Gobernar, organizar y no perder la ideología
Las elecciones de 2027 se perfilan como un hito crucial para la consolidación del segundo piso de la Cuarta Transformación en México. En ese año, se llevarán a cabo las contiendas electorales de 16 entidades federativas que votarán a sus nuevos gobernadores o gobernadoras. Además de congresos locales de todo el país y la cámara de diputados. Frente a esta realidad, el papel de Morena, como partido en el poder, adquiere una dimensión decisiva. La tarea es clara: no solo fortalecer su maquinaria electoral, sino también garantizar que el compromiso con la justicia social y los principios que han guiado su existencia no se desvanezcan en el proceso.
En este escenario, el Comité Ejecutivo Nacional de Morena juega un rol fundamental. Bajo la presidencia de Luisa María Alcalde, y con figuras clave como Carolina Rangel, secretaria general, y Andrés Manuel López Beltrán, secretario de organización, el partido tiene la responsabilidad de mantenerse firme en su misión de transformación social mientras se prepara para enfrentar los retos electorales en las entidades donde se renovarán las gubernaturas. El reto no solo es organizativo, sino también ideológico. La fuerza de Morena radica en su capacidad para conectar con las necesidades de la gente, para escuchar sus demandas y garantizar que las políticas públicas no se desvíen del norte que representa la justicia social, la equidad y el bienestar colectivo.
Para Morena, las elecciones de 2027 no son simplemente una cuestión de ganar gubernaturas y diputaciones. Son una oportunidad para profundizar en la organización territorial, para reforzar una estructura electoral que llegue a cada rincón del país, desde las zonas urbanas más dinámicas hasta las regiones rurales más apartadas. La función del Comité Ejecutivo Nacional es esencial para que el partido no se detenga en este esfuerzo. Las políticas implementadas en los últimos años por Morena han sido trascendentales, pero los desafíos de 2027 exigen un trabajo aún más profundo y sostenido. La organización, la cercanía con la gente y el fortalecimiento de las redes territoriales no pueden descansar, y es aquí donde la labor de Luisa María, Carolina y Andrés Manuel se vuelve indispensable.
Luisa María Alcalde, como presidenta del CEN, tiene la tarea de asegurar que el partido siga siendo un vehículo de transformación. En este sentido, su rol será clave para garantizar que la estructura se mantenga en constante movimiento, tocando puertas, llevando el mensaje de la transformación y asegurando que los principios del partido se mantengan firmes en todo el país.
Carolina Rangel, como secretaria general, tiene que coordinar las estrategias internas del partido, fortalecer la unidad y asegurar que todos los actores dentro de Morena estén alineados e integrados en la consecución de los objetivos comunes. El proyecto de nación por encima de aspiraciones personales. Su habilidad para gestionar la comunicación y coordinar esfuerzos en las diferentes entidades será esencial para lograr una estructura robusta que se refleje en los resultados electorales.
Por otro lado, Andrés Manuel López Beltrán, como secretario de organización, tendrá que asegurar que la red de militantes, simpatizantes y voluntarios de Morena siga creciendo y fortaleciendo su presencia territorial. El trabajo de organización es clave en cualquier proceso electoral, pero lo es aún más en un contexto donde la participación ciudadana y la movilización de las bases son esenciales para garantizar la victoria. Sólo el pueblo organizado puede salvar al pueblo.
La relevancia de este equipo radica no solo en su capacidad organizativa, sino también en su coherencia ideológica. La izquierda mexicana, en sus distintas vertientes, ha aprendido de los errores del pasado. Los movimientos sociales que hoy se alinean con Morena exigen un partido que no solo sea eficiente en la organización y la movilización, sino que también sea fiel a los principios que lo fundamentan. La tarea de Morena no es solo ganar elecciones; es lograr que las elecciones resulten en una verdadera transformación del país, con políticas públicas que contribuyan al combate a la pobreza y la reducción de la desigualdad, la inclusión de los menos favorecidos, y el fortalecimiento de la democracia participativa.
El trabajo territorial que se realiza en cada uno de los estados que elegirán a sus gobernadores en 2027 (Baja California, Baja California Sur, Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Nayarit, Colima, Michoacán, Guerrero, Tlaxcala, Querétaro, Campeche, Quintana Roo, San Luis Potosí, Zacatecas, y Nuevo León) debe ser una extensión de la visión de Morena. Este trabajo no puede ser solo una estrategia electoral más. Debe ser un compromiso con el pueblo, una forma de demostrar que el partido sigue escuchando, entendiendo y respondiendo a las demandas de las comunidades. Desde la ampliación de los derechos laborales hasta el fortalecimiento de la educación pública y la salud universal, los principios que guían a Morena deben ser la brújula que oriente cada acción, cada propuesta, cada interacción con el pueblo.
Es claro que la organización electoral de Morena tiene un reto mayúsculo: no solo debe enfrentar a una oposición cada vez más agresiva, sino que también debe asegurarse de que no se desvanezca el propósito de la Cuarta Transformación. La tentación de caer en la política del poder por el poder, de abandonar la lucha por la justicia social y por un país más equitativo, es una amenaza constante en cualquier partido político que haya alcanzado el poder. Por ello, es esencial que Morena mantenga siempre en el centro de su accionar político el compromiso con los más necesitados, con los grupos más vulnerables, y con la construcción de un México más justo, democrático e inclusivo.
En conclusión, las elecciones de 2027 no son solo una batalla electoral. Son una oportunidad para que Morena, a través de su Comité Ejecutivo Nacional y con el trabajo incansable de su militancia, fortalezca su presencia en todos los rincones del país. Al hacerlo, debe recordar que la ideología no debe perderse en el camino. La política debe servir al pueblo, ser una herramienta para construir un México mejor. Y en eso, Morena tiene la responsabilidad de ser fiel a los principios que lo han colocado como la fuerza política transformadora que es hoy en día.




