Bolivia se convirtió en el faro de esperanza para los Pueblos de América Latina desde los inicios del siglo XXI, sin duda los logros sociales alcanzados bajo el liderazgo de Evo Morales y el MAS (Movimiento al Socialismo) fueron contundentes. Entre otros aciertos a favor de las mayorías, se verificó un mayor crecimiento económico -acompañado de una equitativa distribución de la riqueza-, los Pueblos indígenas y originarios se colocaron en el centro, se redujo la pobreza y se triplicó el Producto Interno Bruto; sin embargo, esta historia parece haber llegado a su fin con la más grande y dolorosa derrota de la izquierda en las elecciones presidenciales del domingo 17 de agosto.
La descomposición interna del MAS, la visión unipersonal del poder del expresidente y principal referente del ascenso de las fuerzas populares en Bolivia Evo Morales, la falta de altura de miras, el desprecio por la unidad antes que los intereses personales, los abusos de poder, y otros factores han desencadenado que dos candidatos del espectro centro- derecha, el senador Rodrigo Paz Pereira y el ex presidente Jorge “Tuto” Quiroga Ramírez, sean quienes disputarán la presidencia de Bolivia en una segunda vuelta el 19 de octubre, tras obtener las mayores votaciones en los comicios de este domingo, según el conteo preliminar de la autoridad electoral.
Con estos resultados ya es una realidad política que la izquierda deberá entregar la presidencia de Bolivia el próximo 8 de noviembre. Guiados por una serie de dirigentes que se extraviaron en los laberintos del poder por el poder, los militantes y simpatizantes del MAS que en otras épocas se enfrentaron y vencieron campañas racistas, golpes de estado, intervencionismo y guerras sucias, hoy observan un sueño destruido por sus compañeros que encumbrados perdieron la brújula y enterraron la utopía. La perdida de unidad y programa política se advierten como los rasgos del colapso, de un movimiento que llegó a ser ejemplar.
La división fue tal, que se dilapidó el triunfo del MÁS en 2020 —cuando Luis Arce obtuvo el 55% de los votos—, y meses después de que el Pueblo derrotó un golpe de estado en el contexto de la pandemia de 2019. Ahora la izquierda ya divida naufragó en tres bloques:
- Eduardo del Castillo, candidato del MAS, y que habría conseguido apenas 3.6 % de la votación.
- Andrónico Rodríguez, el otro candidato izquierdista, quien rompió con el MAS y contendió por otra alianza, con un mejor desempeño, pero también quedó alejado con 8% de los sufragios.
- Evo Morales se condujo en la época reciente bajo la premisa de “soy yo o no es nadie” y llamó a anular el voto toda vez que no se le permitió participar en él proceso electoral, lo que, si bien es una medida cuestionable y ejecutada contra el exlíder cocacolero, significó una muestra de la debacle que implica concebir el poder como un fin personal y no como un medio para construir anhelos colectivos. En tanto, los seguidores de Morales se empeñaron en anunciar el boicot al proceso democrático lo que terminó por marginarlos en la coyuntura. Morales desde octubre de 2024 se resguardó en un poblado del centro de Bolivia donde simpatizantes lo han protegido para evitar su detención, pues fue acusado de diversos casos de corrupción, fue el primer presidente indígena de Bolivia que gobernó entre 2006 y 2019, e intentó competir en esta elección por un cuarto periodo presidencial.
Aprovechando el contexto de división en la izquierda, emergió una figura que hasta apenas semanas no estaba ubicada en el radar electoral, el senador Rodrigo Paz del Partido Demócrata Cristiano, quien se posicionó como la supuesta oposición ante todo el sistema, incluyendo a los viejos partidos y a la clase política del MÁS en un mismo saco. Paz rompió con los pronósticos de encuestas, se trata de un personaje que se forjó en el exilio por la persecución que sufrieron sus padres durante las dictaduras militares, pero formado académicamente en EEUU. Paz ha referido que Bolivia volverá a la economía mixta, pero su desempeño real de ganar la presidencia es todavía una incógnita, si bien primero tiene que ganar la segunda vuelta, tiene a su favor ser el factor disruptivo, y además que Doria Medina, quien quedó en tercer lugar con 19.3 % de los sufragios, reconoció su derrota y manifestó que apoyará a Rodrigo Paz en el balotaje.
La ola progresista que marcó las primeras décadas del siglo en América Latina llega a un punto donde habrá que considerar y analizar puntualmente las lecciones del 17 de agosto en Bolivia. El consuelo de Evo Morales de alcanzar el 19% de votos nulos parece ser un argumento escaso tomando en cuenta que uno de los proyectos más eficaces de cambio social empujado por el Pueblo de a pie ha sido desplazado por la centro- derecha y tomando en cuenta el desmantelamiento de logros sociales y las contrarreformas que podrían venir. Como en Argentina, habrá que reflexionar desde la autocrítica, y quizá nuevas generaciones forjadas en los mejores momentos del MAS y los movimientos sociales, en la honestidad de alcanzar sueños de justicia de todos y para todos, pueda organizarse para retomar el rumbo.



