Pluma Patriótica

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Morena verde: cuarto y último intento

Las alarmantes noticias del IPCC

 

Las semanas anteriores envié a Víctor Toledo mis contribuciones para un Morena verde, para insistir en la inclusión de lo sustentable en las políticas de la Cuarta Transformación. Recibí un mensaje grabado de él diciéndome, más o menos: “ahora es su momento”. Me dio consejos, recomendaciones y me recordó que por todo el país hay grupos, sobre todo de jóvenes, interesados en insistir en una perspectiva sustentable a la transformación que encabeza el Presidente de México. Me dijo, ya realmente emocionado, que hay muchos avances y que no bajemos la guardia.

Estas reflexiones y sensaciones coinciden con el esperado informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (conocido como el IPPC, por sus siglas en inglés). Este panel está liderado por científicos de todo el mundo, que llevan años de estudiar los orígenes y procesos de transformación que ha provocado la humanidad con efectos globales de las actividades antrópicas, principalmente la quema de combustibles fósiles, entro otros, lo que representó un cambio de postura en los últimos años, derivado de las grandes transformaciones efectuadas a la naturaleza. Algunos de estas actividades son deforestaciones para fomentar la ganadería extensiva (ovejas en Nueva Zelanda, la Gran Bretaña y Australia y vacas en Argentina y Uruguay, donde son alimentadas con soya transgénica), así como la tala indiscriminada de maderas preciosas en el Amazonas brasileño impulsadas irresponsablemente por el señor Bolsonaro, presidente de Brasil.

No obstante, es más dañino todo el metano producido por las excretas del ganado, que tienen efectos devastadores en la atmósfera. Según cálculos de los expertos en cambio climático, un hato de ganado es mucho más perjudicial que la energía generada por el portaviones más grande del mundo. El otro efecto tiene que ver con la expansión urbana, por las islas de calor en las ciudades, la concentración de contaminantes y su impacto en la atmósfera con efectos devastadores en la salud de todos. Quien tenga curiosidad puede asomarse a ver cómo es la contaminación en las principales ciudades de China hoy, por su acelerada expansión industrial, responsable directa de la multiplicación de la contaminación en la nueva potencia mundial.

En referencia directa a México, hay —a mi juicio— dos grandes debilidades que expongo a continuación. La primera es que, a pesar de los esfuerzos loables del canciller Marcelo Ebrard y la subsecretaria Martha Delgado, nuestro país ha perdido liderazgo en la sustentabilidad a nivel mundial. No es punitivo hacia ellos ni  tiene que ver con la postura de nuestro presidente quien, creo que con justa razón, decidió enfocar su energía y sus 16 horas de trabajo diarias a la política interior y muy poco a la política exterior. Dicho sea de paso, que con la acción oportuna y coordinada de nuestro canciller y el sector salud, él ha demostrado una capacidad preventiva y bien planeada para atender las necesidades de vacunas en la crisis de la pandemia mundial que todavía vivimos.

No obstante, la poca atención a la problemática global  medioambiental, ahora reforzada por los dramáticos resultados mostrados en el informe 2021 del IPCC, advierten que el mundo requiere de acciones conjuntas urgentes, independientemente del nivel  económico e incluso de la responsabilidad pública mundial por el cambio climático. Es decir: si bien China y Estados Unidos son responsables del 65% de las emisiones e  indirectamente de un porcentaje mayor por sus políticas expansivas en todo el mundo, esto no exime de  responsabilidad al resto de los países vinculados con los acuerdos, por ejemplo, de París, entre otros.

La segunda debilidad la percibo como interna, y tiene que ver con las políticas ambientales —sobre todo trasversales— de los sectores productivos. Se trata no solo de políticas ambientales directas —porque va más allá de tener la políticas punitivas y de control, de permisos condicionados al desarrollo industrial y turístico, entre otros—, sino de una política deliberada de inserción en la atención a la degradación ambiental. El ejemplo exitoso es la regulación del glifosato. Como esa acción, se requieren muchísimas similares en política pública; el programa de producción para bienestar es quizás lo más cercano a lo que hay que hacer en la inserción de la Semarnat en las políticas ecológicas, de planeación ambiental y lo que ahora se ha llamado la evaluación ambiental estratégica (EAE) de las políticas y programas. Estos podrían ser esfuerzos generales del sector ambiental que con pocos recursos, pero con mucha inventiva, podrán fortalecer su quehacer.

Igualmente, una política de involucramiento directo de los indígenas y campesinos en la conservación de sus espacios naturales sería un ejemplo de integración social en la conservación. Bolivia, Cuba, Colombia, Ecuador, Vietnam y ahora Chile están involucrando con mucha lógica de justicia a los dueños originales de la tierra en el cuidado y conservación de sus espacios naturales. Tan sólo la CONANP —a través de una política sustentada en una nueva Ley General de Biodiversidad— podría incluir expresamente a los dueños de la tierra en su conservación; así podríamos regular la minería expansiva, con los dueños de esa riqueza natural (que representan el 80% de este tipo de nuestro país), el 75% de los bosques, el 90% de los humedales y prácticamente el 100% de las selvas. En pocas palabras: se puede incluir a los dueños y guardianes de nuestro capital natural con una política transformadora del uso y su conservación.

Haciendo caso a las palabras de Víctor Toledo, los próximos meses procuraré organizar reuniones virtuales —y, en la medida lo posible, en su momento presenciales— para armar redes de redes y fortalecer aquellas ya listas para mostrar músculo al gobierno federal y que reconozca las trágicas noticias que nos presenta el IPCC, así como éstas pueden revertirse   si cambiamos ya y ahora, y con contundencia, nuestros compromisos globales y transformaciones locales en favor de los bienes comunes, como legado a nuestros hijos, hijas, nietos y nietas. Por lo menos, esta es la intención de estas cuatro contribuciones en El Soberano: construir, reconstruir y fortalecer una visión ambiental no patriarcal de la Cuarta Transformación.

 

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