En días recientes, el exgobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, anunció con un gran despliegue mediático que “reinventa su vida” para dedicarse a su gran pasión: el futbol. Nos contó una historia en primera persona: a los 50 años habría cumplido todos sus objetivos profesionales, habría escrito –dice él– “una historia maravillosa de dignidad, convicciones y principios” y ahora, después de cursar estudios como entrenador, hacer prácticas en fuerzas básicas y terminar un máster en dirección de futbol, inicia una nueva etapa como auxiliar técnico en el Real Valladolid, en España.
Que un ciudadano quiera reinventarse no es problema. El problema radica en desde dónde se reinventa, qué deja atrás y qué pretende borrar con ese relato;
porque no estamos hablando de un profesionista cualquiera que decide cambiar de rumbo a mitad de la vida, estamos hablando de quien fue titular del Poder Ejecutivo en un estado marcado por la violencia, las desapariciones, las fosas clandestinas, una crisis forense, entre la desconfianza en las instituciones y los señalamientos de corrupción e impunidad. Y frente a todo eso, el exgobernador se cuenta a sí mismo una historia perfecta… un relato en el que Jalisco, junto con los problemas que dejó, prácticamente no existe en su pasado.
En su declaración todo está dicho en primera persona: “yo”, “mi vida”, “mis objetivos”, “mi legado”, “mi pasión”, “mi sueño”. No aparecen las palabras “Jalisco”, “ciudadanía”, “víctimas”, “desaparecidos”, “familias que buscan”, “rendición de cuentas”, “feminicidios”, “mujeres”, “fiscalía infiltrada”. No hay una sola mención a las heridas abiertas del sexenio que encabezó. Es como si el estado hubiera sido un escenario secundario de la biografía del protagonista, y no una comunidad concreta que carga con las consecuencias de sus decisiones.
El personaje nos dice que vivió “una historia maravillosa”… Sí, para él. ¿Cómo habrá sido para las madres que siguen buscando a sus hijas e hijos? ¿Fue maravillosa para las familias que vivieron un feminicidio como Luz Raquel? ¿Ha sido maravillosa para quienes hemos visto crecer las fosas clandestinas? ¿Cómo lo es para quienes acuden a los servicios forenses y están saturados de desaparecidos? ¿Cómo ha sido para la familia de Giovanni López tras su asesinato en 2020? Seguro para el auxiliar técnico en cuestión es normal la impunidad.
Habla de su “legado de dignidad, convicciones y principios”, pero ese supuesto legado no lo define él en un post de redes sociales. Lo define la historia y los hechos por los que será juzgado, y éstos incluyen decisiones cuestionables en materia de seguridad, de justicia, de transparencia y de combate a la corrupción que no pueden ser sustituidas por una narrativa motivacional sobre “seguir los sueños a los 50”.
Su estrategia de comunicación no es un balance político, sino un cuento de autoayuda y para evitar que la conversación pública sea el eje de la pregunta central de ¿Cuál fue el saldo de su gobierno? y que se convierta en el: ¡Qué inspirador que persigas tu pasión y empieces de cero en Europa! Es una jugada que quiere desplazar la discusión de la responsabilidad política hacia una supuesta autenticidad personal.
¿Por qué en su “mensaje” en redes no aparece una sola referencia a auditorías, investigaciones, procedimientos o aclaraciones pendientes de su gestión como gobernador? Ni una palabra sobre contratos polémicos, licitaciones cuestionadas, negocios con recursos públicos, ni sobre la diferencia entre lo que prometió y no cumplió. Eso para él es irrelevante.
Peor aún, siendo gobernador nos fuimos enterando, por él mismo, de su formación como entrenador, sus estudios en línea, sus prácticas en fuerzas básicas y su máster en el Real Madrid[1]; y no, no empezó cuando dejó el cargo, sino cuando todavía era gobernador ¿Por qué entonces no renunció al cargo más importante de Jalisco? ¿Por qué no dejó la cancha de Palacio de Gobierno para irse a la de futbol?
Por supuesto que no es delito estudiar, lo que es legítimo preguntarse es: ¿cuánto tiempo, ¿cuánta energía y cuánta atención le dedicó a planear esa “segunda vida” mientras seguía siendo jefe del Ejecutivo en un estado con crisis de violencia, desapariciones e instituciones rebasadas? El 11 de julio de 2023 declaró: “Estoy llevando el curso de entrenador, voy casi a la mitad, lo estoy haciendo en línea, en las noches…”[2] O sea que por las noches dejaba de ser gobernador para dedicarse a otra cosa. Él protestó y juró cumplir su responsabilidad como gobernador durante seis años, incluyendo tanto sus días como sus noches.
Lo que nos muestra es la cara elegante de la impunidad de élite. Para muchas familias en Jalisco, la consecuencia de las omisiones y decisiones de gobierno es una silla vacía, una tumba sin nombre, una carpeta de investigación que no avanza. Para el exgobernador, la consecuencia máxima es cambiar de país, cambiar de profesión y presentarse ante el mundo como un hombre que “cerró un ciclo” y ahora puede vivir su sueño en el futbol europeo.
Enrique Alfaro declaraba “ser político profesional” (rol del cual se decía orgulloso y que quería ser gobernador porque se había preparado para ello), porque era su sueño gobernar Jalisco y la política era la profesión que había elegido y que no se había equivocado[3]. Pero parece que sí se equivocó de profesión, porque su sueño ahora es otro, que hace desaparecer al Otro, sí, a ese que duele, que reclama, que interpela, ese Otro que son las víctimas de su sexenio. Todos esos Otros quedan fuera, para que su éxito personal no se opaque.
En Enrique Alfaro no existe ni pizca de autocrítica, duelo o responsabilidad. Vive su “segundo sueño”, como si el primero del que habló tanto no hubiera existido. Cambia de cancha, cambia de camiseta, cambia de país. Lo que no cambia es seguir siendo el héroe de su propia historia, contada por él.
No estoy en contra de que persiga sus sueños, pero sí, de que se pretenda cerrar un sexenio como si fuera un capítulo de libro de autoayuda.
Habla de “dignidad y principios”, pero borra su papel como gobernador y los retos que dejó; borra su responsabilidad en Jalisco. Él es el protagonista y sus sueños son los que importan.
No basta con decir “¡Aúpa Pucela!”. Lo que merece este estado es un ¡“Aúpa, Jalisco”! acompañado de verdad, justicia, transparencia, rendición de cuentas y del reconocimiento del daño que le hizo a quienes vivimos en este estado. Hay que recordarle a Alfaro que la política implica asumir la responsabilidad frente a una comunidad y que esa no se extingue por decreto personal; su auto-biografía gloriosa que se la agradezca a su familia.
[1] Tres años antes, Enrique Alfaro había tomado la decisión de ser entrenador de fútbol, o sea, en pleno ejercicio como gobernador del estado. Telediario, 12 de junio de 2025.
[2] La Afición. 11 de julio de 2023.
[3] https://x.com/EnriqueAlfaroR/status/994287479745167360. 9 de mayo de 2028.




