Pluma Patriótica

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México ante el radicalismo: las llegadas de Vox y Maduro

La izquierda vista desde muy a la derecha se ve terrible. La derecha vista desde muy a la izquierda se ve fatal.

No soy partidario de los contrapesos, de la tibieza ideológica del neutralismo, ni de la tercera vía o mucho menos de la apática inacción del echaleganismo y «ElCambioEstáEnUnoMismo”. Todos son cómplices del capitalismo, la explotación, la precarización ideológica y la alienación sistemática.

Sin embargo, también creo que los tiempos actuales en todo el mundo exigen tomar distancia de prácticas y narrativas fundamentalistas que, lejos de sumar conciencias a una causa progresista y realmente transformadora, solo alejan a la ciudadanía de una participación política genuina y efectiva.

En días pasados, dos visitas a México marcaron la agenda política del país y echaron a andar todas las maquinarias de odio y descalificación en la arena digital de la polarización en las redes sociales y los medios de comunicación. Estas se dan en condiciones e incluso con intenciones diferentes; sin embargo, su implicación en la discusión y la opinión pública permite analizarlas y contrastarlas.

Primero estuvo la visita de Santiago Abascal, líder ideológico del partido de ultraderecha español VOX por invitación de un grupo de senadores del Partido Acción Nacional. La segunda fue la visita de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, en el marco de la Cumbre CELAC 2021.

Ambos personajes representan posiciones radicales y entendimientos extremistas, tanto en la forma de pensar el ejercicio del poder como en la forma de observar a los adversarios o detractores. Violentos ambos, con discursos incendiarios, con cargas emocionales y simbólicas, detonan a sus seguidores a defenderles con toda la violencia argumentativa posible, desmedida y frecuente, particularmente en las redes sociales.

Por supuesto que hay un contraste entre la llegada de un personaje y el otro, y tiene que ver con los riesgos y en la forma que sus anfitriones los deberán asumir.

La visita de Santiago Abascal, lejos de beneficiar a la derecha mexicana, la perjudicó, no solo en su ya débil unidad y consistencia. No pocas voces y liderazgos del partido conservador salieron a desmarcarse de la invitación al partido español, reconocieron el riesgo de acercarse a narrativas tan radicales y obsoletas como las que representa VOX.

El mundo está cambiando e incluso el viraje de México a la izquierda obliga a la derecha mexicana, en un sentido pragmático, a pensar en recuperar al electorado, y para ello debe concentrarse más en la argumentación cuantitativa que en la cualitativa, donde el riesgo de tomar posturas fundamentalistas puede alejarle de diversos sectores, incluyendo la de los jóvenes.

Por otro lado, Maduro llega a México como jefe de estado de un país latinoamericano, y como tal, tenía reservado un lugar en la cumbre CELAC. El gobierno mexicano actual, a diferencia de los anteriores, hace valer su soberanía y liderazgo regional. No manda a Washington la lista de invitados a sus eventos internacionales para ser palomeada, asume un papel de anfitrión firme y respetuoso.

Está claro que había un riesgo implícito en la llegada de Nicolás Maduro. Y está en la carga simbólica que representa el Presidente venezolano para el Pueblo mexicano luego del permanente bombardeo de la derecha mexicana, a través de los medios de comunicación, para tratar de asomar escenarios catastrofistas que suponían que México, tras el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, terminaría en una crisis económica, social y política similar a la del país sudamericano.

Maduro no es Hugo Chávez, no es el chavismo, ni mucho menos representa la Revolución Bolivariana; Maduro es un ejemplo vivo del fracaso al que puede llegar un movimiento revolucionario de izquierda cuando el Estado se aleja del Pueblo y cuando las bases ideológicas y éticas de un movimiento claudican ante la permanente seducción del poder absoluto y la adicción a la lealtad incondicional. Ejerciendo su gobierno en medio de presiones políticas y económicas internacionales sin el carisma, liderazgo, firmeza y tacto de Chávez.

Varias voces de izquierda e México salieron a justificar y aplaudir la llegada de Maduro a México, incluso la justifican, como si una acción diplomática básica tuviera que justificarse, y reprueban las actitudes de aquellos presidentes a los que les incomodó el invitado venezolano.

Me parece que, para Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard y el Estado Mexicano, el riesgo de la llegada de Nicolás Maduro estaba previsto. El escándalo de la derecha fue combatido con el escándalo de la izquierda, quedando todo en otro polarizado debate público.

Las voces de izquierda tienen una gran responsabilidad, no solo en la defensa del proyecto de transformación encabezado por López Obrador, sino en la construcción de bases sociales, la formación de ciudadanía y el fomento de la participación e involucramiento, pero parecen más enganchados en gritar más fuerte en la arena digital y mediática.

No se distraigan.

Hasta la próxima.

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