Pluma Patriótica

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Mi beca para empezar, un modelo contra la cultura neoliberal

La aprobación de elevar a nivel constitucional el programa de becas universales para niños y niñas en la Ciudad de México, es un parteaguas para la educación pública a nivel nacional. Por primera vez se estableció un programa que iguala oportunidades y beneficia a todos y todas, sin distinción de aprovechamiento, que era una política donde se encumbraba la meritocracia como la medida de la protección y apoyo estatal.

Podemos intuir, sin necesidad de recurrir a un análisis más exhaustivo sino con base en el sentido común y la propia experiencia, que las niñas y niños con mejores promedios, quienes en administraciones pasadas eran “premiados” con becas, tenían de origen mejores condiciones de estudio. Es decir, se reconocía a los que de por sí ya tenían ventajas y, con ello, la brecha de la desigualdad naturalmente aumentaba dentro y fuera del aula.

Sin negar que podría haber excepciones de niños y niñas que hacían un gran esfuerzo a pesar de las dificultades económicas para mantener un buen promedio, el acento en la calificación acentuaba de cualquier modo una brecha y resultaba no solo injusto sino incluso perverso. Por eso la beca universal resulta tan transformadora. Se trata de un modelo donde se asume que todas y todos tienen el derecho a estudiar y a una beca y, sobre todo, opera realmente para aminorar las desigualdades.

Sin embargo, en la discusión legislativa y en las opiniones que públicamente se han expresado por algunas personas, se ha introducido la idea de que las becas universales no incentivan la “superación” de cada niño y niña. Dicen que tendrían que competir entre ellos para ganar una beca, y con ello asumen que desde la infancia todas las personas deberían someterse a ese modelo cultural individualista donde para crecer se necesita pasar por encima de los demás. De fondo, ese valor neoliberal es el que pretenden seguir imponiendo, bajo argumentos como que la universalidad de una beca incentiva la flojera o el conformismo.

¿Por qué un niño de 6 años tendría que ver a sus compañeros como rivales a vencer? Esa idea pervierte la noción tan necesaria de comunidad, y alimenta el individualismo que en uno de los sostenes de la cultura política neoliberal. Por el contrario, las becas universales en concordancia con el modelo pedagógico de la Nueva Escuela Mexicana, motivan la conciencia de que la comunidad no debe perderse de vista, y por encima de la competencia encarnizada, individualista y mercantilista, el bienestar colectivo asegura vidas mejores, para todas y todos.

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