La crisis que vive la oposición, sin darle más vueltas, es la herencia que han recibido de un pasado que estuvo plagado de corrupción. Eso, sumado al narcisismo que mostraron sus cuadros más visibles, los hizo ir ganándose el desprecio de la sociedad. Todo eso ha sucedido, para ser precisos, enseguida de que Andrés Manuel López Obrador ganara la presidencia de la República y, con ello, hiciera historia como el primer gobierno emanado de la izquierda y la lucha democrática del país que conquistó el poder por mandato popular. Desde luego, la movilización y la resistencia pacífica luego de los fraudes electorales que se perpetraron fueron atenuantes para mantener esa erguida posición por una razón muy poderosa que el mismo AMLO, una y otra vez, hizo patente ante la importancia que significa el Pueblo de México, como el principal impulsor.
La fecha que marcó ese hito tan sustancial, que ha quedado marcada en nuestros corazones y memoria, es el comienzo de una etapa que, por su relevancia, auguramos duradera, especialmente por la buena labor que realizó AMLO. Y qué decir de la misma presidenta constitucional, Claudia Sheinbaum, una de las mujeres, de acuerdo con datos internacionales, más poderosas e influyentes del mundo. Eso comenzó a brotar desde que Sheinbaum mostró sus atributos ante los ojos del universo; su capacidad para negociar con los Estados Unidos, específicamente en un clima de tensión, hablan de las cualidades de una digna heredera del bastón de mando. Por eso y por muchas cosas, se ha hecho merecedora de ese abrumador respaldo de la ciudadanía. Más del 82% de la gente, de plano, confía ciegamente en el quehacer que está realizando. Eso, a la par del duro golpe que significa para la oposición, ha ido dejándole claro que, pese a la maquinación, abunda más el desarrollo y el trabajo constante de un gobierno humanista en todos los sentidos.
Y la consagración de Morena, sumado a lo altamente competitivo que significa el proceso que vendrá hacer gala del relevo de 16 gubernaturas, ha motivado a la oposición a seguir la misma estrategia de maquinación porque, simple y sencillamente, el PRIAN se ha convertido, a pesar de los esfuerzos, en un contrapeso blandengue. Han dejado de ser, para ser más precisos, una voz que cautive a la ciudadanía, es más, esas posturas peyorativas las sigue rechazando la población y, lo mejor de todo, las pone al descubierto para evidenciar el grado de cinismo que tiene el conservadurismo. El punto crucial para ellos es que al no existir un argumento sólido para la descalificación, caen en la calumnia y la infamia tradicional de una narrativa que no le interesa, al menos a más del 82% de la población que confía totalmente en el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Pero hay una minoría, que por muchos otros intereses o simplemente por cuestiones ideológicas, siguen creyendo en el PRIAN. Se vale, vivimos en un país de corte democrático que, por fortuna, se ha inclinado por la propuesta de nación que sigue echando raíces. Es decir, el polo de la transformación y el humanismo. Por eso la oposición, con dolo, ha tratado a toda costa de poner en tela de juicio la gobernabilidad. La mañanera, a la par de distintas voces que se han vuelto vehículos para desenmascarar al PRIAN, han saltado al escenario y, con ello, se han consagrado como auténticos defensores de la 4T. En ese sentido, nos hemos identificado con Arturo Ávila, diputado de Morena, y una de las piezas cruciales para la aprobación de las reformas constitucionales. Su estilo propio para hablar desde el pleno, aunado a esa voz elocuente que muestra a diario en varias mesas de análisis con gran audiencia a nivel nacional, lo ponen en los reflectores como ese relevo generacional que tanto hizo énfasis el expresidente López Obrador.
Todo apunta que Arturo Ávila, con ese oficio de recitar golpes contundentes a la oposición, está hecho a la medida para ser, en un futuro inmediato, uno de los grandes prospectos de este proyecto de transformación. Hablamos de participaciones y mesas de análisis que, por la capacidad de la audiencia, son muy atractivas para quienes siguen de cerca esos espacios. No cualquiera ha logrado escalar a esas latitudes, sobre todo porque defiende a capa y espada el trabajo de la presidenta y, por supuesto, los cambios sustanciales que se están dando desde el legislativo federal con las reformas constitucionales. Ese espíritu combativo de Ávila, hay que decirlo así, lo pone como una de las voces más visibles y elocuentes de la 4T.
Arturo Ávila, en debates y contraste de posturas, ha hecho vivir penosos momentos a los representantes del PAN y PRI, que no tienen argumentos para defenderse. Y alguien que pone en jaque a la oposición, evidentemente, se coloca ante los ojos de todo el mundo, en especial por la sagacidad y la sensatez que demuestra a cuadro. Y no hablamos de simples debates, sino de acaloradas discusiones que no han dejado nada contentos a los de la oposición, pues el vocero de la fracción parlamentaria de Morena, una y otra vez, les ha ganado en la mesa pese a los esfuerzos aislados de una derecha que, hace años, está contra las cuerdas.
Morena, ya lo dijimos con fundamento, ganará las 16 gubernaturas que se jugarán en las elecciones intermedias del 2027, incluyendo, por supuesto, Querétaro, Chihuahua y Aguascalientes. En esta última, por cierto, ha florecido un gran orador que se ha formado en esa cultura del trabajo y del esfuerzo. Hablo de Arturo Ávila, una de las voces más elocuentes del proyecto de Transformación.



