Pluma Patriótica

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México: un refugio para el mundo

Es claro que, en todo el globo terráqueo, múltiples países, naciones y sistemas de gobierno están colapsando tras gestiones desastrosas que han llevado a sus comunidades al desabasto y la pérdida del Estado de Derecho: en algunos de los casos, a causa de la violencia extrema; en otros, por el intervencionismo desmedido encargado de provocar desestabilidad y conflictos políticos en las diversas estructuras sociales.

Como ejemplo de lo anterior podemos nombrar naciones de diversos continentes, pertenecientes a distintas corrientes ideológicas (política-religión) que son atravesadas por realidades tanto comunes como diferentes. Sin embargo, el golpe fatal llega cuando las personas que construyen las naciones —es decir, sus habitantes— se ven obligadas a abandonar la idea intersubjetiva que los congrega; en otras palabras: abandonar la creencia de que son parte dependiente e inamovible del sistema de Estado que los ha llevado a la perdida de todo.

En algunos casos, la historia nos comprueba que esa “pérdida del todo” no se limita a la perdida de lo material, sino que también alcanza lo más preciado e intangible, nuestro derecho a la libertad, a la dignidad y a la vida.

A lo largo de la historia política universal, existen ejemplos de Estados desestabilizados que, en el fracaso en su búsqueda por el “bien común”, llevaron a su ciudadanía a tomar medidas extremas, comenzando con la disruptiva organización social y terminando con la construcción de células de poder paraestatales cuyo objetivo es fragmentar el poder de la tiranía en turno.

La URSS en su momento, Israel, Siria, Afganistán, Venezuela y Bolivia son ejemplos de naciones devastadas, ya sea porque en su interior se vivían o se viven fuertes conflictos que los llevaron a posiciones geopolíticas y económicas desfavorables o porque han quedado a merced de poderes facticos impredecibles como el terrorismo y el crimen organizado.

En la última década, la política exterior mexicana ha marcado su propia tendencia, ya que al pertenecer a la organización del G20 (por ser parte de las 20 economías más importantes del mundo) ha tomado posturas de solidaridad internacional que antes no se acostumbraban en estos grupos de élite geopolítica, aunado a los importantes antecedentes de refugio y asilo de los que México ha formado parte.

El refugio y asilo se consolidó como una institución americana a partir de las Convenciones de La Habana (1928), Montevideo (1933) y Caracas (1954), de las cuales México es signatario; con la adhesión a dichos acuerdos, nuestro país se convirtió en el hogar de miles de familias que deseaban encontrar contextos de paz posteriores a la primera y segunda guerra mundial. Recordemos que a fines de los años veinte, los refugiados provenientes de la naciente URSS llegaron a nuestro país y para 1937 el revolucionario soviético León Trotsky ya se encontraba arribando a las costas de Tampico con su esposa Natalia.

Posteriormente, fueron refugiados los republicanos españoles que huían de la guerra civil y, un poco más adelante, los perseguidos por el franquismo; en 1954, tanto los guatemaltecos que abandonaban su país a la caída del gobierno de Arbenz, como en los sesentas los estadunidenses que escapaban de la intolerancia desatada por Eugeni McCarthy, llegaron a asilarse en nuestro bello México; al empezar los años ochenta, los refugiados urbanos procedentes de la guerra civil en El Salvador se asentaron sobre todo en la Ciudad de México, y, finalmente, el refugio masivo de guatemaltecos en Chiapas.

En la actualidad, México continúa siendo sede de refugiados y asilados políticos por diversas razones y contextos, desde la reciente protección entregada al Presidente Evo Morales y varias personas del parlamento boliviano por el golpe de Estado orquestado por las élites conservadoras y de explotación capitalista en Sudamérica, hasta la recepción de solicitudes de refugiados de países del Medio Oriente, tras los complicados contextos que se viven en dichas urbes.

Más de 22,000 personas procedentes de Honduras, Guatemala, El Salvador, Cuba, Haití y Venezuela han solicitado asilo en México desde enero de 2021 a la fecha, derivado de los contextos de opresión en los que se han encontrado estas naciones de manera histórica, siempre explotados y marginados por las mega potencias capitalistas que influyen en el valor de sus monedas, en sus sistemas de comercio y en la democracia interna.

De manera reciente, y dados los contextos de terrorismo y violencia vividos en el Medio Oriente, el canciller mexicano Marcelo Ebrard se posicionó a favor de ofrecer refugio a mujeres y niñas desde la embajada de México en Irán, decisión que continúa marcando tendencia a nivel internacional, demostrando el carácter solidario y cooperativo que siempre nos ha identificado como nación.

Es con este tipo de decisiones que podemos notar la falacia que han desarrollado los grupos opositores en México, afirmando que en nuestro país impera la pobreza y el desabasto, cuando realmente nuestra nación es sinónimo de refugio y prosperidad para el resto del mundo.

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