Entre 2018 y 2024, 13.4 millones de mexicanas y mexicanos salieron de la pobreza.
Esa ha sido la noticia más importante en las últimas semanas, y la que ha respaldado la forma de gobierno que comenzó a implementar el presidente Andrés Manuel López Obrador.
El neoliberalismo en México generó desigualdad, beneficios a los sectores privados, precarización laboral y algunos otros temas que ampliaron por mucho la desigualdad social.
El triunfo del Presidente Andrés Manuel en 2018, se generó como una ruptura político-electoral frente a este modelo económico, con propuestas de redistribución de la riqueza y fortalecimiento del Estado en materia económica y justicia social.
La salida de 13. 4 millones de personas de la pobreza no es casualidad, y no debe simplificarse únicamente en crecimiento económico, sino que debe verse y analizarse como consecuencia de las políticas públicas que ponen como prioridad a las y los más vulnerables en el centro: pensión para adultos mayores, becas, programas como jóvenes construyendo el futuro, sembrando vida, apoyos a madres solteras, entre otros.
También es importante mencionar el aumento al salario mínimo, el fortalecimiento de las empresas estatales y una política fiscal que permitió una mayor recaudación sin aumentar impuestos.
El hecho de que 13.4 millones salieran de la pobreza es reflejo de la redistribución del ingreso y la reconstrucción del pacto social que garantiza protección para las y los mexicanos de manera universal.
Aquí es en donde las y los obradoristas podemos decir con orgullo: “por esto voté”, “por esto apoyé”, “por esto debatí”, y en dónde la oposición debería reconocer el gran error que cometió al utilizar el miedo como campaña sucia en contra del Lic. López Obrador, al utilizar la situación de Venezuela y Cuba como herramientas de miedo, reflejo de una desconexión con la realidad social y falta de autocrítica del modelo neoliberal, mismo modelo que generó la pobreza estructural que en el primer gobierno de la Cuarta Transformación se comenzó a revertir.
Los datos del INEGI muestran los grandes avances en la reducción de la pobreza, demostrando claridad y certeza en la estabilidad económica, lo que trae como consecuencia una gran legitimidad política, pues estos resultados representan la derrota de la oposición y la consolidación de un cambio que era necesario.
Es cierto que hay avances notables y gigantescos; sin embargo, aún resta mucho por hacer, continuar trabajando con políticas que persistan en bajar los niveles de desigualdad estructural y la accesibilidad a los derechos como salud y educación.
Debemos comprender que es un proceso exitoso, que implicó la reestructuración de diferentes roles del Estado y una consolidación de un proyecto progresista como alternativa de gobernabilidad.
De esta manera, el Obradorismo y el Humanismo Mexicano lograron demostrar que el miedo promovido por la oposición carecía de fundamento y lejos de ser un peligro para el país, se abrió un camino de estabilidad económica y justicia social, aunque el reto siga siendo enorme y signifique una tarea titánica, los resultados que se reflejan legitiman el modelo que hoy sigue nuestro país, demostrando que no solo era posible, sino necesario.



