feminista. Ha trabajado en el desarrollo e implementación de programas de reinserción para jóvenes privados de su libertad.

@rturrent

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