junio 14, 2021

Pluma Patriótica

Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
jueves, 4 marzo, 2021
WhatsApp-Image-2021-03-04-at-19.36.02-big

militancia-partidista-y-feminismo

Ser feminista y militante de un proyecto político no es sencillo, es un andar de contradicciones y satisfacciones, de pérdidas y victorias –como todo– cargando con esa doble responsabilidad, el estar constantemente demostrando que sí se puede estar, a pesar de que desde afuera las y los idealistas nos digan que no.  

En los últimos meses, una y otra vez a las mujeres simpatizantes y militantes de la Cuarta Transformación pública del país nos han invisibilizado, culpabilizado y señalado; hombres y mujeres nos llaman a nosotras a romper el pacto patriarcal, a renunciar a un proyecto político para no caer en contradicciones y ser “respetables” en la sociedad. Es decir: si queremos continuar teniendo credibilidad respecto a quiénes somos, qué hacemos y qué decimos, ‒sin más ‒ debemos abandonar algo en lo que creemos y que hemos construido desde abajo. 

No entienden y reconocen que este movimiento se ha formado con las mujeres, con las lideresas de colonias, con las jefas de familia, con trabajadoras, con estudiantes, con niñas y mujeres jóvenes; que, sin nosotras, este movimiento no sería lo mismo y que para consolidarlo se necesita a cada una de nosotras.  

¿No es eso parte de la lógica patriarcal? En la que las mujeres debemos hacernos a un lado, no participar, cerrar la puerta y regresar por donde venimos para agradar a otras personas, para no incomodar. A pesar de todo, decidimos quedarnos, alzar la voz ante la violencia machista como lo hemos hecho toda la vida, porque entendemos que si no estamos adentro para hacerlo ¿quién más lo hará? Nosotras luchamos contra el sistema patriarcal como todas, pero desde las instituciones, porque entendemos que todos los espacios son válidos y necesarios, porque sabemos que se requiere de una valentía impresionante para decidir estar aquí, porque históricamente este no ha sido nuestro espacio y actualmente aún hay mucha renuencia por tomarlo, porque sentimos ‒o nos han hecho sentir‒ como si no fuera importante ser parte de esto. 

Y con esto no me refiero a que otras compañeras que luchan desde otros espacios no sean valientes; al contrario, la valentía viene desde todos los días resistir ante un sistema que nos violenta. Sin embargo, hablando específicamente de la política partidista, las mujeres militantes nos enfrentamos a violencias inimaginables, pero también nos encontramos con otras compañeras sororas y personas que te extienden la mano, que te ayudan y te acompañan. 

Yo soy de la idea de que debemos deshacernos del estigma de que ser feminista y militar con un proyecto político está mal, que estar dentro no entorpece la causa o la mancha, sino que la fortalece. Creo firmemente que debemos dejar de alimentar los pensamientos de que las mujeres que luchamos desde estas trincheras somos las enemigas, porque estar en el activismo feminista no te hace mejor, no te hace más pura. Las futuras generaciones de jóvenes feministas necesitan crecer con eso, necesitan normalizar que estar dentro de los espacios de toma de decisión, es tan válido como pintar y gritar, porque el día en el que dejemos de usar el feministómetro entre nosotras y fomentemos la ética feminista, reconociendo que necesitamos de todas, ese día, estaremos del lado correcto de la historia. 

© 2021 El Soberano. Todos los derechos reservados. Sitio Diseñado y Desarrollado por XXSTUDIO