Pluma Patriótica

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Morena verde: un segundo intento

Los resultados de las elecciones del 6 de junio dejaron muchas lecciones, reportadas en este espacio de El Soberano por varias de sus plumas. Han manifestado de forma valiente una crítica abierta y honesta de los errores que puede estar cometiendo la Cuarta Transformación al escuchar el sentir de la población. Llama poderosamente la atención los resultados de la Ciudad de México; desde mi juicio y el de muchos miles de personas, algunas incluso con posturas contrarias, se ha reconocido el excelente trabajo que ha hecho la jefa de gobierno, no solo en el manejo de la pandemia covid-19, sino también en obras concretas, oportunas, eficientes y eficaces e integrales en la ciudad de México. La derrota en la mitad de las alcaldías a manos de la extraña alianza PRI-PAN-PRD —cuyo único proyecto es bloquear la Cuarta Transformación—. Bueno, ¡que Gabriel Quadrí le haya ganado a Pablo Gómez es para mí todavía inexplicable!

Si bien es decoroso reconocer las derrotas y fallas, incluso sorpresas, que Morena haya ganado el municipio de Valle de Bravo —bastión de la oligarquía mexicana— habla de que ahí hay un Pueblo despierto que sabe muy bien de la opulencia al lado de la miseria.  No hay que dejar de olvidar que, en la gran guerra mediática, dentro del poder oligárquico —algunos con doble cara— hay quienes que supuestamente apoyan la transformación al mismo tiempo que golpean por debajo para desestabilizar al gobierno federal, a los gobiernos locales —sobre todo en la Ciudad de México— y otras instancias de decisión.

No obstante, también es cierto —y quizás es todavía minoría, reflejado por los bajos ingresos de muchos sectores de la sociedad mexicana— todavía falta un elemento; me refiero ahora a la conciencia ambiental. El tema es fundamental, aunque suena marginal en las políticas públicas que impulsa gobierno federal; no lo toman en serio y, en el mejor de los casos, lo ven como un mal necesario y ya que lo más importante es asegurar que las grandes obras de infraestructura que propone el Presidente no tengan “obstáculos burocráticos” por los permisos ambientales. Se sigue viendo como como un asunto de tramitología. No hay una verdadera perspectiva de desarrollo sustentable a largo plazo.

Cuando el Presidente dice que la selva ya no existe, francamente, más que enojarme, me entristece. Yo conozco muy bien la selva maya y el trazo del tren Maya; claro que está perturbada pero, como generación, nuestra responsabilidad histórica es conservarla y recuperarla, no darla por desaparecida. Yo he sido partícipe de esfuerzos exitosos de manejo de la biodiversidad en el sureste de México y una tercera opción es posible.

Días después de las elecciones, medité mucho que debería hacer. La alianza de Morena con un partido disque ecologista, a mi juicio, es impresentable. Me refiero al Partido Verde Ecologista de México: no es partido, sino franquicia; tampoco no es verde, sino que  parece azul; menos es ecologista (ni siquiera la red de partidos ecologistas del mundo los reconoce), y de México, también quién sabe (podría apostar que una parte del dinero que nos han robado lo tienen en paraísos fiscales). Algunos amigos que hemos trabajado años en la agenda de sustentabilidad llegamos a pensar en tomar por asalto esa “franquicia”, pero llegamos a la conclusión de que no vale la pena.

Así que concluí que la mejor manera de tener una política ambiental real y comprometida, de este y los futuros gobiernos verdaderos “de izquierda” —la palabra es ya un poco hueca— o social-demócratas —de causas sociales, de interés común y un futuro sustentable—, el único camino que nos puede dar futuro debe ser meterse a las tripas del Partido Movimiento de Regeneración Nacional, Morena.

Algunos amigos me han dicho: “te vas a meter a un cochinero, no te van a hacer caso, te vas a desgastar, vas a lograr muy poco, y te vas a decepcionar.” Mi conclusión es que vale la pena intentarlo, llamar a un movimiento como  el que encabezó Víctor Toledo hace años para desde adentro llevar planteamientos ambientales estructurales basados en una definición conceptual, una revisión epistemológica y de conciencia en el interés común, pensando en un futuro perdurable para el país, con una visión humanista y una conservación con rostro humano.

Esto quiere decir: (1) políticas productivas innovadoras a los cientos de miles de productores organizados y fuera de las cúpulas clientelares de los partidos, incluyendo a MORENA; (2) impulsar desde el Estado las cadenas cortas de producción con un impulso decidido a productos orgánicos con políticas públicas crediticias preferenciales; (3) apoyar a productores en los fondos públicos de mercado y comercio justo; (4) impulsar una política de energías limpias de la mano de los dueños de la tierra, eólicas, solares y marinas, entre otras; (5) estimular la movilidad compartida, premiar las energías limpias y castigar las   obsoletas; (6)hacer una verdadera estrategia de control de la contaminación industrial con estímulos a los sectores que lo hagan; (7) que el Estado recupere el control normativo del sector minero; (8) promover el turismo social, el turismo comunitario y el ecoturismo como una alternativa económica para cientos de comunidades en producción y el recreo; (9) la revisión completa de la agenda costera y que la Secretaría de Marina mantenga el control del manejo ambiental de nuestras costas, y —finalmente— (19) una adecuada agenda legislativa, propositiva en temas ambientales. Serían asuntos centrales para atender para a “los de a pie” —desde lo local de las zonas rurales de la Ciudad de México, hasta cientos de localidades de todo el país que ven en la Cuarta Transformación una perspectiva de futuro y no solo de subsidio fugaz e incierto—. Habrá otros temas de la agenda ambiental del desarrollo que iré tratando en otras entregas.  

Mi cálculo somero es que entre el 10 y el 15 % de la población votante (mucho más de lo que ofrece el PVEM), sobre todo jóvenes de entre 20 a 40 años, regresaría a la Cuarta Transformación encabezada por este gobierno, al que todavía le quedan tres años, y que espera ser ratificada en 2024, si se convierte en un partido con una perspectiva ambiental. Por eso el título de esta contribución: un segundo intento a Morena verde.

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