Pluma Patriótica

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Militantes de la esperanza

Hoy quiero hacer una columna de opinión que en realidad es, más bien, compartirles la historia de un compañero al que llamaremos Armando, un hombre que padece cuadriplejia y que se comunicó al lugar donde trabajo para pedir apoyo con una gestión ante la Secretaría de Bienestar.

Ahorrándome los detalles de su caso en específico, simplemente diré que él es parte del programa de apoyo a personas adultas mayores que creó el Presidente Andrés Manuel López Obrador y que su apoyo lo usa especialmente para la adquisición de algunos de sus medicamentos que son extremadamente caros.

Este programa fue llevado a nivel constitucional en el año 2020, cuando el Presidente impulsó una reforma para que al incluirlos en el artículo 4! de la Constitución. Estos programas tengan un carácter universal y puedan ser obtenidos por todas las personas que cumplan los requisitos en todos los estados del país, sin que puedan condicionarse por sus gobiernos o puedan ser usados para campañas electorales: son justamente un derecho.

A partir de entonces, personas adultas mayores, personas con discapacidad permanente y personas adultas mayores, estudiantes, otras y otros, gozan de la protección del Estado a partir de la obtención de recursos que apoyen sus diferentes situaciones de formación o vulnerabilidad para equiparar las posibilidades de desarrollo y bienestar de todas y todos los mexicanos.

Estos programas son tan solo un botón de muestra de los impactos que se pueden lograr cuando la voluntad política se encamina al servicio y no a la simulación para corromper y desviar los recursos en beneficio de unos cuantos, quienes hasta 2018 gobernaron el país y produjeron una élite de millonarios que, servidos por una élite de personas enriquecidas al amparo del poder y con aspiración a ser millonarios, traicionaron a la mayoría del pueblo que no vio hasta ahora la posibilidad de tener una mínima ventaja que les sacara de la pobreza, la falta de bienestar o incluso la deserción escolar.

Volviendo al caso de don Armando, hoy lo escuché en una llamada telefónica con la senadora a quien acompaño en el servicio del pueblo, una mujer extraordinaria y de mucho trabajo que acompaña las causas más justas para construir un mejor país. Don Armando habló con ella como lo haría con cualquier persona y agradeció por el trabajo realizado, pero sobre todo por su sencillez, que sirva de paso es una característica de las verdaderas y verdaderos servidores públicos.

Apenas el día de ayer, Claudio X. González, el padre de la alianza “va x México” (así, con minúsculas) publicó en sus redes sociales: «VXM+MC indispensable para echar a Morena en el ‘24, pero insuficiente. El elemento activo para el triunfo y para construir un país+parejo y próspero es una soc. civil y una ciudadanía +activa, propositiva y perseverante. El cambio está en nosotros. Hay que crear la ola ciudadana». Lamentablemente, desde el alto pedestal de los recursos ilimitados y el no saber qué es no tener comida en la mesa o no poder seguir estudiando, Claudio asegura que es necesario echar a Morena de México, pero no explica ni por qué, ni qué proponen en su alianza.

Volver a dar un voto de confianza al PRI, PAN o al PRD es olvidar que el primer partido nos sometió en la pobreza por más de 80 años y que enriqueció con la corrupción a todos sus funcionarios mientras sometía a la pobreza al pueblo. Sería olvidar que el PAN causó la crisis de violencia que hasta hoy no puede superarse y que costó la vida de miles de personas mientras el gobierno de Felipe Calderón se sometía al narco a través de García Luna, hoy preso en Estados Unidos. Sería olvidarse de que el PRD traicionó a sus militantes y electores al pasar de ser un partido de izquierda y aliarse con los dos primeros partidos solo por mantener su registro y el dinero, porque poder ya no tienen; y sería olvidar que MC, su nueva posibilidad, tiene a un gobernador que mientras su estado se muere en sequía, solo se dedica a subir videos banales en sus redes sociales.

Y en esta maravillosa posición de poder construir a la cuarta transformación y servir a México y su población, la historia de don Armando me recuerda que como militantes de la esperanza —desde el espacio que sea, incluyendo a la ciudadanía convencida— nuestra responsabilidad es defender a nuestro proyecto a toda costa, transformar la vida de las personas, recordarles que el futuro puede ser mucho más esperanzador que el pasado de exclusión, rapacería y corrupción, que una mejor vida puede construirse y que está en nuestras manos ser la esperanza de alguien que, como don Armando, necesite ayuda y tenga esperanza en la transformación de nuestro proyecto.

Este pequeño texto es para don Armando, para Antares y para todas las personas que día a día confiamos y creemos que un México más justo ya está ocurriendo, y que la transformación será de largo aliento y alcanzará muy pronto cada rincón del país.

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