Pluma Patriótica

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Los fantasmas de Pablo Lemus

Zapopan y Guadalajara desbordan problemas. Como una premonición, estallan crisis cada dos días en la metrópoli: la escasez de agua, la seguridad y el reciente colapso de un techo dentro de un edificio multimillonario de servicios municipales que construyó Lemus. Todas estas cosas apuntan a lo artificial de una administración sostenida con palillos.

Lemus, repitiendo la fórmula de mercadotecnia de Movimiento Ciudadano, niega tener militancia en partidos políticos, pero utiliza al partido naranja como agencia de marketing y trampolín para catapultarse al poder. Como hemos señalado desde esta columna, Lemus defiende solo una cosa: los negocios inmobiliarios que tiene en la ciudad en conjunto con Enrique Alfaro y su familia. Lemus y Alfaro son socios y eso es innegable. Prueba de ello es que fue el único candidato a Guadalajara que no se pronunció a favor de recuperar un terreno en el oriente de Guadalajara, subastado y revendido por ayuntamientos panistas y emecistas, todo en contubernio con empresas inmobiliarias.

Pablo Lemus se ve desencajado. Carece de una característica vital de Enrique Alfaro: tiene poca resistencia ante el conflicto. Mientras que el gobernador crece con los conflictos, el alcalde se enrojece (literalmente) en cada debate cuando se le señalan las empresas financieras que posee su madre, sus intereses inmobiliarios en las costas y los complejos instrumentos financieros con los que endeudó a Zapopan. Lemus es un neoliberal “buena onda” pero que, como buen empresario, no está dispuesto a renunciar a su tranquilidad personal para gobernar.

Por eso, ahora Lemus busca acusar al SAT y a Andrés Manuel López Obrador de una persecución política. El resultado de la elección en Guadalajara está en empate técnico entre Morena y Movimiento Ciudadano. Independientemente del resultado, los grandes problemas de nepotismo, los incrementos de impuestos municipales más grandes del país y la violencia (siempre vinculada a la permisividad de lavado de dinero inmobiliario en Zapopan) se robarán la tranquilidad de Lemus, que ha decidido meterse en la contienda para defender sus intereses. 

Probablemente Lemus no gobernará y gozará de cierta protección de Alfaro durante 3 años, pero después de eso inevitablemente pagará el costo de ignorar los fantasmas inmobiliarios, financieros y familiares que lo persiguen.

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