¿Medicina basada en evidencia o experiencia?

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¿Medicina basada en evidencia o experiencia?

Por Pluma Invitada | viernes, 15 de enero del 2021.

Por: Constantino González Quezada

“Los médicos meten drogas que no conocen en un cuerpo que conocen menos.” Voltaire.

Durante esta pandemia, hemos escuchado alguna vez la frase: “según los expertos” seguida de un conjunto de falsos silogismos sobre medidas preventivas o tratamientos farmacológicos para la enfermedad causada por el SARS-CoV2. En  muchas ocasiones no nos preguntamos quiénes son los expertos y cuál es la evidencia que tienen para sustentar dichas frases.

Dijo alguna vez Aristóteles, “soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad”. Como médico, tengo muchas amistades en el gremio de la salud que suelen tener opiniones sobre medidas de políticas públicas o comentarios demasiado clasistas hacia quienes, en su necesidad de trabajar, tienen que salir a exponer su vida para poder tener un ingreso que les permita el sustento. No obstante, son los mismos que hacen sus fiestas en plena contingencia sanitaria. Y como deber ético tengo la necesidad de decir lo más cercano a una verdad antes que decir mentiras, y quizá este texto pueda herir susceptibilidades y algunos egos dentro de la élite de la medicina.

Meses han pasado desde el inicio de la pandemia de la enfermedad covid-19 causada por el SARS-CoV-2 y he podido constatar desde la trinchera de la medicina una serie de defectos que adolecen entre los trabajadores de la salud, siendo quizá el talón de Aquiles la veracidad de la información que usamos para la toma de decisiones en la práctica médica. 

Las y los médicos también podemos ser víctimas de la infodemia, y más cuando se ve disfrazada de “artículos científicos”. Se sabe que por el tiempo que demanda la medicina en la vida de los trabajadores de la salud, solemos leer de forma rápida muchos textos, pero a veces perdemos la comprensión lectora por priorizar la retención de la información. Y para esto quisiera remontarme a la década de 2000-2010, cuando se aplicaba de forma nacional el examen ENLACE o PISA. ¿Qué tanto se avanzó con esas generaciones en la calidad de la comprensión lectora? ¿Sabrán leer textos argumentativos y científicos las y los jóvenes profesionistas de la salud con la comprensión y el criterio debido si no sabemos cuánto se avanzó en su calidad de lectura?

Todo esto lo traigo a colación porque en la medicina como en todas las ciencias hay criterios o niveles de evidencia de un contenido o texto científico, siendo en orden de calidad y veracidad el siguiente: revisiones sistemáticas, estudios clínicos controlados aleatorizados, estudios de cohortes, reportes de caso y al final la opinión de los expertos. La opinión de los expertos suele ser el argumento de menor calidad en cuanto a temas de ciencia y medicina se refiere, porque suele proveerse cuando no hay literatura suficiente para sustentar un conocimiento.

Interpretar textos de forma científica tiene su metodología y complejidad, pero en resumidas cuentas todo se limita a valorar el objetivo del experimento, hipótesis, metodología de los estudios y su estadística para valorar la veracidad de las conclusiones y determinar si dicho contenido cumple con el más importante de los preceptos del método científico: que sea reproducible y comprobable. 

Durante esta pandemia resulta inquietante la cantidad de grupos de Facebook y otras redes sociales donde muchos médicos o estudiantes suben dudas con respecto a tratamientos con fármacos que ya se ha demostrado en literatura y confirmado por las autoridades sanitarias que no sirven como método terapéutico. Se sigue recetando azitromicina (antibiótico para atacar bacterias que infectan habitualmente el tracto respiratorio), ivermectina (medicamento para tratar ectoparásitos mejor conocidos como piojos) y la lista puede ser larga. Esto saca a relucir el nivel y la calidad en la que se ha venido teniendo en la formación de médicos que adolecen de conocimientos elementales de microbiología, farmacología, estadística y muchas otras áreas porque, desde un inicio, se adoleció de la comprensión lectora, aunada a la infodemia causada por encabezados sensacionalistas de los medios de comunicación que dominan el sentido común -como lo planteó Gramsci- y que resulta en un enorme y complejo problema para la atención de los pacientes ante la pandemia. 

Ante esto no se puede culpar a las y los médicos por sus deficiencias, sino al sistema educativo en todo su conjunto, que sigue sin mejorar la calidad de comprensión lectora y que formó a todos los profesionistas jóvenes que hoy vivimos y trabajamos en México. 

Invitemos no solo a leer los encabezados de las noticias, sino a revisar con detalle los artículos científicos y no solo el resumen que habitualmente viene al inicio de dichos artículos. Así, podremos hablar con los argumentos más cercanos a una verdad científica y con orden en la forma de expresar las ideas.

Muchos compañeros del gremio han insultado al Gobierno Federal por el manejo de la pandemia, pero son los mismos que no leen la nota completa o comparten verdades a medias. Estas personas, en teoría, deberían estar bien preparados para saber interpretar textos, y lo que digan en términos de opinión se expresa en no leer o a leer mal, teniendo dos posibles causas (que en sí mismas son graves): la primera es no interpretar la información; la segunda -más grave aún- es mentir con premeditación con tal de golpear a un régimen distinto o porque sus intereses se han visto afectados.


@tinogonza

Médico de origen huasteco que habita en San Luis Potosí, obradorista convencido que el estudio de la ciencia y la filosofía son las herramientas para cambiar el mundo.
 

Por Pluma Invitada | viernes, 15 de enero del 2021.

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