Por: Emmanuel Moya
En los últimos años, México ha atravesado un periodo de transformaciones profundas impulsadas desde la administración federal. Con una agenda centrada en la expansión de programas sociales, el fortalecimiento de la infraestructura estratégica y la búsqueda de nuevas rutas para el desarrollo económico, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado en el debate público una serie de iniciativas que buscan responder a desafíos históricos y devolver al pueblo lo que otros gobiernos neoliberales entregaron a las potencias extranjeras. En este sentido, el Gobierno de México enfrenta múltiples resistencias de los mismos grupos que nunca aceptaron al presidente López Obrador y que ahora trasladan su odio hacia la presidenta.
Lo anterior forma parte de un modelo democrático donde la ciudadanía tiene la libertad de apoyar o criticar a quien desee. Sin embargo, la oposición ha ido mucho más allá de la crítica a la transformación: esta vez se ha radicalizado, recurriendo a la violencia como mecanismo para generar la percepción de ingobernabilidad y colusión con grupos del crimen organizado. Una vez que fabrican el motivo, envían a sus camarógrafos profesionales de medios tradicionales que trabajan para ellos y, al mismo tiempo, difunden la información en un “nado sincronizado” para que llegue hasta el extranjero, matriz de gran parte de las campañas sucias de bots y fake news.
Afortunadamente, el Gobierno ha sabido desenmascarar a gran parte de los organizadores de estos bloques mediáticos y ha reaccionado con información oportuna. No obstante, es necesario reforzar las medidas institucionales que permitan sancionar y exhibir a quienes están detrás de los desmanes y calumnias que se aprovechan de cada situación lamentable como lo ocurrido recientemente en Uruapan Michoacán.
La oposición está desesperada y no le queda más que acudir a la violencia, como ellos mismos lo han confesado públicamente. Han tomado este camino y no el del debate político ni el de las propuestas. Tarde o temprano pagarán el precio de sus actos, la gente se da cuenta. Ahora bien, las marchas del Zócalo se han convertido en un ring de las dos posturas de gobierno: los conservadores atacan con sus bloques negros y grupos porriles financiados por los mismos de siempre, mientras que el oficialismo de izquierda ha aprendido a resistir y no cae en provocaciones. Esta vez, sin embargo, el embate es más fuerte, ya que la raíz de todo proviene principalmente de nuestro vecino del norte, de España donde radican los principales grupos de ultraderecha como Vox y de países latinoamericanos de derecha, como es Argentina o Ecuador.
Aun con todo, lo que Morena y el movimiento de transformación deben hacer es cambiar la jugada defensiva y contraatacar de manera institucional. Eso genera confianza en la ciudadanía, aunque después los medios conservadores intenten ensuciarlo. Creo firmemente que el hecho de haber detenido a más de 20 personas del bloque negro y ponerlas a disposición de las autoridades judiciales en la supuesta marcha de la “generación z” envió un mensaje de Estado de derecho cuando la situación así lo requería. No hay que permitir que crezcan, porque ante su incapacidad política la oposición seguirá utilizando la violencia o las desgracias a su favor.
En los últimos meses, la ultraderecha mundial se ha lanzado con todo, coordinándose con la derecha mexicana e invirtiendo millonadas en campañas mediáticas. Aunque estas ya se venían realizando, ahora unieron al PRIAN para tratar de desestabilizar al país mediante la calumnia, la violencia y la injerencia. En consecuencia, la Presidenta ha sabido resistir y, para contraatacar, realizó una jugada maestra al cambiar al Fiscal General mediante una negociación con Gertz Manero. Con esta decisión, el Gobierno puede retomar el control, pero debe dejar claro —con dos o tres golpes sobre la mesa— que no permitirá que sigan cruzando la línea. La marcha de la supuesta “Generación Z” no les resultó, pero hay que estar atentos: no será la última jugada del “tío Richie” y de todos aquellos mafiosos que piensan igual.
@emmanuel_moya_
Licencia en Derecho y Maestro en Políticas Anticorrupción. Constitucionalista y penalista. Especialista en seguridad.





