Cuánta ruindad ha corrido por parte de la derecha desde las primeras horas del 2 de junio, cuando inició la consolidación de una tendencia a favor de Hugo Aguilar Ortiz. ¿Quién es ese? ¿Alguien votó por él? Eran las preguntas anquilosadas de la oposición totalmente trasnochada, quizá en espera de que perfiles como Lenia Batres o Yasmín Esquivel fueran quienes encabezaran las preferencias y, desde la ignorancia de la organización del movimiento de Transformación, salieran a proferir una serie de descalificaciones misóginas y sexistas.
Pero no, los cómputos distritales revelaron que el candidato a ministro con mayor número de votos fue Hugo Aguilar Ortiz, un abogado originario de San Agustín Tlacotepec, Oaxaca, específicamente de la comunidad de Tlacotepec. Su formación académica proviene de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, una institución combativa y con fuerte presencia en su región natal y no de una escuela de derecho de la capital con el pedigrí que supone un título de la Escuela Libre de Derecho, el ITAM o la UNAM. Su trayectoria profesional se ha desarrollado en cargos tanto en su estado de origen como a nivel federal, destacando su incansable labor de litigio en defensa de las comunidades indígenas.
La derecha intentó satanizar su paso por el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, aunque probablemente la mayor parte de sus votos se debió a su destacado papel en la formulación y consolidación de un marco constitucional de derechos para los pueblos indígenas y afromexicanos, así como a su participación en más de una docena de planes de justicia y otras tareas exitosas en favor de los pueblos originarios y la Cuarta Transformación.
Incluso la activista Elena Yásnaya Gil, desde su posición crítica, señaló que la sorpresa recaía principalmente en el racismo de la sociedad mexicana; la negación al pueblo organizado se reforzaba con los estereotipos de los pueblos indígenas; incluso vimos en publicaciones de redes sociales la lamentable y clásica broma de ponerle «tl» a las palabras. Cuando en una entrevista él señalaba usar vestimenta común y resaltar textiles indígenas, una oleada de insultos surgió nuevamente; homologando la vestimenta de los 69 pueblos indígenas con vestimentas de la Mesoamérica clásica; no entiende la oposición que su reacción al avance progresista y pluricultural a través de demostraciones clasistas, racistas y desde el centro del país alejan aún más al electorado que vota conscientemente.
El ejercicio del pasado 1° de junio evidenció nuevamente que la realidad del México profundo o auténtico dista considerablemente de las percepciones reflejadas en las redes sociales. La oposición celebró la falta de una mayoría calificada para la designación de un ministro de la Suprema Corte, argumentando que, al ser designado directamente por el Presidente, se generaría una percepción de autoritarismo. Sin embargo, dicho acto, junto con las posteriores actitudes altaneras y la aparente insensibilidad social del Poder Judicial, han llevado a que hoy sean 13 millones de personas quienes participan en la elección de nuestro nuevo poder judicial, en lugar de los 128 senadores. La transformación que busca romper con la antigua tendencia conservadora del poder judicial ya no puede ser detenida.




