Pluma Patriótica

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México regresa a su grandeza diplomática

En el pasado, México llegó a convertirse en el segundo hogar de una inmensidad de perseguidos políticos o gente proveniente de distintas partes del mundo que simplemente buscaba refugio, empezar de cero. Personas hostigadas por regímenes violentos, o que se vieron obligadas a abandonar sus tierras por condiciones económicas o climáticas complicadas, llegaban a nuestro país con la esperanza de poder darle “reset” a su vida. Al menos así solía ser hasta que los gobiernos más radicalmente neoliberales —particularmente los últimos tres antes del 2018— comenzaron a perder la sensibilidad y el tacto diplomático para voltear a atender únicamente lo que el vecino del norte —Estados Unidos— solicitaba.

En los tiempos pasados en que la diplomacia mexicana nacional era un timbre de orgullo para los mexicanos, llegamos a recibir gente que huía de regímenes tan intolerantes como lo fueron el de Pinochet, Francisco Franco, Stalin, Jorge Videla, entre otros. Aunque muchos de las y los desterrados eran gente común, resulta importante mencionar que algunos de los asilados fueron personajes notables que luchaban por la dignidad de su Pueblo o que eran considerados un peligro por su talento artístico, tales como Rigoberta Menchú, León Trotsky, Héctor Cámpora, Hortensia Bussi, Luis Buñuel, Remedios Varo, y muchos más.

Fueron mínimas las honrosas excepciones de un aceptable manejo diplomático en los gobiernos que fueron del 2000 al 2018; sin embargo, permearon en la opinión pública nacional e internacional sobre nuestro país decisiones como el famoso “vienes y te vas”, o el abandono casi total de las relaciones con el sur del continente americano.

Por fortuna y en contra de las absurdas afirmaciones de la oposición que decían que el gobierno de López Obrador estaba ensimismado y que nos aislaría del resto del mundo —debido a las negativas de AMLO de salir del país para ir a reuniones con líderes del G-20, por ejemplo—, el actual gobierno está recuperando nuestra grandeza diplomática y está posicionando a México como líder en esta materia a lo largo y ancho de Latinoamérica.

Las hazañas que confirman lo dicho son varias, algunas son: el rescate de Evo Morales, expresidente boliviano después del golpe de Estado que sufrió; el recibimiento del grupo de ecuatorianos ante la persecución orquestada por Lenin Moreno; la bienvenida dada a mujeres afganas después de que se impusieran los talibanes en su país; los esfuerzos orquestados para que un diálogo entre el chavismo y la oposición venezolana puedan llevarse a cabo; el envío del apoyo humanitario a Cuba y el respetuoso, pero contundente posicionamiento del Presidente para que se ponga fin al injusto bloqueo económico, y el éxito de la reciente reunión entre los miembros de la CELAC, en la que México fungió como anfitrión y buscó debilitar la posición de una OEA desprestigiada por quien se ha dedicado a conducirla indignamente y sin respetar balanceadamente los intereses de todos sus miembros. Todo esto sin mencionar la impecable gestión en la obtención de vacunas.

Aún hay temas en los que existe un área importante de oportunidad, como la migración desde Haití y Centroamérica con destino a Estados Unidos, ya que —aunque la relación con nuestro poderoso vecino es compleja y estamos comprometidos en cierta medida a atender sus demandas— no podemos simplemente dar luz verde a que se use la fuerza para impedir su cruce por el territorio nacional. Mejor debemos apostar a rutas alternativas, como las planteadas por el titular del Ejecutivo, que buscan atender las causas y generar oportunidades e inversión en esos países. Con todo y esto, vamos por buen camino, la dignificación de la vida pública de México ya se ha configurado para tener un alcance más allá de nuestras fronteras.

 

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