Los pasos de Uribe

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Los pasos de Uribe

Por Kenia Antuna | jueves, 13 de agosto del 2020.

“Son ineptos, son corruptos, no quieren al Pueblo ¿pero narcoestado? Ya son palabras mayores. ¿Por qué no? Si el que estaba a  cargo de seguridad al final le servía a una de las bandas, es como si uno de los jefes hubiese estado de vicepresidente de la república, porque ese señor que está detenido en Estados Unidos, era el dedo chiquito de Felipe Calderón”. Así se refirió el Presidente Andrés Manuel López Obrador a la situación del ex secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, quien está preso en Estados Unidos por sus vínculos con el Cártel de Sinaloa.
Felipe Calderón, quien asumió la presidencia en 2006 a través de un fraude electoral, pasó de ser el candidato que sería el “Presidente del empleo” a declarar la guerra contra el narcotráfico; como dijo Andrés Manuel, se dedicaron a sacudir el avispero a lo tonto. 

Ingenuamente algunos(as) pensábamos que era una estrategia para obtener la legitimidad que no había obtenido en las urnas, como si el respaldo del Pueblo hubiera sido algo que le importara para obtener gobernabilidad. Por el contrario, estaba creando las bases para concretar un proyecto transexenal que fuera más allá de las urnas, el narcogobierno de Calderón para ellos estaba pensado más allá de las instituciones públicas, sería la creación de un poder que amagaría gobiernos, partidos y co-gobernaría más allá de la representación popular. 

Al mismo tiempo, en Colombia, el entonces presidente Álvaro Uribe cambiaba la constitución para reelegirse un periodo más. Con un alto nivel de aprobación y con un brazo de las fuerzas paramilitares continuó operando con las redes que creó desde que fue Alcalde de Medellín y Gobernador de Antioquia. Haciendo un corto paréntesis, ¿qué hubiera pasado si en México hoy se propusiera por parte del Ejecutivo la reelección de por lo menos un periodo? Seguramente las oficinas de la OEA estarían tomadas por lo que queda de la reacción denunciando un golpe a las instituciones y el comienzo de una dictadura en México; sin embargo no pasó nada, los actores que hoy en México gritan que somos una dictadura, callaron como momias. 

Estos dos hechos, que parecieran no tener relación, tienen una explicación geopolítica. Por un lado, está la ubicación geográfica de Colombia y su cercanía con Venezuela, siempre servil a los intereses norteamericanos; su solitaria participación como país latinoamericano en la guerra de Corea; y su posición respecto a Cuba en la OEA. México, como mucho se ha mencionado, es el paso obligado de narcóticos, migrantes y mercancías ilegales a uno de los mercados más grandes del mundo,  Estados Unidos. Paralelamente, Uribe y Calderón fueron clave para que los dos narcotraficantes más sobresalientes de la segunda mitad del siglo XX, el Chapo Guzmán y Pablo Escobar, consolidaran los cárteles que encabezaban. 

El Cártel de Sinaloa y el Cártel de Medellín, si bien tienen antecedentes distintos, lograron afianzarse por lo menos en los años 80 y principios de los 90, antes del asesinato de Pablo Escobar, como los dueños de los principales flujos de narcóticos, desde los Andes hasta Norteamérica, en complicidad con gobiernos de distintos niveles, más tarde el Cártel de Cali ocuparía dicha posición aunque no sería por mucho tiempo. 

Más allá de las particularidades de cada caso, las similitudes de los mandatarios es lo que nos ocupa, ya que tienen relación. Por un lado el Plan Colombia, aunque no fue contemporáneo al gobierno de Uribe si tuvo continuidad durante su administración, y él innumerables veces ha hecho reconocimientos y elogios en cuanto ha tenido oportunidad; agradece siempre la intervención norteamericana en cuestiones de seguridad nacional, siendo el tercer país con más ayuda militar de los Estados Unidos, después de Israel y Egipto. Paradójicamente se le ha denunciado desde los años 90 -por periodistas como Felipe Zuleta,  y por la dividida oposición representada por Piedad Córdoba y Gustavo Petro, entre otros- de tener vínculos no solo él sino su familia con el Cartel de Medellín. 

Más tarde, durante el gobierno de Calderón, se instrumentó la iniciativa Mérida. Si bien en la forma no incluía fuerzas militares en el territorio, sino apoyos de millones de dólares, las evidencias dicen que el tráfico de armas de Estados Unidos a México era regla no escrita. Contrario a su objetivo, no disminuyó la violencia sino acrecentó los niveles de inseguridad y peor aún,  terminó con la poca soberanía de la que gozaba México durante el periodo neoliberal, entregando la estrategia de seguridad y el bienestar de las personas al extranjero. Como afirman los clásicos, la razón de ser un Estado es la seguridad, en el que la ciudadanía cede parte de sus libertades a cambio de seguridad y justicia; es decir, un contrato social. Dicho pacto que se rompió al no cumplir su función principal como Estado y peor aún, convertirse en juez y parte de la guerra contra el narcotráfico. 

No es gratuito que el Presidente Andrés Manuel López Obrador siempre hubiera estado en descuerdo con esta iniciativa. Por ello, la creación de la Guardia Nacional va más allá del nacimiento de un nuevo cuerpo de seguridad, es pugnar por una nueva estrategia independiente de Estados Unidos, con valores jurídicos distintos a la policía federal que dio malos resultados en los sexenios anteriores.

Hoy, Álvaro Uribe está en su domicilio, privado de su libertad, bajo los cargos de soborno y manipulación de testigos. Sin embargo, el presidente Iván Duque no ha escatimado en defenderlo por todos los medios posibles; para fortuna de Uribe, su proyecto transexenal está garantizado. En México, Calderón está en trámites para la creación de un partido político mientras su mano derecha y vínculo directo con el Cártel de Sinaloa está siendo procesado sin la certeza de la continuación de su proyecto político. Ambos mandatarios, con sus respectivos contrastes, aplicaron la narcopolítica, una estrategia que durara más allá de sus gobiernos. Álvaro Uribe logró consolidar una base social; tener lazos en los tres poderes; seguir políticamente vivo después del Proceso de Paz de 2016; y a pesar de la fragmentación de los cárteles colombianos, rescatar vínculos. Calderón no tiene base social, ni un vehículo electoral que lo sostenga y por tener a su brazo con el narco preso tiene dos apuestas: el proceso electoral de Estados Unidos y el registro de su partido. Esperamos que por el bien del Pueblo de Colombia y el Pueblo de México, pronto los alcance la justicia. 
 

Por Kenia Antuna | jueves, 13 de agosto del 2020.

Kenia Antuna

Servidora del Pueblo, politóloga por la UNAM, militante de izquierda. Aprendiz del General Lázaro Cárdenas y del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

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