Algunas feministas de la década de los sesenta abordaron la importancia de lo personal y de la esfera privada como un locus de discriminación contra las mujeres, pero la frase “Lo personal es político” se empezó a utilizar en 1965 y se acuñó en los EE. UU., a finales de los sesenta, por el entonces naciente movimiento feminista llamado Women´s Liberation Movement. Fue una feminista radical de Nueva York quien escribió el primer artículo publicado sobre esta idea/acción, que constituye un verdadero slogan feminista, mediante un artículo denominado “The Personal is Political”, Carol Hanish, en 1969 —que se distribuyó “mimeografíado” de un grupo feminista a otro— explicaba ampliamente por qué la concientización no es terapia, aunque pueda ayudar a las mujeres a sentirse mejor al reconocerse como valiosas.
Carol refutaba la creencia de que todas las actividades privadas de las mujeres, entre los que podemos citar los cuidados, la crianza, el trabajo no remunerado, hasta el aborto y la división sexual del trabajo, debían permanecer así, en lo privado y por tanto, ajeno a las políticas públicas, posicionándose en contra de esta creencia -muy propia del sistema patriarcal- e invitando a las mujeres a hablar de todo aquello que se consideraba privado, a abrir el diálogo, organizarse y luchar contra la opresión que las mantenía silenciadas… así, ¡lo personal es político!, se convirtió en insignia, visibilizando una problemática que prevalece hasta nuestro contexto. Con este artículo, fue cómo las mujeres tomamos consciencia de que, a pesar de ser diversas todas, teníamos en común experiencias de invisibilización, de discriminación, exclusión y opresión, que variaban en frecuencia y en intensidad o gravedad, dependiendo de la clase, etnia u otra condición, pero, además, entendimos que esto sólo se podía explicar gracias a la existencia de un sistema que nos mantenía oprimidas a todas, a pesar de nuestras enormes diferencias. Y, entonces, dimensionamos lo que sucede a partir de una experiencia personal de discriminación o exclusión, pues responden a un sistema político de opresión de todas las mujeres, y de que ese sistema político era el patriarcado.
Cuando afirmamos que “lo personal es político” nos basamos en múltiples espectros de la vida privada de nosotras, las mujeres, como las relaciones, el amor, nuestros cuerpos, la sexualidad, el matrimonio, nuestra relación con la religión, con nuestro aspecto y todas aquellas prácticas que guardamos para nosotras mismas. Y en un necesario proceso de autoconciencia, quienes tenemos este referente, cuestionamos todas estas relaciones que están encuadradas en los márgenes del sistema patriarcal, así como todos los aspectos que atraviesan nuestra vida personal, abriendo la puerta al diálogo con otras mujeres, grupos sociales, instancias gubernamentales, medios de comunicación… y es así que lo convertimos en un acto político y público, donde las mujeres nos hacemos escuchar. Las mujeres hemos tomado conciencia de que todo lo que vivimos (violencia en el noviazgo, en el matrimonio, manipulación, agresiones físicas, violencia institucional, sexismo, exclusión lo laboral – escolar, devaluación de su trabajo no remunerado, entre muchísimas otras condiciones limitantes, violentas, discriminatorias, etc.) no son hechos aislados, sino un común denominador para todas, en distintos niveles y etapas de la vida, y por tanto, no son problemas de lo privado, son problemas de lo público.
¿Por qué lo personal es político?, escrito por Alda Facio, recoge algunos postulados y nos permite acuerparnos a la lucha de las otras y comenzar a convertir todas las opresiones históricamente silenciadas, en un acto de político que necesita ser atendido por el Estado. En nuestro ámbito privado, nos permite entender y no juzgar a nuestras ancestras, a nuestras hermanas… reconociéndoles, inclusive, las múltiples estrategias empleadas para sobrevivir dentro de una familia patriarcal. También nos ayuda a ausentarnos de actividades colectivas, para acudir donde nuestras madres, hermanas o amigas, cuando nos necesitan, reacomodando las diferentes relaciones donde hemos colocado el amor, pues significa darse cuenta de que gran parte del dolor y de las experiencias difíciles que cada una ha vivido es en la intimidad, en la familia.
Más allá de una frase aprendida, entender que lo personal es político y buscar la coherencia entre lo que decimos, pensamos y actuamos, es un proceso que nos ayudará a ver el poder de esas estructuras patriarcales y a saber que no podremos destruirlas ni superarlas todas, en solitario. Dejemos de juzgar o menospreciar a las mujeres por nuestra vida íntima, nuestras relaciones afectivas o nuestras conductas en lo privado, y visibilicemos todo aquello que nos mantienen a todas oprimidas, de tan diferentes, como numerosas maneras.



