Pluma Patriótica

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Oaxaca y su ADN priista

En la madrugada del domingo 21 de noviembre, se celebró en Oaxaca la Revolución Mexicana con represión. Los médicos que en el estado sacrificaron su salud y la de sus familias fueron brutalmente desalojados de un plantón instalado para exigir el respeto a los derechos laborales ganados con sangre y fuego por la clase proletaria y obrera del mundo.

Estos médicos, que en el estado han mostrado su valía ante el combate de la pandemia y que han pagado como gremio con muertes y puesto en riesgo la salud de sus familiares cuando llegan a casa después de un largo periodo de trabajo expuestos al mortal virus, fueron premiados con el despido, después de haber entregado cuerpo y alma para salvar la mayor cantidad de vidas posibles.

Estos héroes con bata hoy viven una injusticia no solo del Estado, sino de la sociedad en su conjunto, que, lejos de solidarizarse y reconocer que en muchos casos fueron atendidos y su vida salvada por la atención de estos, hoy los desconoce y se suma al linchamiento mediático orquestado por el gobierno estatal, que trata de encubrir no solo la ineptitud sino la corrupción de los directivos de los servicios de salud de Oaxaca. Ellos han llevado a esta institución a la quiebra y han encontrado, por lo tanto, una respuesta a la inconformidad justa de este gremio: la represión y callarlos a palos fueron las repuestas de un gobierno que muestra hoy su verdadero rostro, heredado de su genética priista —esa que reprimió en 2006 al magisterio, en el 68 a los alumnos universitarios, entre otras igual de dolorosas para la historia nacional—.

El gobierno de Alejandro Murat hoy muestra su verdadera cara: intolerancia e insensibilidad ante la muerte de miles de oaxaqueños: él prefiere ir a New York o Dubái, gastando millones de pesos en la promoción de un Oaxaca que solo vive en la realidad de la élite económica y política, alejado por completo de las necesidades más básicas de la gente pobre, en lugar de invertir esos recursos en salud o en la generación de condiciones para que la gente pueda obtener el pan de cada día.

El mensaje que hoy se ha dado debería preocupar no solo al sector médico, sino a toda la sociedad, porque esta será la respuesta ante los reclamos populares. Si esta, que es una causa por demás justa, es atendida de esta manera ¿que se podrá esperar cuando se le exijan cuentas sobre los 3,500 millones de pesos de deuda que se aprobaron y al día de hoy no han sido transparentados? ¿Sobre los 1,500 millones de pesos adicionales solicitados? ¿Sobre el nulo papel de atención al sector agropecuario?

Las organizaciones en Oaxaca deben pronunciarse al respeto; es un acto hasta de sobrevivencia, deben alzar la voz ante flagrante injusticia y deben unirse como una sola para poder contrarrestar lo que viene, dejando de lado diferencias ideológicas. Las comunidades más marginadas del estado hoy carecen de servicios elementales de salud, esto puede ser catalogado hasta como un crimen de lesa humanidad, es algo sumamente grave y tal vez no se ha comprendido en su justa dimensión, pero es un atentado directo a la salud y vida de la población oaxaqueña.

Es importante también que la población en general apoye esta lucha, que no beneficia solamente a los médicos despedidos de manera injusta, sino que puede salvar literalmente sus vidas. Es pues una cuestión de sobrevivencia, es importante que la sociedad se informe, entienda y comprenda que gran parte de los despedidos sí son médicos y enfermeras, y se puede palpar en la realidad… ¿Cuántas comunidades no se quedaron sin médicos? ¿ Cuántas poblaciones no tienen este servicio? No es un regalo ni una dádiva: es un derecho ganado, institucionalizado en la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos. Por lo tanto, es obligación del Estado proporcionarlo, en lugar de estar construyendo centros gastronómicos o tumbando árboles, debería priorizar la salud y alimentación del Pueblo de Oaxaca, pero como esto no les deja ganancias, no les importa, o por lo menos eso parece, porque en la lógica más elemental, primero se da de comer y se cuida la salud, antes de construir una casa.

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