Pluma Patriótica

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Desarrollo... ¿neomedieval?

Desarrollo… ¿neomedieval?

En días pasados una publicación del presidente de México desató —por enésima vez— una ola de vituperios en el minúsculo círculo de Twitter. La razón fue que el mandatario publicó en sus redes sociales el siguiente texto: «Fortalecer la economía apoyando a los artesanos, a pequeños productores y microempresarios, es igual o más importante en creación de empleos y desarrollo que sólo apostar a las grandes corporaciones automatizadas y de poca generación de puestos de trabajo». Texto acompañado de un video en donde se apreciaba una pequeña industria tradicional.

El escándalo por parte de los “expertos” no esperó, como en el caso de Gustavo de Hoyos, quien acusó al presidente de pretender marginar a la población aplicando una “economía neomedieval”; pero esos personajes que presumen del dominio de la técnica, que desprecian cualquier indicador que no encaja en sus lógicas, carecen de reparo a la hora de exponerse con soberbia.

Hace décadas el análisis del concepto de desarrollo aclaró que éste no es igual a crecimiento, en la discusión se precisa cómo las escalas territoriales juegan un papel en la dinámica económica actual. Las distintas disciplinas han formado una amalgama que exige ir más allá de los números. El desarrollo es homogéneo, local y endógeno, lo cual implica que es conducido por la autonomía de la región en donde se suscitan los fenómenos que le dan forma.

Desde 1950 Perroux explicaba las irregularidades del crecimiento, las cuales desembocan irremediablemente en polos de desarrollo y periferias, lo que en México, tras el abandono del campo y la apuesta por la industria manufacturera, dio como resultado ciudades densamente pobladas, con problemas de toda índole, y pueblos fantasma que no han servido sino como tierra del narcotráfico. El desarrollo de un país no es, pues, sino una abstracción construida sobre promedios. Se sabe que las regiones en donde se encuentran los extremos más bajos que componen dicho promedio son zonas poco atractivas para los idolatrados mercados, pero los opinadores sobre políticas públicas se oponen al apoyo del desarrollo endógeno, sobre todo si las formas no coinciden con las suyas. Sí, es necesaria la innovación y demás; lo que no es necesario es fetichizar la mega industria y los términos como “productividad” para intentar explicar un fenómeno multidimensional. Haciendo referencia a Kuhn, el paradigma en lo que lo anteriormente mencionado tenía cabida caducó y sus principales exponentes están a nada de llegar al mismo destino.

Fortalecer, según cada particular contexto, la industria tradicional de los pueblos para su bienestar será mucho mejor que intentar imponerles modelos económicos, o invisibilizarlos para priorizar a los grandes, cosas que los “expertos”, en su mentalidad “neomedieval”, aplaudieron.

Martha Cajigas Heredia. Maestra en desarrollo regional
por el CIAD, A.C. Actualmente se desempeña en áreas relacionadas
con políticas y programas federales para el desarrollo.

@marthacajigas

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