Pluma Patriótica

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La violencia no es natural

La afirmación del antropólogo Francisco Jiménez Bautista “El ser humano es conflictivo por naturaleza, pero pacífico o violento por condicionamiento cultural. La violencia del ser humano no está en sus genes, sino en su ambiente” nos da pie para hilvanar un hilo discursivo sobre la violencia, la cultura de la paz, la violencia contra las mujeres y las posibles soluciones a profundas problemáticas. Existen múltiples definiciones de la violencia y tipificaciones (violencia juvenil, de género, sexual, étnica, racista, familiar, ancestral, endémica, terrorista, discursiva, abierta o simbólica, corporal o psíquica, cotidiana o estructural, entre otros) para dar una aproximación a la violencia y su fundamento básico (el poder. Más allá de las categorías de la violencia, hay que precisar que nos referimos a ella como relaciones de poder asimétricas, y su vinculación con diferentes estructuras de dominación (de acuerdo con Gramsci, relaciones de hegemonía y subalternidad). En concreto, sería la forma de imponer un posicionamiento sobre otro; en 1986, durante un encuentro mundial multidisciplinario, se llevó a cabo lo que se denominó el posicionamiento de Sevilla (en esa ciudad fue el encuentro). Mediante este documento los expertos aportaron las bases científicas para demostrar que la violencia no es un componente genético de la especie y que más bien es un fenómeno producto de la cultura, y que los comportamientos violentos son, desde luego, una evolución condicionada por el entorno social (económico, político y cultural). En consecuencia, ya desde finales de la década de los 80 la ONU y diversos especialistas han trabajado sobre la construcción de la cultura de la paz.

Dentro de la diversidad de violencias, hay una que se ha ido incrementando: la violencia de género contra las mujeres. Dados los marcos normativos internacionales, las leyes locales y los programas para abatir este flagelo, la pregunta es ¿por qué no cede? Una posible respuesta es justo que, como la violencia hacia las mujeres es cultural, se ha naturalizado…  Es más: a mayor avance del ejercicio de los Derechos de la Mujeres y el aumento de la autonomía de las mismas, hay más violencia; los hombres no quieren ceder espacios (políticos, económicos, sociales) a las mujeres, no lo creen “natural”, porque asumen que ellas tienen que dedicar el mayor tiempo posible al cuidado de otros, y si transgreden estas normas culturales, las someten con la violencia. La violencia de género contra las mujeres se puede definir como aquellas formas de violencia que encuentran su explicación en las definiciones y relaciones de género dominantes en una sociedad dada; la violencia de género contra las mujeres se sustenta en relaciones de género desigualitarias. Es decir, en el desigual poder económico, político, simbólico y social de hombres y mujeres. Tomado en cuenta los mandatos culturales en hombres y mujeres sobre la supremacía de los primeros, es importante, primero, desnaturalizar la violencia, reflexionando sobre los roles y estereotipos tradicionales de género, propiciando más procesos formativos con hombres sobre la violencia y sus causas, analizando la violencia simbólica en los medios de comunicación, en general con acciones tendientes a la reflexión, a la toma de conciencia, junto con la utilización de los canales jurídicos para la denuncia de la violencia contra las mujeres. La violencia contra las mujeres es un problema de la sociedad en su conjunto, de hombres, mujeres y las instituciones que las representan y en conjunto se tiene que resolver. Este día internacional de la violencia contra las mujeres se trata básicamente de participar en eventos dedicados al tema, informarnos y reflexionar que ninguna violencia es natural, y que la violencia de género contra las mujeres profundiza las desigualdades, lastima a la sociedad y, sobre todo, nos aleja de la paz.

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