Para Alexis Benhumea

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Para Alexis Benhumea

Por Yoalli Palma | jueves, 16 de julio del 2020.

Alexis y yo nos conocimos en los cubículos estudiantiles del CCH Sur por allá del 2002. Éramos de la misma generación y me sentí identificada con él por el amor que le teníamos al estudio, porque ambos teníamos actividades extracurriculares (yo tocaba violín y el practicaba danza) además de que nos interesábamos en los problemas  políticos  y sociales que nos rodeaban. Era muy divertido, tenía el sarcasmo en la punta de la lengua y una vivacidad estudiantil  que lo llevó a cursar materias que no tenían que ver con la licenciatura que deseaba estudiar pero que le atraían –como Física, aunque elegiría Economía como carrera, por ejemplo. Quizá el recuerdo que tengo más presente de nosotros fue a finales del 2004, cuando ibamos por los pasillos de nuestro bachillerato pegando carteles donde exigíamos el esclarecimiento de la turbia muerte de otro compañero llamado Pável González. Después de tantos años, aún tengo presente su voz diciendo “pobre Pavel, se lo chingaron”. 

Al egresar del CCH Sur, yo me dediqué completamente a la Medicina.  Mi actividad política se vio mermada por la elevada cantidad de conceptos que tenía que aprender y el gran  número de exámenes que tenía que aprobar. A pesar de eso, me encontraba a Alexis  en la Biblioteca Central; era común verlo con sus chinos alborotados, su playera negra y su enorme mochila a la espalda mientras intercambiábamos comentarios generales de lo que era nuestra nueva vida. Y así pasaron los meses hasta llegar al 4 de mayo de 2006, cuando se encontraba solidariamente en Atenco durante la manifestación contra la construcción del nuevo aeropuerto. Un policía  le lanzó un proyectil de gas lacrimógeno que le fracturó el cráneo.  Ante la incredulidad de todos, no recibió atención médica sino hasta 15 horas después de haber sido herido. Incluso en la guerra se permite el traslado de heridos, pero los policías de Enrique Peña Nieto cercaron los alrededores e impidieron su atención oportuna y tras 34 días hospitalizado, murió el 7 de junio de ese año

Supe del cobarde ataque y  el saldo de un muerto (un menor de edad llamado Javier Cortés) y un herido, pero no supe que este último era Alexis. Me enteré días después de su muerte cuando hablando por teléfono con Lucía, ella me dijo “el chavo que mataron era estudiante de Economía, era bailarín y creo que fue contigo en el CCH”. En ese momento me quedé helada. Recuerdo haberle colgado el teléfono, corroborar el nombre y aventarme a los brazos de mi padre envuelta en mi dolor. Me invadió una culpa y una tristeza como pocas veces en mi vida. Aprendí cuántos ATP se producen en un ciclo de Krebs, pero olvidé que teníamos un país que se desmoronaba ante nuestros ojos.  Ni siquiera pude ir a las marchas para exigir justicia por su asesinato ni decirle a sus padres algunas palabras de aliento. Sigo creyendo que ha sido de las facturas más caras que me cobró mi profesión y, aunque han pasado tantos años, la rabia y el dolor no se van. Es el ejemplo más claro de su demagogia respecto a la famosa libertad de expresión que teníamos en aquellos lúgubres tiempos. 

En este contexto, pueden imaginar lo hiriente que es el leer quejas sobre la suspensión del programa de un creador de contenido misógino, clasista y racista por parte de  un canal de televisión estadounidense, justamente por esas tres características. Hemos visto a la violencia y a la represión directo a la cara en muchas ocasiones. Todas y todos tenemos muertos a los cuales lloramos y extrañamos, y en su memoria hemos aprendido a seguir. Confundir la libertad de expresión con un tema de oferta y demanda en un canal internacional es ofensivo con la lucha quienes se quedaron en el camino. 

Catorce años después de Atenco, seguimos exigiendo justicia por los muertos, por las mujeres violadas por la Policía Federal y la Estatal, y por el despojo de la tranquilidad. Yo seguiré extrañando a mi amigo y en algún momento quizá logre perdonarme a mí misma por haberme ensimismado en la carrera de Medicina. Mientras creo que en hacer trinchera desde mis espacios: el consultorio, el amor y las palabras. 

La lucha sigue.

Por Yoalli Palma | jueves, 16 de julio del 2020.

Yoalli Palma

Yoalli Palma. Cursó la carrera de Medicina en la UNAM y la Especialidad de Gineco-obstetricia y subespecialidad de Medicina Materno Fetal en el Instituto Nacional de Perinatología. Apasionada del yoga y enemiga de planchar batas blancas.

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