La juventud mexicana representa aproximadamente una cuarta parte de la población total del país, siendo un grupo clave para el desarrollo social y económico. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en el primer trimestre de 2024, hay 31 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, lo que equivale al 23.8% del total poblacional. Sin embargo, a pesar de su tamaño e importancia, este sector enfrenta múltiples desafíos, principalmente en materia de crecimiento económico y generación de empleos.
En México, hablando en términos de inclusión política real falta mucho pero un paso importante fue la reforma constitucional aprobada en abril de 2023, que redujo la edad mínima para ser diputado de 21 a 18 años, promoviendo así un mayor reflector para este sector de la población en el ámbito político.
No obstante, la representación de los jóvenes en el Congreso mexicano sigue siendo limitada. Un estudio de la Secretaría de Servicios Parlamentarios de la Cámara de Diputados, realizado en 2022, revela que, en las últimas seis legislaturas, los diputados menores de 30 años han ocupado en promedio solo el 6.1% de los escaños. La baja participación evidencia la necesidad de implementar mecanismos como las cuotas mínimas de forma vertical y horizontal electoralmente hablando, para incrementar su presencia y, con ello, impulsar una agenda legislativa que aborde las problemáticas socioeconómicas que enfrentan los jóvenes, como la movilidad social y el acceso a oportunidades.
A nivel internacional, México destaca por tener una participación de legisladores jóvenes superior al promedio global, que en 2020 alcanzó apenas el 2.6%. En la actual LXV Legislatura, el partido Morena concentra casi la mitad de los diputados menores de 30 años, con 13 representantes, seguido por PAN y PRI con cuatro cada uno, y otros partidos con menor representación.
Es evidente que fortalecer la participación política de los jóvenes no solo es un derecho, sino una estrategia fundamental para construir políticas públicas que respondan a sus necesidades y potencialidades. La incorporación de más jóvenes en los espacios de decisión puede ser la clave para un México más inclusivo, dinámico y preparado para los retos del futuro.



