Pluma Patriótica

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Alberto Vanegas Arenas

Los retos de Morena

El movimiento de regeneración nacional surgió como una luz de esperanza en el horizonte de la larga noche neoliberal. En octubre de 2012 se constituyó como una asociación civil que preparó su camino para convertirse en un partido político nacional y competir por la presidencia de la República en el siguiente proceso electoral. En el 2014 alcanzó su registro y debutó al año siguiente obteniendo magníficos resultados. Con tan solo tres años de edad como partido, hizo historia en el 2018, ganando la presidencia de la República y la mayoría de las curules en las Cámaras de Diputados y Senadores y en los congresos de los estados.

Después del contundente triunfo electoral obtenido el primero de julio de 2018, Morena concentró su atención en la transición del gobierno federal, pues muchos cuadros del partido se fueron incorporando a los equipos de las distintas dependencias federales. Otros liderazgos asumieron responsabilidades administrativas y muchos más tomaron protesta como nuevos representantes populares. Por lo tanto, la elección para renovar a su dirigencia nacional, a sus dirigencias estatales y municipales se pospuso un año.

Como culminación de un largo proceso de lucha política y social de la izquierda mexicana y apertura de una nueva etapa, el primero de diciembre de 2018 Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de la República y comenzó la consolidación de la cuarta transformación de la vida pública de México. El combate a la corrupción, la disminución de la desigualdad social y la pacificación del país fueron los pilares más importantes de la transformación. Y las resistencias al cambio se hicieron cada vez más evidentes.

Como en todo proceso de cambio político lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, es un fenómeno de resistencia que se da ante un cambio de régimen. Sin embargo, todo proceso de cambio de régimen necesita del acompañamiento del vehículo que lo llevó al poder. Y aquí caben las siguientes preguntas, ¿dónde ha estado Morena en los primeros 14 meses de gobierno? ¿Cuál ha sido su papel y cómo ha acompañado al Presidente de México en esta etapa de transformación? ¿Qué ha hecho el partido para seguir formando cuadros políticos y administrativos que se requieren en los distintos ámbitos de gobierno? ¿Dónde ha estado y cómo ha dado la batalla para defender al gobierno popular que encabeza López Obrador?

Y las respuestas son demasiado conocidas para el asombro de todos. Morena, como partido político triunfador, se ha visto envuelto en una disputa interna sin precedentes para una institución recién formada. Empezó a reproducir las prácticas de los viejos partidos de la izquierda mexicana y se quedó mirándose al ombligo dejando de lado lo más importante: el programa y el proceso de transformación que exige el pueblo y que impulsa con ahínco el Presidente de México.

En los últimos meses Morena se enfrascó en una disputa por los cargos y por los recursos emanados del INE, se concentró en una lucha estéril por el poder y por las futuras candidaturas, se metió en un pantano observado por la opinión pública y se puso una camisa de fuerza al acudir al Tribunal Electoral y judicializar todos sus procesos internos y el cambio de dirección. Todas y todos los dirigentes, en mayor o menor medida, contribuyeron al desgaste prematuro del partido; todas y todos tienen un nivel de responsabilidad.

Estos acontecimientos vergonzosos, aptos para un partido político que no está a la altura de las circunstancias, lograron que se desmovilizara a la militancia y a los liderazgos naturales que viven en las colonias, los barrios, los pueblos y las unidades habitacionales a lo largo y ancho del territorio nacional. Estresaron y desanimaron a cientos de protagonistas del cambio verdadero que vieron imposibilitada su participación política por los desencuentros internos de sus dirigentes. 

Morena logró desmovilizar a lo más valioso que tiene: sus bases. Y lo hizo en un tiempo clave, justo cuando los conservadores salieron a la ofensiva en contra del proyecto de transformación que conduce Andrés Manuel López Obrador. Sin la movilización de las bases del partido, el gobierno popular se quedó sin un anillo de protección y sin un ejército que informara a la ciudadanía del cambio que se está dando y de las resistencias al mismo.

Hoy afortunadamente existe una luz al final del túnel. Y es que el propio Tribunal Electoral reconoció la validez y los resolutivos del pasado Congreso Nacional Extraordinario que celebró el partido el 26 de enero. En este Congreso se eligió por unanimidad a Alfonso Ramírez Cuéllar como presidente interino de Morena y quien habrá de conducir el proceso interno de elección de la nueva dirigencia nacional en un plazo máximo de cuatro meses. Asimismo, se le dio certeza, recursos y vitalidad al Instituto Nacional de Formación Política.

Quienes conocemos la trayectoria de Alfonso Ramírez Cuéllar sabemos que es un dirigente cabal comprometido con el proyecto de la cuarta transformación y que pondrá todo su talento por delante para darle un nuevo cause al partido. Vemos con renovada esperanza el relanzamiento del Instituto Nacional de Formación Política que encabeza Rafael Barajas, “El Fisgón”, y que juntos sabrán sacar al partido de esta crisis interna.

Los retos

En primer lugar es urgente la convocatoria a todas y todos los protagonistas del cambio verdadero para organizar la movilización en defensa de la 4T; la difusión de información certera y oportuna para que llegue a toda la ciudadanía.

Es fundamental reiniciar con el plan nacional de educación política para formar a los nuevos cuadros en la administración pública en todos sus niveles de gobierno, a las y los representantes populares en los principios básicos de Morena para que hagan un mejor papel en las Cámaras y para que legislen de acuerdo a la ideología del partido y a los nuevos dirigentes populares en todos los municipios del país.

Es oportuno evitar el desgaste y la confrontación interna en el proceso de elección de la dirigencia nacional y optar por el método de la encuesta como lo sugirió López Obrador. Elegir a los mejores perfiles para las dirigencias estatales y municipales, sobre todo aquellos que sean reconocidos por las bases y que tengan una calidad moral a toda prueba.

Si Morena pretende recuperar el tiempo perdido que consumió en disputas internas, es indispensable poner a las bases por delante, dotarlas de mayor poder y decisión e impulsarlas para que comience a prepararse a la nueva generación que continuará con el proyecto de transformación nacional que hoy encabeza AMLO. Morena tiene que ponerse a la altura de las circunstancias y estar a la vanguardia del cambio verdadero en México. Si no lo hace, la Historia lo juzgará. 

Alberto Vanegas Arenas. Licenciado en Sociología por la UNAM. Titular del Instituto de Investigaciones Legislativas del Congreso de la Ciudad de México.

Twitter: @Alberto_Vanegas

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