Hace unos días, Ovidio Guzmán compareció ante una corte en Estados Unidos y se declaró culpable de diversos delitos relacionados con el narcotráfico. Como era de esperarse, la derecha mediática y sus voceros disfrazados de analistas “neutrales” no tardaron en alzar la voz con especulaciones tendenciosas. Según ellos, las declaraciones de Guzmán trastocarán el panorama político nacional y afectarán directamente al gobierno de la Cuarta Transformación. Otra vez más, mienten.
Primero, hay que dejar claro algo: en México tenemos hoy a una Presidenta que no se esconde ni se doblega ante chantajes mediáticos ni ante presiones externas. La doctora Claudia Sheinbaum no ha mostrado ni un ápice de temor frente a este proceso judicial. Muy por el contrario, ha mantenido su mirada firme en lo que verdaderamente importa: defender los intereses del Pueblo de México, continuar con la construcción de un país con justicia social y fortalecer las relaciones con Estados Unidos sobre la base del respeto, la dignidad y la cooperación.
Mientras algunos agitan el juicio como si fuera una bomba política, la Presidenta sigue hablando claro y fuerte en favor de nuestros hermanos y hermanas migrantes, luchando por una política binacional que ponga al ser humano al centro y no a los intereses de unos pocos. Se mantiene firme en impulsar negociaciones económicas que beneficien a México, apostando al desarrollo con bienestar y no al modelo neoliberal que empobreció al país durante décadas.
Segundo: si de este juicio se derivaran vínculos entre la delincuencia organizada y figuras políticas, sin importar de qué partido sean, ello no debilitaría a la 4T, al contrario, fortalecería nuestra lucha. La transformación que vivimos no está para encubrir a nadie. Está para limpiar las instituciones, terminar con el pacto de impunidad y hacer que los poderosos también rindan cuentas.
Quienes tienen que temer son aquellos que gobernaron con complicidad, que pactaron en lo oscurito y que convirtieron la violencia en política de Estado. Ellos sí tiemblan, porque saben que el México de la Cuarta Transformación no se presta a encubrimientos ni se agacha ante poderes fácticos.
Nosotras y nosotros, militantes del Pueblo, sabemos bien que, si de este proceso se deriva justicia, será una victoria para el país. Si se avanza hacia la pacificación de México con verdad, con justicia y con procesos legales que lleguen hasta sus últimas consecuencias, no hay razón para el miedo, sino para la esperanza.
La Presidenta Sheinbaum, con entereza y visión de Estado, ha dejado claro que su mandato no será una continuidad automática, sino una profundización del legado del presidente López Obrador: gobierno del Pueblo, para el Pueblo y con el Pueblo. Y eso implica limpiar, hasta el fondo, las estructuras que durante años sirvieron al crimen en lugar de servir a la ciudadanía.
Hoy más que nunca, la Cuarta Transformación demuestra que no le teme a la verdad, porque quien tiene las manos limpias, puede mirar de frente al futuro. Y ese futuro, compañeras y compañeros, es nuestro.





